Liberación de la Libertad (XLVII -2-)

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PACO CORRALIZA

Antonio García-Trevijano calificó, en 1994, a Jorge Ruiz de Santayana (1863-1952), como “el mejor filósofo español de todos los tiempos” (1). Por escrito recordaba Trevijano entonces el “original y vigoroso pensamiento” (1) de Santayana transcribiendo en su libro, para ilustrar “la sumisión agradecida de las masas” (1),  la “bellísima parábola […], bastante próxima al origen histórico del Estado” (1), que Santayana escribió en “La vida de la razón” (2) (1905): la parábola del «Pastor» y el «carnero castrado». Al principio de ella, “un salvaje hambriento y con frío”(2), explorador ocasional por necesidad, descubre un rebaño de ovejas y “se arroja sobre un manso cordero que no pudo huir con los demás, desgarra su carne, succiona su sangre y se viste con su piel”.(2)

 

El «salvaje hambriento» acaba por enseñorearse y convertirse en «Pastor» de un rebaño fiel y finalmente complacido con el nuevo extraño, aceptado como dirigente y protector. Y, si “un carnero castrado, que amara a su especie, razonara junto con sus compañeros sobre el cambio de su situación” (2), asumiría y justificaría que la contribución de ovejas y corderos sacrificados, y la pérdida de vellones esquilados, compensa ahora las bajas en el pasado producidas por “otros salvajes, o enfermedades, o lobos…” (2). Con respecto al advenedizo «Pastor», auto-complacido con su nueva y estable situación, se pregunta Santayana: “¿no se habría identificado con [los intereses del rebaño] al punto que su total extinción o su padecimiento lo alarmarían también a él? Y, en la medida en que procurara su  «bienestar», ¿no se habría convertido en un «buen Pastor»?” (2)

 

Al terminar el relato, escribe Santayana que el «carnero castrado» “tal vez no se hallara lejos de sostener, no sólo el origen racional, sino el derecho divino de los Pastores” (2). Y añade: “un enemigo salvaje de esta índole, convertido incidentalmente en útil amo, recibe el nombre de «Conquistador» o «Rey»” (2). Así, un instintivo «consenso de rebaño», en involuntarias reses natural e inconscientemente egoístas, pudo haber creado su primer mito justificador del «Poder»; nuevas «Leyes» hechas a fuerza de costumbre e interesada servidumbre; un nuevo orden y un primer «Soberano»; una nueva noción de «interés común»; nuevos criterios justificativos de lo «bueno» (antes «malo») y de lo «malo» (antes «bueno»); y, con ellos, una nueva clase de «justicia», la extraña «Justicia» de un extraño: el complaciente, complacido y auto-interesado «buen Pastor Soberano», el nuevo ídolo organizador, conductor y flamante legislador, venerado por encontrarse «más allá del bien y del mal»; o sea, fuente fundadora de su propio Derecho y su propia moral.

 

Y ese nuevo ídolo, ¿no encontraría en el «carnero castrado» (quizá primer filósofo razonador), o entre sus filosóficos «compañeros» de diálogo, los mejores ideólogos para justificar y nutrir, con recurrente ideología y redundante cosmovisión, la previamente estabilizada organización? Y si, por cualquier causa, desaparecen el «buen Pastor» y su estirpe, ¿no querrían los «carneros» segundones convertirse en los nuevos «conductores» del «Pueblo», o sea, en demagogos, en guías, caudillos o líderes (en alemán «Führer»)? ¿No se atrevería la audacia de su experimentado ingenio a urdir, imaginándolas, nuevas ideologías visionarias, nuevas interesantes cosmovisiones, nuevas interesadas concepciones del mundo (en alemán «weltanschauung»)con que poner en práctica aquel «Poder»? ¿No elevarían su voz para convencer y conquistar a un rebaño acostumbrado a la sumisión y ahora sumido en agitada desorientación? ¿No buscarían adeptos fieles con que fundar Partidos con «Voluntad de Poder»? ¿No disputarían entre sí los «carneros» ideólogos para ocupar la vacante jefatura que una vez consiguió aquel «salvaje hambriento y con frío»? ¿No considerarían legítima su «lucha» (en alemán «Kampf») por el «Poder»? Incluso llamarían «Política» a esa «lucha».

 

No podemos dejar de recordar aquí estas palabras de Friedrich Nietzsche (1886): “A la vista de todos los Partidos: un Pastor necesita, además, un carnero-guía; o él mismo tiene que ser ocasionalmente carnero.” (3) XXVI»].

 

Y ¿no escribió Max Weber, en enero de 1919, que “quien «hace» política aspira al Poder [del Estado]”(4) y que “el Estado es, así como las asociaciones políticas que lo han precedido históricamente, una relación de «dominación» de hombres sobre hombres basada en el medio de la violencia legítima” (4)? ¿No eran sus “tres tipos de dominación legítima” (5) (o “legitimidad de la autoridad”(6)) el “tradicional”(6) (basado en la “costumbre”(6)); el “carismático [como] dominación en virtud de la entrega del que obedece al «carisma» puramente personal del «Führer» («líder»), […] gran demagogo en la «Ekklesia» (asamblea griega) o en el Parlamento que figura como guía de los hombres [… y de la] militancia personal de un Partido”(6); y, finalmente, el “tipo de dominación de índole racional” (5)(legal), basado en la “creencia en un ordenamiento legal impersonal y objetivo”(5)? Y, a su vez, ¿no escribió también Weber que, en el tipo «carismático», junto a la entrega al «Líder-Führer», aparece también la obediencia al “ordenamiento creado o revelado por esta persona”(5)? [«XLII»].

 

¿Y no había escrito también Max Weber (1918) que “la política es, en esencia, lucha” (6). Y esto lo hace mejor, por término medio, el tan vituperado «oficio artesanal de demagogo» que el despacho” (5)?¿No defendía Weber (1917) que el “Parlamento, como órgano estatal”(6), en lugar de ser un foro de representación ciudadana, debía convertirse en “lugar de selección de líderes [«Führer»] políticos” (6) ? ¿No defendía también (1919), como virtud política de los Partidos alemanes, que “sus miembros defendían una «concepción del mundo» («weltanschauung»)”(4) ?

 

Todo esto era tomado como la esencia de la «democracia» en la Alemania que vio caer al  Emperador del Reich (1918) tras la derrota en la I Guerra Mundial. Max Weber participó activamente en la elaboración de la nefasta Constitución de la República de Weimar (1919-33); un régimen parlamentario de Partidos con sistema electoral proporcional puro. En 1924-25, un tal Adolf Hitler escribe un libro programático titulado Mein Kampf”  (“Mi lucha”); en él dedica un capítulo específico para exponer su propia «concepción del mundo» («weltanschauung») nacional-socialista. En agosto de 1934, el 90% del electorado, convocado en plebiscito, ratifica su auto-proclamación como «Führer»  de Alemania.

 

Tras la II Guerra Mundial, se restaura en Alemania el régimen republicano de Partidos. El nuevo «Führer», el nuevo ídolo, completamente despersonalizado, es ahora el propio Estado (el propio «Poder»), al que se llama «Estado Social y Democrático de Derecho»; y se le apoda «Estado de Bienestar». Como ocurrió con la II República Española respecto a la Constitución de Weimar, la monárquica «contra-Constitución-78» toma como ejemplar modelo el régimen partidocrático germano; el social-burocrático e impersonal del «buen Pastor» alemán. Y, ¿no asumen los también impersonales Partidos estatales el papel de serviles «carneros castrados»? [«XXXII»; «XXXIII»].

 

Ante el horror del Estado nacional-socialista, dos judíos alemanes de gran talento, Max Horkheimer y Theodor Adorno (quienes tuvieron muy en cuenta a Max Weber), buscan los orígenes ideológicos de la tragedia y lo encuentran en el fracaso europeo de «la Razón» y «la Ilustración». El resultado de sus reflexiones aparece en 1944, año en que se publica su obra “Dialéctica de la Ilustración” . Pero no consiguen sacudirse su propia «cosmovisión» tendenciosa y sesgada, fruto de sus prejuicios marxistas. Veintiocho años antes, en 1916, el español Jorge Ruiz de Santayana expuso con más claridad, más sencillez e imparcialidad, y con menos pretensiones, el venenoso peligro que escondía el pensamiento alemán desde Kant. Apenas trascendió entonces su espléndido libro “El egotismo en la filosofía alemana” .  Y 100 años han debido transcurrir hasta que, en este año de 2014, centenario de la Gran Guerra cuyo estallido movió a Santayana a escribirlo, se ha publicado por vez primera en España. [«XLVII -1-»].

 

(1) GARCÍA-TREVIJANO, Antonio. “Del hecho nacional a la conciencia de España” o “El discurso de la República”. Ed. Temas de Hoy. 1994.

(2) SANTAYANA, George. “La vida de la Razón” (o “Fases del progreso humano”).  Ed. Tecnos (Grupo Anaya, S.A.). 2005. [Ed. orig.: 1905].

(3) NIETZSCHE, Friedrich.. “Más allá del bien y del mal”. Ediciones Folio, S.A. 2002. [edic. orig. 1886].

(4) WEBER,  Karl Emil Maximilian. “La política como profesión” . Ed. Espasa Calpe, S.A. 2007. [ed. orig.: 1919].

(5) WEBER,  Karl Emil Maximilian. “Sociología del poder. Los tipos de dominación” . Alianza Editorial, S.A. 2008. [ed. Original 1921].

(6) WEBER,  Karl Emil Maximilian. “Escritos políticos” . Alianza Editorial, S.A. 2012. [escritos en 1917-18].

 

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Ingeniero Agrónomo. Seguidor de Trevijano desde principios de los 90', conoció a D. Antonio en septiembre de 1995. La frase que no olvida: "el Amor es el verso del verbo universal."

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Oscar Mayer López

El problema de D. Antonio García-Trevijano es que de política sabe, pero cuando se mete en economía la caga, se leyó la teoria general de keynes y de ahí no sale. Sé que conoce la obra política de Hayek, pero no le vendría mal conocer la económica.