Lo Compuesto

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ANTONIO GARCÍA TREVIJANO

Toda Constitución es un compuesto unitario de diversos elementos políticos. Lo simple, el poder absoluto de un rey o un dictador, no necesita estar constituido formalmente. Su soberanía es única e indivisible. Sólo permite que estén separadas sus funciones. Porque el soberano no admite que su poder sea controlado. Sabe que donde está el control del poder allí está la soberanía. La Revolución inglesa la dividió a fin de quitar a los Reyes la facultad de legislar, y dársela a un Parlamento elegido por el pueblo. La Revolución americana, sin Monarca ni Estado, dividió y separó los poderes coloniales para componerlos en una novísima Constitución. Sin buscarla, halló la democracia representativa. La Revolución francesa se deshizo del Rey, y volvió a reunir todos los poderes en la Convención de diputados elegidos por el pueblo. El comité ejecutivo de este Parlamento tuvo así el mismo tipo de soberanía que los Reyes absolutos. El control del poder, objetivo de la Revolución de la libertad, se consideró ofensivo cuando el pueblo era titular teórico de la soberanía. Y en esa imbecilidad estamos aquí todavía.

La experiencia del sistema parlamentario nos enseñó que sin descomponer el poder unitario del Estado dictatorial; sin separar en su origen la titularidad ejecutiva y legislativa del Estado; sin independencia judicial ante ellas, no hay Constitución real (Schmitt), ni puede haber libertad política (Montesquieu). Como tampoco control del poder, si el órgano legislativo, elegido para controlar, designa al Gobierno y al poder judicial. En tal caso, el partido gobernante reune en su aparato dirigente todas las funciones de la soberanía popular estatal. Fueron los elegidos por la soberanía popular quienes construyeron el Estado total fascista. Sin salir del orden institucional, la soberanía popular hizo aquí soberano al aparato partidista de la corrupción gubernamental, del crimen de Estado y de la irresponsabilidad judicial. Como el pueblo amorfo y atomizado no puede ejercer la soberanía, para que haya control efectivo del Poder, es decir, una democracia, la constitución ha de componer en orden de igualdad de soberanía los tres poderes estatales, que previamente ha tenido que descomponer y separar.

Todo el secreto de la Constitución está en la clase de compuesto que unifique y en el método seguido para constituirlo. Pues hay distintas clases de combinaciones de poder y diferentes modos de componer un sistema político. Y solamente una de ellas y uno de ellos pueden ser democráticos. ¿Qué clase de combinación de poder realizó la Transición con la Constitución del Estado de Partidos?

Las combinaciones estables de poder son de distinta naturaleza, según el modo de integrarse y de estar integradas las partes simples en el todo compuesto. Todas las Constituciones combinan tres clases de elementos de poder: monocráticos en el gobierno, aristocráticos en los elegidos y democráticos en los electores. La cuestión de la democracia no está en la necesidad material de esa combinación requerida por la lógica de las funciones, sino en la libertad Constituyente de la fórmula política compuesta.

La combinación será libre composición, como en el arte, si sigue el método compositivo de la libertad política, de abajo arriba. En toda compostura de lugar y de actitud, la ordenación del poder y su control, en un solo compuesto, puede derivar en impostura constitucional. Pues la impostura es inherente a la imposición. Sin embargo, antes de establecer esta conclusión, hay que ver si la Transición siguió el camino de la com-posición de posiciones de poder o el de la com-ponencia de ideas y de intereses, como parece indicar el modo componetivo del consenso. Porque en tal caso, la falta de libertad política no habría sido resultado de una impostura, sino de una componenda constitucional, o de ambas cosas a la vez.

 LA RAZÓN. LUNES 30 DE ABRIL DE 2001

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Angel Ramon Aroca Bravo

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Gonzalo
Gonzalo

La corrupción del sistema político español es evitable.Cuando bastantes españoles se conforman a admitir la defectuosa actividad de las instituciones y hasta la desintegración de la unidad nacional,acaso ha llegado el momento de analizar,sin temor ni recelo,las causas históricas,jurídicas y teóricas del ordenamiento constitucional válido desde 1978,o sea,una interpretación crítica de la Transición.Cabe debatir el valor de concepciones políticas como la autodeterminación de las autonomías,el sistema proporcional de listas de partido, que establece la ley electoral,la exclusiva del poder por los partidos políticos del consenso y en el recelo de la actual clase dirigente en la aptitud de los administrados para practicar la libertad política en que tiene que iluminarse la democracia.Hay que disciplinar con un análisis mordaz la oligarquía del Estado de partidos que actualmente sufren los administrados españoles.

Adrian Bellesguard

Sus “convinaciones” y “composiciones” las entenderá usted Sr. García, sin ejemplos concretos no entiendo a qué se refiere. Pero tengo la intición de que mi “ignorancia” no es lo que necesáriamente me impide entender su discurso.
He leído algunos artículos publicados por ustedes y si bien estoy de acuerdo con ellos les veo poca utilidad, son soluciones, no composiciones ni convinaciones lo que necesitamos.
Por otra parte, no creo que España tenga ningún otro camino ni remedio que ser un país de segunda clase en la UE y para eso da igual que lo sea unida que sin Cataluña, las Vascongadas o quién sabe qué otra región más. Los pueblos tienen lo que se merecen.

Adrián, pásele usted un corrector ortográfico a sus textos antes de publicar que no cuesta dinero.

Gonzalo
Gonzalo

Feliz Navidad

Ricardo García Nieto

CUENTO DE INVIERNO Crecieron juntos. De adolescentes, vivieron el bombardeo de la Legión Cóndor sobre Cartagena. Y el viento de la guerra los separó. Uno perdió la batalla del Ebro y se exilió a Rusia, donde se alistó en el ejército de Stalin. El otro ingresó en la División Azul para enfrentarse a los rusos en la frontera del río Don, al lado del ejército de Hitler. Nieve, ríos helados, francotiradores escondidos bajo un árbol, fuego de morteros y cañones, casas incendiadas, violaciones, juicios sumarísimos con tiro en la nuca. Se convirtieron en lobos. Y miraban como lobos capaces de comerse a sus propios hijos. La escaramuza se inició al cruzar el río y tomar una posición en territorio enemigo. Y terminó en una lucha cuerpo a cuerpo. Allí se encontraron con uniformes diferentes y la bayoneta calada hacia el vientre del otro. Se miraron como lobos y se descubrieron paralizados por una inocencia vieja que les hizo abrazarse y rodar hasta un socavón de estupor. A la mierda esta guerra. Se fugaron en una aventura de escondites bajo la nieve, ocultamientos bajo el barro o el polvo del asfixiante verano ucraniano. Hambre. Canibalismo. Cuerpos poseídos por el miedo y la furia. Una noche demasiado oscura, pusieron el filo de sus bayonetas sobre sus muñecas y se miraron largamente, como se mira al mar. Pero el viento les dijo que no, que habían de envejecer juntos y morir con honor. Ahora, con 90 años sobre los hombros de cada uno, frente a los patos, dejando su nieve de pan sobre el agua verde, con el rostro señalado por una violencia antigua, troyana, ancianos marcados por el hierro de todos los infiernos, recuperan su mirada de lobos y esperan a que el presidente del gobierno inaugure las instalaciones de su residencia para la tercera edad. Lo odian. No se han dejado el alma para vivir bajo la tiranía de un imbécil, que sólo se dedica a buscar fisuras legales por las que pisotear los derechos humanos. -Ese muñeco no sabe la que le espera –dice uno. -Nunca ha tenido ni pajolera idea –responde el otro. Parecen gruesos. Cada uno lleva bajo su abrigo más de tres kilos de diferentes explosivos, que nadie sabrá nunca de dónde han salido. Se levantan y se acercan, pesadamente, a la comitiva gubernamental. -En este país ya no hay huevos –dice uno. -Siempre nos toca a… Leer mas »