¿Dónde están los intelectuales?

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JAVIER TORROX.

Hubo un tiempo en el que había intelectuales, gente erudita que cuestionaba las cosas y que tenía la decencia de ponerlo por escrito. Eran personas conocedoras del pasado que había precedido a su presente y que ponían los dedos en las llagas que le adivinaban a lo por venir. Eran también profesionales de prestigio en sus ocupaciones y la exposición pública de sus reflexiones tenía repercusión en la sociedad. Unos defendían unos planteamientos mientras otros defendían los opuestos o sus posiciones eran, simplemente, ajenas a las de las corrientes mayoritarias. No era posible coincidir con las ideas de todos, pero cada uno de ellos coincidía con sus propias ideas. Eran intelectuales insobornables, no había oro en el mundo capaz de traficar con la dignidad de quien se sabe depositario de una porción del conocimiento acumulado por la humanidad.

Hoy no hay nada de lo anteriormente descrito. Ninguno de los que hoy gozan de reconocimiento público como intelectual está dispuesto a tomar partido y aún menos a hacerlo hasta mancharse. Caminan asépticamente de puntillas por este régimen moribundo y enemigo de la libertad, rodeados de la misma podredumbre que percibimos el resto de los mortales. Sin embargo, los que hoy pasan por intelectuales no se aperciben de lo que nos es evidente a todos los demás -o acaso callan pese a verlo, aunque no es este el tema que nos ocupa-. Lejos de señalar el mal (el juancarlismo) y su origen, juegan a arrimarse a cada una de las facciones (los partidos estatales) de este mal, en ello se ocupan en lugar de denunciar la conversión de los imprescindibles partidos políticos en deleznables partidos estatales.

No es necesario ser un intelectual para percatarse de que existe un conflicto insoluble entre las palabras y los hechos de todas las instituciones vertebradoras de esta monarquía de partidos. Lo que dicen y lo que hacen jamás es la misma cosa. Y para disimularlo cuentan con la colaboración diaria de los principales medios de comunicación.

Y los intelectuales callan. Cada quien tiene sus motivaciones para cada acción y estos intelectuales de hoy sabrán por qué se afanan tanto en cubrirse con la ignominia de ser indiferentes a la ausencia de libertad, a la ausencia de representación política de los electores y a la imposibilidad de que los gobernados elijamos directamente a nuestro Gobierno.

¿Dónde estáis, intelectuales? ¿Por qué sois indiferentes a nuestro sometimiento político? ¿Por qué colaboráis con quienes nos someten y nos privan de la libertad política? ¿Por qué nos habéis dado la espalda a los ciudadanos?

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Ricardo García NietoMerkatusCharlieLuis "er Maki"Joaquin Arroyo Toledo Comentaristas mas recientes
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Joaquin Arroyo Toledo
Joaquin Arroyo Toledo

Buenos dias,
Ahí reside uno de los grandes males, justo ahi. Las mismas preguntas me asaltan cada día cuando escucho la radio o veo la televisión, cada día me enfada más la hipocresía, la mediocridad y la excecrable complicidad de unos medios de comunicación y por ende de los periodistas que faltan o esconden la Verdad a los ciudadanos inmersos en una ignorancia total y conscientemente dirigida, cuando ese y no otro debería ser casi su único cometido… La Verdad. Ninguna voz dejan alzar en los principales medios de comunicacion contra la Gran Mentira.
¿Dónde están? la respuesta me surge clara y diáfana, sólo aquí los he leido y escuchado.
Saludos y ánimo! cadia día que pase estaremos más cerca, yo seguiré con mi Abstencion activa

Luis "er Maki"
Luis "er Maki"

Están en el pesebre. Una sociedad granja se está montando desde la incuria producida desde intereses dominantes, nada escapa al afán de sometimiento y control por la llamada “casta dominante” (no gobernante), esto no es gobierno, es dominio, control, manipulación, desde el Sistema Financiero, ramales culturales, asociacionismo, Medios de Comunicación, pasando por entidades deportivas, nada… nada… nada para la Sociedad Civil, han dinamitado puentes de comunicación y la “casta” sobrevivirá cuan espécimen zombi hasta la putrefacción total que abrirá caminos de incertidumbre. Se hace imprescindible mantener vivos canales de comunicación como el nuestro y desde el MCRC proclamar los principios que tan sabiamente proclama D. Antonio y vosotros desde tan ilustre plataforma renováis cada día. Salú2

Charlie
Charlie

Os propongo una definición más precisa aún que la de casta dominante:CASTUZA PALACIEGA.Propadla
en cualquier reunión en la que os encontréis.

Merkatus
Merkatus

España es país descabezado y por eso nunca seremos más que una colonia disfrazada de nación.

Ricardo García Nieto

LA TESIS DEL GALLINERO El 2 de noviembre de 1848, Edgar Allan Poe intentó suicidarse. La pérdida de su joven esposa, las penurias económicas, la caterva de rufianes que escribía contra él o que, sencillamente, le hacía la vida más difícil, le llevaron a beberse un frasco de láudano. ¿Quién, en tal ensamblaje de infortunios, no ha deseado disponer de un paracaídas con el que arrojarse de este mundo incendiado, de este avión abatido a punto de estrellarse? Poe apuró su frasco de láudano. Pero sobrevivió. El incidente, como cualquier otro acontecimiento que proyecta su sombra con anterioridad, fue la anticipación de su muerte, acaecida un año después. A Poe lo hallaron el 3 de octubre de 1849 tirado en el suelo, con ropas ajenas, delirando. No se sobrepuso del “delirium tremens” que padeció durante tres días. Y murió. Tenía cuarenta años. ¿Qué le condujo a ese estado? No se sabe a ciencia cierta, pero prevalece la “tesis del gallinero”. El día que lo encontraron era electoral en Baltimore. Había, entonces, bandas organizadas de “agentes electorales” que secuestraran a mendigos o a simples paseantes en una calle solitaria. Los encerraban en un antro, al que llamaban “gallinero”, donde se les emborrachaba o drogaba, y cambiándoles sucesivamente las ropas, se les paseaba por distintos colegios electorales para que votaran a un partido determinado. Después, los abandonaban en cualquier sitio. Perder a un ser querido, vivir precariamente, ser demonizado… Las fatalidades siguen siendo las mismas. Siempre lo han sido. Lo que ha cambiado sutilmente desde los tiempos de Poe ha sido el gallinero. Ya no es un antro clandestino, sino nuestra propia casa. Y las drogas que nos suministran para llevarnos a votar no son el alcohol o los opiáceos, sino el hipnótico runrún de radios y televisiones, y los mandalas de la prensa. ¿A quién vas a votar? No lo sé. Si no votas ganarán los de siempre. Es hora de confiar en estos, en los otros, en los de más allá… Nos han convertido en agentes electorales, ovejas que se vigilan unas a otras en la nube del rebaño. ¿Alguien, en su sano juicio, puede negar que vivimos en una constante campaña electoral? ¿Cuántas veces, desde los medios, nos golpean las siglas de los partidos políticos a lo largo de un día? ¿Quinientas veces? ¿Mil? La propaganda, como las olas a la orilla de nuestras almas, nos va limando como… Leer mas »