Ironías de la política

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ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO.

Dos ideas salieron de la Sociedad y del Estado para definir el futuro tras la incertidumbre creada con el asesinato de Carrero. La sociedad política, encarnada en la oposición a la dictadura, creó la fecunda idea de la «Ruptura democrática» de la legalidad dictatorial, junto con la organización adecuada para realizarla (Junta Democrática). En el campo estatal germinó como respuesta la idea de la «Reforma legalista» de las leyes del Reino, para mantener en el poder a los hombres de la dictadura. El lema común a las ideas latentes en el Régimen lo acuñó Torcuato Fernández Miranda: «Después de Franco, las Instituciones». Pero nadie podrá negar que Carlos Arias subió a la Presidencia del Gobierno y de la Monarquía franquista, con Fraga de ministro del Interior y con Areilza en Asuntos Exteriores, con la intención de liberalizar el Régimen dictatorial, reformando la ley de Asociaciones, para dar cabida a los partidos políticos que se acogieran al «espíritu de 12 de febrero». Fraga tenía la misión de hacer entrar por su ventanilla a los partidos de la democracia cristiana y al PSOE. Y Areilza la de obtener apoyo en EE UU y los gobiernos europeos.

Miguel Boyer preparó la primera entrevista de Fraga con Felipe en los primeros días de marzo de 1976. Se celebró en el chalet del Viso de los señores de Arnedo, suegros de Boyer. Ambos estaban de acuerdo en que el PSOE se presentaría a las elecciones antes de que el PC fuera legalizado. Pero Felipe condicionó su paso por la ventanilla a un pacto sobre el sistema electoral de listas de partido. Cosa que Fraga no aceptó, pues él defendía el sistema uninominal mayoritario, que favorecía a los notables del Régimen. Los partidos demócrata-cristianos comunicaron a Fraga que ellos harían lo que el PSOE. La reacción de éste, ante la soberbia de Fraga, fulminó como un rayo al Gobierno Arias, cuando lo que sólo quería era atemorizarlo a fin de que cediera en la ley electoral.

Hacia los días 16 ó 17 de marzo (no tengo mi agenda a la vista), el señor Ruiz-Jiménez me comunicó, por ser yo coordinador de la Junta, que la Plataforma de Convergencia (donde estaban el PSOE y la democracia cristiana), deseaba negociar la fusión de ambas organizaciones en un sólo organismo unitario de la oposición. En la inmediata reunión de la Junta expresé que en el repentino giro de 180 grados del PSOE, respecto a su tradicional anticomunismo, había «gato encerrado», y que la rapidez pedida para la fusión delataba la existencia de objetivos inconfesables. Pero Simón Sánchez Montero y Raúl Morodo llegaron a decirme que si yo ponía obstáculos a la fusión, el PC y el PSP de Tierno podrían abandonar la Junta y unirse a la Plataforma. Retrasé la negociación hasta tener más información. Cuando supe que Kissinger y Willy Brandt habían acordado para España una reforma de tipo parlamentario, sin el PC (por miedo a que pasara aquí lo mismo que en Portugal), creí tontamente que el PSOE había recibido el consejo alemán de unirse a la Junta para destruir desde dentro la estrategia de la ruptura democrática. Y en seis días de trabajo ininterrumpido en mi despacho impulsé la creación de la Platajunta, porque puse mi esperanza en el dinamismo que causaría la unidad de la oposición en las movilizaciones sociales por la libertad y en la capacidad que yo conservaba como coordinador del nuevo organismo unitario.

Aparte de que la sola creación de la Platajunta haría caer sin remisión al Gobierno Arias. No pude imaginar, porque no conocía su fracasada entrevista, que la respuesta de Fraga al pulso de Felipe, uniéndose al PC, fuera encarcelarme y paralizar así la acción de la Platajunta. Pero, ironías de la política, Fraga y Arias cayeron, y salí de Carabanchel, cuando habían triunfado sin saberlo, cuando el PSOE se disponía a comulgar con ellos, pasando por la ventanilla.

 

LA RAZÓN: LUNES 17 DE JULIO DE 2000


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La Transición fue producto del consenso entre los centros oligárquicos de los partidos con mayor implantación.El miedo de unos y la ambición y conveniencia de otros les hizo acceder sin apenas exigencias en los enfoques reformistas del Rey borbón y el Gobierno Suárez.No hubo convencimiento,valentía democrática y percepción de la realidad.Abundó temor,cuidado y “verdad” del peor género.De esta manera,la forma política del Estado y por lo tanto la falta de la auténtica libertad política de los súbditos,eran exigencias indispensables que había que admitir para participar en el juego de la reforma.El sistema electoral proporcional de listas de diputados de partido era una garantía de que todos disfrutarían de una cuota de poder en el Estado y de la dirección indisputable en sus propios partidos

Gonzalo
Gonzalo

La Transición fue producto del consenso entre los centros oligárquicos de los partidos con superior implantación.El miedo de unos y la ambición y el provecho de otros les hizo acceder sin apenas exigencias en los enfoques reformistas del Rey borbón y el Gobierno Suárez.En 1976 se careció de convencimiento,valentía democrática y percepción de la realidad.Abundó temor,precaución y “realismo” del peor género.De esta manera,la forma política del Estado y , con ella,la falta de una auténtica libertad política de los súbditos,eran exigencias indispensables que había que admitir para participar en la maniobra de la reforma.El sistema electoral proporcional de diputados de listas de partido era un mecanismo de seguridad de que todos disfrutarían de una cuota de poder en el Estado y de la dirección indisputable en sus propios partidos.