La externalización de la responsabilidad política

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JOSÉ MARÍA ALONSO.

Para comprender por qué los españoles siguen votando y por tanto legitimando el régimen que les oprime hace falta profundizar en campos científicos que acaban por hacer pensar a uno que los votantes españoles están aquejados en su conjunto de alguna patología psicológica.

En el campo de la psicología cognitiva, se estudian un conjunto de fenómenos conocidos como prejuicios cognitivos que describen alteraciones en la mente humana. Dichas alteraciones son difíciles de eliminar y llevan a una distorsión de la percepción, a un juicio impreciso o a una interpretación ilógica de la realidad objetiva.

Uno de esos prejuicios o sesgos cognitivos en cuyo marco se puede encuadrar la insistencia de los gobernados españoles en seguir legitimando la oligocracia de partidos es el conocido como ¨sesgo de la responsabilidad externa¨. Esta disonancia cognitiva demuestra que  dado que el ser humano tiene tendencia a sentirse reforzado y en calma cuando toma conciencia de que no es responsable de sus actos, es normal que trate de depositar las decisiones en agentes externos, y lo haga por motivos evolutivos en tanto en cuanto aquellos miembros de la manada que no fueran capaces de derrocar al líder o al estamento de poder deberían estar con él. No se debe confundir esa delegación de responsabilidad en un poderoso externo cuyo poder no es democrático, como los partidos políticos, con la verdadera representación que lleva aparejado el mandato imperativo y que es revocable.

Como la mayor parte de los votantes han confundido o desconocen el significado de la verdadera representación democrática, como ya hemos dicho: el otorgamiento a un ciudadano por cada Distrito Electoral de la reponsabilidad de obrar en lugar de aquellos que no pueden sentarse en la Asamblea Nacional, responsabilidad que lleva aparejada el mandato imperativo y a la vez la revocabilidad; prefieren, los votantes, pensar que al elegir una lista de partido lo que hacen es dar carta blanca para hacer y deshacer bastándoles, a los votantes,  el derecho al pataleo y la protesta como la que se ha de celebrar el 25 de Abril frente al Congreso de los Diputados, y que ya habrá tenido lugar al momento de que el presente artículo sea publicado.

En cualquier caso, muchos de los que protestarán en las calles y han votado a los partidos que parasitan los escaños pertenecientes a las circunscripciones electorales, padecen de esa disonancia cognitiva de la responsabilidad externa, pues han rechazado la libre elección de un representante formalmente democrático y han puesto en manos de un líder de partido el poder de decisión, favoreciendo un régimen de oligarquía de partidos al que atacan de manera esquizofrénica, sin comprender que han entregado el poder de decisión a un órgano del Estado (el partido y sus apparatchnik)  en vez de delegar en una representación uninominal debidamente controlada desde su Distrito Electoral.

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