¿Hasta cuándo seguirás, ciudadano, confiando en las palabras de quienes te engañan desde hace más de 30 años? ¿Qué secreta esperanza abrigas de que los responsables de la ruina que crece a tu alrededor sean los ángeles salvadores que dicen ser? ¿Qué necesitas para aproximarte a lo que te dicen, no para deglutir sus consignas, sino para analizar sus palabras y enfrentarlas a los hechos?

En la Jefatura del Estado tenemos un reyezuelo que, para serlo, traicionó a su propio padre y aceptó el nombramiento de un dictador. No te molestes en buscarla, lector, no hay justificación moral alguna para la podrida conducta del monarca.

Tenemos un Gobierno de extorsionadores, ladrones y defraudadores a la hacienda pública. Una banda de matones que envía leguleyos sicarios para amenazar a quien se atreva a denunciar lo miserable de sus conductas. Observa a los partidos estatales, todos amamantándose de las ubres del Estado, alimentándose con nuestros impuestos al tiempo que nos niegan la representación y la posibilidad de elegir a nuestro Gobierno.

¿Qué burla es esta? ¿Hasta cuándo seguiremos soportando este colosal fraude político que llama democracia a este despreciable Estado de partidos? Los diputados dicen que te representan, pero su elección como miembros de una lista de partido depende del jefe de su partido. El Gobierno de partido dice que defiende tus intereses, pero nada te debe a ti, votante ingenuo, porque su nombramiento depende de los diputados previamente designados por el mismo aspirante a formar Gobierno. ¡Y hasta hay partidos que se dicen republicanos! ¿A quién pretenden engañar tras 40 años a sueldo de la monarquía? Por no hablar de estos nuevos monarcómanos que piden la abdicación de Juan Carlos como epatante solución a esta crisis irreversible. La República Constitucional sí hará hechos de las palabras porque el poder será de los electores y no de los partidos.

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