Jose María de la Red Mantilla

JOSE MARÍA DE LA RED.

Con un leguaje supino y simplón, los próceres de la oligarquía genovesa nos transmiten recados a modo de pomada, que ni curan ni consuelan, sólo entretienen la irritante picazón.

 El gobierno, nos dicen, hace lo que tiene que hacer. Y eso nos lo narran tras los conclaves de La Moncloa o del puesto de mando de Génova 13.

Son ejes de comunicación, pero no explicaciones; éstas las ha dado “el Bárcenas” exhibiendo en Barajas, pero “urbit et orbe”, su dedo corazón.

Ejes de comunicación son: “España va bien”, “ya se ven brotes verdes” o “el gobierno hace lo que tiene que hacer”; que impactan en la inconsciencia colectiva despistada y atónita.

 Pero las explicaciones de qué es lo que hace el gobierno, o el partido, que nunca se sabe cuando es uno y cuando el otro, han de pasar previamente por el laboratorio de poses e imágenes de alguna de esas fundaciones por las que se desaguan las subvenciones que disimulan los partidos.

De tanto apurar los argumentos en esos alambiques, de sus serpentines vuelven goteando más ejes de comunicación en un bucle interminable.

Pero “el Bárcenas”, con su dedo sursum corda, lo explica todo con transparencia irrefutable: “Que os den por … … …, pringaos”.

La afición por tan simbólicos tactos rectales no es consecuencia de una preocupación prostática; sino expresión del hastío que produce callar ante quienes constantemente piden explicaciones, como si tuvieran derecho a recibirlas.

Al fin y al cabo solo son simples periodistas que luego se las tendrán que ver con el consejo de redacción, y si la cosa va a más, también con el de administración; pues subvención y publicidad institucional pagan su sueldo, que no se olvide.

Está bien que sean incisivos los periodistas, en ello está su profesión, no todos van a ser como “el Hermida” en La Zarzuela. Además, la insistencia de algunos plumillas da un retrogusto a libertad de información que viene muy bien para decoro y avio de los que a diario la fusilan en sus medios, para gozo y solaz de los que cargan su abono de sombra en los presupuestos.

El dedo de “el Bárcenas” es antológico, compendio de todo saber comunicativo, esencia explicativa para buenos entendedores. Gesto procaz y provocativo al gusto de chulo impune, o del que sabe que el fiscal no probará nada, pues nada ha de probar.

El gobierno hace lo que tiene que hacer, ya lo ha hecho; sin que sea necesario, de momento, llamar al plenipotenciario en la Court of Saint James.

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