Los que votan en blanco

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Está muy extendida la opinión de que la única forma de hermanar el decoro personal con el deseo de participar en la política, cuando ningún partido promueve la veracidad, libertad y justicia exigidas por la dignidad de la convivencia ciudadana, es el voto en blanco. Esta creencia rechaza la abstención. No, precisamente, porque deje el campo libre al voto de los malvados, los cínicos o los ignorantes, que es el motivo platónico de la participación, sino para no caer en una aparente forma de pasividad que, además de inútil, elude el cumplimiento de un deber cívico. El argumento de Platón es la trampa intelectual que las pasiones de la vanidad o la ambición tienden al oportunismo de las buenas conciencias. Respecto al deber de votar me basta con insistir en lo que no me cansaré nunca de repetir: «No puede ser deber moral lo que es un derecho potestativo; ni puede ser cívico o civil lo que pertenece exclusivamente a la esfera del orden político».

Los sectores del cuerpo electoral que están en desacuerdo con este Régimen, o con su Administración, deberían saber deslindar las fronteras de la coherencia cuando tienen la ocasión de usar derechos igualmente válidos, pero de muy distinto significado para la legitimidad del Sistema, como el de votar en blanco y el de abstenerse. Entre ellos hay la distancia espiritual que separa al agnosticismo del ateísmo. Perplejo ante la duda, el agnóstico admite la posibilidad de la existencia de Dios. El ateo la niega porque es ilegítimo pedir que se pruebe la no existencia de Dios. Votan en blanco los agnósticos en política que no saben deducir las maldades partidistas de la naturaleza oligárquica del Régimen que da forma y vida a todos los partidos. Y votarían a uno nuevo que diera fe a sus esperanzas, del mismo modo que el agnóstico en religión se haría creyente si, de repente, se rajara el cielo y apareciera sobre todas las aldeas y estrellas del Universo una figura tonante diciendo ¡SOY DIOS! No quiere saber, por temor a las secuelas morales de la inteligencia natural, que eso es tan imposible como esperar peras del olmo o frutos democráticos de una Oligarquía constitucional.

En cuanto a la utilidad del voto en blanco, en contraste con la pretendida inutilidad de la abstención, una simple observación y un sencillo cálculo bastan para destruir el argumento. La bicha de todos los partidos es la abstención. Lo único que a su juicio haría peligrar a su Régimen. Nada les preocupa, en cambio, la dimensión del blanqueo de votos. El Sistema costea una carísima propaganda para que la gente acuda a las urnas, llegando hasta el extremo de presentar el asunto, con cínica falsedad, como si fuera una obligación civil, o un cargo de conciencia para el ciudadano. Pero no gasta ni una sola palabra de condena del voto en blanco. La razón es sencilla. Es imposible que los votos en blanco lleguen a superar un techo significativo. Pues mucho antes de que se acercaran al diez por ciento nacería un nuevo partido que los recogiera. Cosa que no puede suceder, por principio, con la abstención. Si ésta alcanzara, en el Estado de partidos de los países europeos, las proporciones que adquiere en las elecciones federales de EEUU el Régimen se derrumbaría en el acto. El voto en blanco presupone la conformidad con el sistema electoral y la Constitución de la Monarquía de partidos. Y al expresar su total desacuerdo con todas las listas en liza, está soñando con un partido que, además de ser leal al Régimen, sea verídico, libre, competente y justo. Un imposible. Al recusar a los partidos del orden político creado por la Constitución sin recusar a ésta, el sentido del voto en blanco se identifica, en su incoherencia, con el de aquella extravagante parábola donde Jesús condena a la fiel higuera porque, en lugar de dar su fruto cuando no era tiempo de higos, obedeció al orden natural decretado por la Constitución Universal de Su Padre.

LA RAZÓN. LUNES 28 DE FEBRERO DE 2000


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El voto en blanco es la más evidente demostración del entusiasmo de votar por votar.Los que votan en blanco o con voto nulo conocen que no son capaces de votar honestamente a nada ni a nadie de los que les soliciten el voto.El entusiasmo de votar los embarulla en justificaciones sombrías.El voto en blanco es la mas rotunda barbaridad de que el voto sea un DERECHO POLITICO.Hay que practicar la ABSTENCION total frente a las urnas de la partidocracia para descapacitar a la clase política de esta Monaquía parlamentaria y borbónica,corrupta,despilfarradora y falsa.

Bernardo Rodriguez Picaro

No estoy de acuerdo sobre la eficacia de la abstención, lo que no deja de ser una cuestión de estrategia política, de medios, no de los principios y fines que tan magistralmente ha expuesto y desarrollado, Sr. Trevijano, a lo largo de su vida de pensador político y que hago míos por irrefutables.

La abstención me parece es un desgaste innecesario de energía, un regalo militar a los enemigos de la libertad política, porque en el anonimato abstencionista se diluye cualquier posibilidad de construir un frente opositor visible a este régimen oligárgico y sus altavoces propagandísticos.

Bastaría un 40% de votos en blanco para hacer patente la ilegitimidad de este régimen, y no digamos ya si pudieran convertirse esos votos en escaños vacíos, aprovechando iniciativas como la de Escaños en Blanco, mientras que el abstencionismo necesita al menos un 70% de inhibición para empezar a soñar con que la partidocracia tiemble, aunque en tal caso, dado el desarme intelectual y moral de esta sociedad, aun así dispondría de medios suficientes para capear el trance. La buenas causas no ganan batallas sin buena artillería.

Pedro M. González

Es que nadie habla de eficacia aislada de la abstención, por eso hablamos de abstención ACTIVA, deslegitimadora DEL REGIMEN. Lo que es imposible y es un desgaste es utilizar las fuerzas y medios de la inteligencia en una bobada como el voto en blanco que deslegitima a los partidos y no al régimen para decir que todo siga igual pero qeu vengan otros a gestionar el ranchito. Un 40% de votos en blanco desligitimaría a los aprtidos, no al régimen al que se sigue votando, sin embargo no un 70% sino incluso un 60% de abstención que llevara a la reivindicación de un periodo de libertad constituyente por los aprticipantes en la misma, sí acabría con el régimen.

Bernardo Rodriguez Picaro

Pedro M, imaginar la magnitud de lo invisible se llama fantasear. La voluntad política sólo se hace manifiesta mediante su plasmación inequívoca, y la abstención activa es indistinguible de la pasiva. La subjetividad bienintencionada es tan deshonesta como la malintencionada, porque es el proceso en sí del esfuerzo intelectual hacia lo objetivo lo que realmente legitima las intenciones. La fantasía de la abstención activa es una falacia tan corrupta intelectualmente como la de la pasiva, ambas igual de mal intencionadas por su falta de honradez intelectual. De acuerdo que un voto en blanco no expresa con los necesarios matices la intención de una protesta, ni incluso vaciando escaños con un partido que lo permitiese. Pero elimina al menos la sombra de pasividad que tan bien aprovecha el régimen.
A ti te gustaría que un 60% lo deslegitimara abriendo un periodo constituyente, y a mí, y a todos los repúblicos. Pero, siendo realistas, ya lo hubo con el referendum de la Constitución Europea; ya hemos tenido porcentajes en torno al 40% en otras nacionales y aquí no se ha manifestado ni por asomo la necesaria y proporcional sintomatología en las actitudes de la sociedad que debería protagonizarlo. Cuando un criterio interpretativo de la realidad no funciona será porque es falso, tanto como los beneficios que imaginamos nos reportará. Saludos.

David Veganzones
David Veganzones

Tus argumentos criticando la táctica (no la estrategia) de la abstención y tu defensa del voto en blanco son absurdos. Para desmontarlos se pueden esgrimir varios contraargumentos, pero me vale con tres. El primero, de índole moral, nos lleva a los abstencionarios a no mancharnos con la corrupción política del actual régimen de poder, porque si despreciamos sus reglas de juego, ¿por qué degradarnos intelectualmente aceptándolas?. El segundo, de orden histórico, nos permite apreciar que una abstención superior al 50% no es infrecuente (el último caso que conozco es de Egipto, en 2012), mientras que no existe en el pasado ningún régimen en el mundo deslegitimado por votos en blanco (lógico, pues esta táctica no es deslegitimadora) Y el tercero, de carácter cuantitativo, nos demuestra la realidad de las dos tácticas en España: Abstención en las elecciones generales de 2011:11.113.099 (31,06% del censo). Votos en blanco en las mismas elecciones: 333.461 (1,35% de votos válidos).

Bernardo Rodriguez Picaro

Táctica es tildar de absurdos argumentos sin rebatirlos adecuadamente. Absurdo es lo que no tiene sentido y absurda la actitud de quien repite una táctica que no funciona. A ver qué proceso constituyente se ha abierto alguna ven en la historia a partir de un alto índice de abstención, ¿Egipto 2011? Estarás bromeando. Que ésta sea más habitual que el voto en blanco responde a simples leyes de termodinámica, la del mínimo esfuerzo como manifestación de la impotencia que acaba legitimando y perpetuando sistemas políticos como éste o el anterior franquista, sumando ambos casi 80 años de sociedad espectadora abstencionista. Y lo que nos queda.

Yo no, pero seguro que el régimen te agradecerá fervientemente tu argumento de índole moral. Creo que el General solía decir algo similar: “Hágame caso, no se meta en política”. Y llevamos casi 80 años fieles a ese principio.

El argumento cuantitativo nos demuestra la realidad de todas las tácticas en juego: el 70% de los esapñoles votaron el 20-N de 2011 por la partidocracia. Argumento, por tanto, que no te sirve ni como táctica dialéctica puntual, no digamos de estrategia

Pedro M. González

La primera premisa ya falla. Equiparar un referdum para elegir a un poder legislativo con un plebiscito sobre una “constitución” europea. Las consecencias no son las mismas porque en un caso se trata de escoger entre quienes monopolizan el estado y en el segundo entre decir si o no a una prouesta de quienes lo hacen legitimados por el voto. POr otro lado si no se distingue el abstencinista (pasivo) del abstencioanrio (activo) pues mejor para nosotros! Nunca una revolución politica ha sido llevada a cabo por la masa consciente sino por un grupo minoritario con las ideas claras (tercio laocrático) a la que esa masa identificando el problema sigue como una alternativa factible frente a lo que hay.

Bernardo Rodriguez Picaro

Revisa también tus premisas porque falla la de que la abstención haya tumbado nunca un régimen político. Además, eso de que la abstención activa no pueda diferenciarse de la pasiva no sólo beneficia tus espectativas, me parece que también a las del régimen que década tras década desde 1939 ha estado utilizando el silencio de la sociedad española a su favor. Ambos, los abstencionistas activos y el aparato político vigente, podéis haceros todas la ilusiones al respecto pero, y he ahí la pequeña gran diferencia, el régimen tiene a su disposición todo el aparato mediático, ejecutivo, presupuestario, legislativo y judicial para convencer a su despistado público de la insignificancia abstencionista. Y les funciona, incluso con un país podrido de corrupción y más de 6 millones de parados. ¿Crees de verdad que esa masa pasiva, y no sólo la mayoría de la abstencionista sino tambien de la votantes de partidos, va a buscaros a vosotros en el momento clave para que les salvéis? De qué, hombre, si no existís. Y no lo digo con ánimo ofensivo sino descriptivo. Demasiado fácil se lo ponemos. Recuerda: unas listas abiertas por aquí, unas leyes maravillosas anticorrupción por allá, y 30 años más de partidocracia bajo la corona de Felipe VI el Reformador. Vayamos haciéndonos a la idea.

Pedro M. González

Es una falacia argumentar que la abstención no haya tumbado régimen alguno, contraponiendo el voto en blanco, que tampoco lo ha hecho. Además la abstención no tumba régimen político indidtintmente. La dictadura por ejemplo no. En la aprtidocracia es un instrumento dslegitimador y se complementa con las medidas ya expuestas para llegar a la ruptura.
Y yendo a lo dscriptivo sobre nuestro papel, y el seguimento de las masas a las minorías, recuerde que Lenin no existía y el aprtido bolchevique era minoritario en los estertores de la rusia zarista. Como lo eran los whig ingleses o los seguidores de Adams, Jefferson y Washington en la naciente norteamerica

David Veganzones
David Veganzones

Date cuenta de que equiparando abstención con pasividad política (que es el fondo de tus comentarios) estás utilizando el mismo argumento que los partidócratas cuando dicen que lo importante es participar y no quedarse en casa. Si algo podemos aprender del Anarquismo es que se puede ser activo políticamente sin necesidad de participar en el proceso electoral.

Bernardo Rodriguez Picaro

David, pero vosotros venís a decir lo mismo: lo importante es no participar. En este juego siempre ganan ellos. Mi planteamiento es sobre qué táctica es mejor para hacer visible el descontento y favorecer así a una estrategia de cambio. El régimen funciona sobre termómetros de opinión pública, éste y todos. Buscar vías que permitan saltarse la invisibilidad con la que el poder desactiva a los opositores debe ser una prioridad. Porque, a fin de cuentas, la mayoría nunca tomará una conciencia crítica profunda sobre las causas de su descontento y necesitará referencias visibles, que en un principio serán simplemente la de otros ciudadanos manifestando también su desaprobación. La abstención por sí misma no funciona por la falta de intención manifiesta y deja en manos de la propaganda su operatividad. Lo que no entiendo de vosotros es esa sacralización ético-estética de lo que únicamente tiene utilidad estratégica. Tanto te abstengas como votes en blanco, pasas automáticamente a unos porcentajes estadísticos con sentido electoral, ya has participado; en el primer caso con un NO SABE/NO CONTESTA/SE HA IDO A LA PLAYA y en el segundo con un NO. En ese NO está la gran diferencia.

David Veganzones
David Veganzones

Estoy de acuerdo, Bianchini, cuando dices que en este juego siempre ganan ellos, porque es imposible que unas reglas oligárquicas puedan dar paso a una alternativa democrática. Entonces, siguiendo la misma lógica, ¿por qué gastar energía y tiempo en participar en un juego en el que los demócratas nunca podemos ganar? Lo coherente, moral e intelectualmente, es despreciar dichas reglas oligárquicas; argumento que, por sí sólo, echa por tierra el voto en blanco. Si este argumento de decencia e integridad personal no se asume, si este primer paso hacia la lealtad democrática lo despreciamos, ¿con qué autoridad moral o intelectual vamos a difundir nuestras ideas de Libertad Política? ¿con qué legitimidad vamos a dar el segundo paso, el de difundir las ideas de la democracia formal a la opinión pública? ¿por qué te empeñas, Bianchini, en construir pisos sin asegurar que tus pies pisan sobre unos cimientos sólidos? Ojalá, pudiésemos instaurar un periodo de libertad constituyente mañana mismo, pero el análisis objetivo de la realidad y la experiencia de la Historia nos obliga a ser cautelosos, que no indecisos o pasivos, en la estrategia revolucionaria, cuya primera premisa táctica es promover la ABSTENCIÓN, sinónimo de LIBERTAD cuando se practica en un régimen de poder.

Pedro M. González

Un régimen que tiene que poner las vacaciones dependiendo del clima, las vacaciones o de un partido de futbol para asegurar la participación es que considera esta indispensable para su deslegitmmación. No acudir es lo que más daño le hace. Si se participa aunque sea para votar en blanco se le legitima. Compárese con la democracia formal en USA donde para votar hay que incribirse primero como elector.

Bernardo Rodriguez Picaro

Lo único que me interesa del voto en blanco es su contenido expreso opositor frente a la muda abstención activa que tú mismo reconoces mimetizarse con la pasiva, confusión de la que imaginas beneficiarte engrosando un activismo fantasioso. Pero el activismo requiere visibilidad y en ese sentido gana el voto en blanco, porque la misma “trampa” de la que ingenuamente crees sacar partido imaginando ganacias activistas netas es la que aprovecha el régimen para hacer un balance pasivo cuya visibilidad mediática acaba imponiendo. Tus cuentas quedan para charlas de barra y parroquia. No podemos refugiarnos de las frustaciones colectivas en la dignidad individual, porque no deja de ser una rendición, una muerte estéticamente inútil para la libertad política y tremendamente útil para la partidocracia. Refugiarse en ella es perder la medida del espacio en disputa. La dignidad individual puede coexistir, con más o menos dificultad, con cualquier estado de la dignidad colectiva.

La abstención no es sinónimo de libertad, como tampoco lo es el voto en blanco. Sólo son manifestaciones para intentar hacer patente el rechazo público a un orden político que impide la libertad política, y simplemente estamos debatiendo la eficacia de ambas manifestaciones para ayudar a conseguir un objetivo sobre el que estamos de acuerdo. Saludos.

Pedro M. González

Lo que queda en las estadisticas de la verguenza es la legitimación del voto en balnco que se pronuncia inequivopcamente a favor del sistema de partidos y en contra de la fomra de gerstionarlo por sus protagonistas. Indignandose contra los indignantes sin tener el valor de dejar de ser siervos indignos. La revolución no la hacen las masas, es seguida por estas. La mecha la prende el tercio laocrático que sabe hacia dodne se dirige.

sergio
sergio

No se, creo que es muchísimo más útil intentar llegar a millones de españoles con las ideas promulgadas por el movimiento que ponernos a analizar si los españoles son mas o menos abstencionistas, no?

Bernardo Rodriguez Picaro

La vergüenza en todo caso será votar partidos. Los abstencionistas como tú partís de una mentira que no tenéis problema en reconocer, pero pretendiendo construir sobre ella algo sólido. Eso es imposible y el tiempo lo ha demostrado y seguirá haciéndolo, década tras década. Mientras vosotros esperáis que baje el espíritu santo democrático sobre esa masa amorfa abstencionista, el régimen ya tiene preparados 500 planes para pastorearla con todos los medios posibles a su disposición. Hacen falta planteamientos que sumen voluntades y sobran discusiones sobre purezas bizantinas.

David Veganzones
David Veganzones

¿De qué mentira partimos los abstenistas activos? Porque todo tu comentario gira en torno a algo que no dices.

Bernardo Rodriguez Picaro

Mentira con varias facetas. Primera, que la abstencion haya tumbado algun régimen. Segunda, pensar que el abstencionismo activo es un fuerza de cambio, cuando es imposible conocer siquiera su magnitud. Tercera, creer que es posible utiizar a su favor el revoltijo con la abstencion pasiva, cuando es exactamente lo contrario, como demuestra el ninguneo sistemático de la abstención por el régimen.

En suma: fantasear sobre los colores de un masa abstencionista que siempre es parda, además del desgaste inútil de necesitar porcentajes bestiales que, por su condición silente, son fácilmente utilizables por el poder establecido, regalándosele la iniciativa. Para el sistema es mucho menos dañino un “NO SABE/NO CONTESTA” que un “NO”.