La trampa de las listas abiertas (III)

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Lejos de listas abiertas (al fin y al cabo, listas), la única solución para acabar con el déficit democrático es eliminar el criterio de representación proporcional (Art. 68.3 CE78) de las elecciones generales y locales, paso decisivo para llegar a la Democracia en España. Y es que, la aplicación del criterio de proporcionalidad a las listas que se presentan en cada una de las circunscripciones hace que los “representantes” elegidos por los ciudadanos no sean más que delegados de los partidos que han elaborado esas listas, basadas en la sumisión a la cúpula del partido y no en la defensa de los intereses de los electores.

 

El actual sistema electoral convierte al elector en espectador pasivo e impotente ante el pacto y mercadeo de escaños y concejales, elementos fundamentales para la formación de mayorías. La representación deja de existir porque el sujeto del poder político es el partido y no el elector. El “representante” no es responsable ante el elector sino ante la máquina partidista a la que obedece servilmente para repetir en la próxima lista electoral.

 

 

La implantación de un sistema mayoritario de distrito uninominal haría que los elegidos fueran verdaderos representantes de los ciudadanos. Éstos, elegirían a un solo candidato, incluido o no en un partido, por cada uno de los distritos electorales en los que fuera divido el territorio por razón de su densidad de población. Así, la Asamblea Legislativa quedaría formada por la reunión de los representantes elegidos por cada distrito electoral. Sólo con un sistema mayoritario uninominal los ciudadanos podemos obtener representantes libres de todo mandato imperativo partidista. La responsabilidad de los representantes sería directamente ante los electores y solamente a éstos correspondería premiar o castigar su actuación política no solo cada cuatro años, sino durante toda la vigencia del mandato al poder revocar cada distrito a su representante en el curso de la legislatura a través del sistema de remoción electoral, si defrauda a las expectativas que le elevaron a la Asamblea Legislativa.

 

 

La posibilidad de exigir responsabilidades no se circunscribiría a la mayoría ya que la minoría tendría un papel fundamental como es el de controlar a aquella, siendo su fuerza suficiente para poner en marcha todo tipo de mecanismos de control.  Se daría así una auténtica responsabilidad entre el elector y SU representante.

 

 

Por otro lado, supone una ventaja adicional aunque no por ello menos importante, resultante de la supresión de las actuales discordancias entre el número de votos obtenidos y el efectivo equilibrio de poderes, que actualmente  favorece un papel preponderante a los partidos de tendencia nacionalista que ven como con obtener una cantidad de votos en el territorio de su influencia obtienen un escaño mientras que los partidos de ámbito nacional precisan para ello una cantidad superior.

 

 

 

Todo ello se ve superado en el sistema uninominal y mayoritario en el que la votación por distrito electoral otorga una situación de igualdad a todos los ciudadanos independientemente del la localidad o provincia donde se hallen.

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J. CastueraPedro M. GonzálezLvisjorgesccfebrerillo Comentaristas mas recientes
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Gonzalo
Gonzalo

La Ley Fundamental de esta Monarquía parlamentaria y borbónica en su art.67.2,dice:que los miembros de las Cortes Generales,diputados y senadores,NO estarán ligados por mandato imperativo,por lo que todas las leyes aprobadas son nulas de pleno derecho,desde la vigencia de esta Ley corrupta y despilfarradora de 1978.Una Ley borbónica que tuvo su causa en el verdadero poder constituyente:el rey(borbónico) impuesto por el general y el presidente del gobierno(el duque Suárez) nombrado por el rey.El miedo de unos y otros,de unos a otros y de otros a unos,con la ambición desenfrenada de unos y otros,fué lo que parió este guirigay de Ley Fundamental del Reino descompuesto.

Bernardo Rodriguez Picaro

Sí señor, un sistema electoral mayoritario que no degrade torticeramente el valor de cada voto y que cada parlamentario sea elegido por un número de votantes concreto, de manera que su acta dependa de la voluntad de esos ciudadanos y no del capricho del jefe de partido que fabrica las listas en las elecciones de la Partidocracia.

Este cambio electoral tan simple desarmaría la actual maquinaria de poder de los partidos, ya que los diputados pasarían de depender de capricho del hacedor de las listas -da igual abiertas o cerradas- a deberse a la voluntad de sus votantes de distrito, que son quienes le conceden o revocan el acta.

jorgescc
jorgescc

Buenas noches Pedro.
Las listas abiertas son listas cerradas.

Primer caso.
Tres candidatos en una lista. Dos de ellos imputados por delitos.
¿Hay alguna duda sobre quién saldría?.

Segundo caso.
Tres candidatos en una lista. Uno de ellos un mono (en Brasil hace unos años propusieron a un babuino como candidato presidencial) y el otro un primo hermano del mono con carné de conducir.
¿Hay alguna duda sobre quién saldría?

El problema de toda reforma es que no se termine estando peor que cuando se empieza.
La solución (?) de las listas abiertas lo ilustra a la perfección.

Lvis
Lvis

Excelente artículo. Me ha encantado leerlo. Gracias

Javier Castuera Páez

Pedro, cuantas partes va tener este artículo ?