Feudalismo financiero

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Jose Morilla

JOSÉ MORILLA CRITZ.

El Presidente de Telefónica ha defendido el nombramiento de Rodrigo Rato como consejero “sin funciones ejecutivas”, con un sueldo de 200.000 euros anuales (y nada que decir de las coimas adicionales que lleva aparejadas tal chollo) con el argumento de que los contactos que un personaje de su trayectoria tiene en todos los ámbitos,  serán de mucha utilidad para los intereses de la compañía. Esto se puede resumir en que tiene una alta capacidad de tráfico de influencias. Y el argumento se utiliza como justificación porque resulta comprensible por todos; lo que demuestra que ese tráfico está aceptado en todos los niveles de nuestra sociedad.

No hace falta apelar a nada más para convertir en honorable la forma de enriquecerse que tiene la aristocracia financiera en este nuevo sistema feudal en que ha se ha convertido el sistema capitalista de forma natural, en contra de lo que creían los socialistas ricardianos y los marxistas, que pensaban en su desembocadura  en una cosa que llamaron socialismo.

Un sistema en el que está diluyéndose la autoridad política que gestiona en un ámbito territorial bien definido los deberes y derechos de una sociedad con principios de igualdad, al margen de la estratificación económica que tenga, está dando lugar a otro en el que una élite autodefinida ella misma como gestora de la sociedad y seleccionada mediante cooptación, está  justificada para llevarse la parte principal de la renta generada por todos al margen de sus derechos de propiedad, es un sistema feudal, que va imponiendo su lógica en todos los órdenes de la vida.

La nueva sociedad que nos predican esos gestores, supuestos guardianes de los mecanismos que nos permiten vivir, es bien sencilla: los individuos de la masa han de aprender a conformarse con un sistema en el que el mercado incontrolable es un principio religioso, gestionado por unos sacerdotes (ellos) en el que no habrá cobertura colectiva para nada y en el que sólo la identificación y la lealtad con un poderoso, uno de ellos, permitirá a la gente común ganarse la vida. Los vínculos de dependencia y lealtad entre esos nuevos señores mantendrán el orden general y de esta forma no estaremos en un simple salvajismo.

Si nos ponemos ante la larga lista de ejecutivos y consejeros de organismos públicos y privados que “gestionan” la economía y las finanzas, ya sea a nivel local, regional, nacional o internacional, nos encontraremos con una  mayoría que no superarían los conocimientos teóricos y prácticos de cualquier joven recién egresado de un simple grado de economía. Y si fuéramos capaces de imaginar el mercado libre que predican para esos puestos y funciones, estoy seguro que el  salario de equilibrio coincidente con la máxima eficiencia, se situaría a lo sumo en la quinta parte de lo que percibe esa nueva aristocracia.

Esa nueva casta feudal,que predica su religión privatizadora y desreguladora se nutre, de momento, de los últimos girones de autoridad política para otorgar los títulos más bajos de ejecutivos, como son la pléyade de asesores de las administraciones menores, y asientos en los consejos de administración reservados a los que han tenido un cargo político, pasando a un estamento del que ya no saldrán ni ellos ni sus descendientes.

8 Comentarios

  1. Hoy hay una noticia de lo más curiosa: la privatización de puertos y aeropuertos en Grecia. Jamás en la Historia los puertos han sido un elemento privado. Han sido de los señores del lugar, ya sea de la ciudad, del noble o del monarca, pues eran algo estratégico. Recordemos que se han levantado ciudades gracias a los puertos. Por no hablar de que puertos y aeropuertos son monopolio natural. ¿Privatización? Saqueo lo llamaría yo.

  2. ¿porqué se le echa siempre la culpa al capitalismo de la asuencia de éste? El feudalismo financiero descrito en el artículo no es capitalismo pues no trata más que de los priviliegios de la política a sus adlateres y concomitantes. No es capitalismo que Felipe González esté en Gas Natural ni rato en bankia. Es lo contrario al capitalismo.

    Respecto al asunto de los puertos griegos, mucho me temos que de privatización nada de nda, ma´s a lo sumo adjudicacióna los amiguetes del partido de turno. Adjudicación que se tratará de conveniencia política y no de institución u opción por una medida o insittución económica privatizadora como más al contrario se refiere en el comentario rpecedente sí ha existido y se ha pracitcado con éxtio. Por ejemplo, el sistema de faros marítimos fue durante mucho tiempo de titularidad y financiación privada en el Reino Unido,
    lográndose por procedimientos privados (asociaciones de navegantes, precios portuarios, control social espontáneo, etc.) solventar el “problema” de lo que se considera en los libros de texto de economía “estatistas” el caso más típico de “bien público”. Igualmente, en el lejano oeste norteamericano se planteó el problema de la definición y defensa del derecho de propiedad de, por ejemplo, las reses de ganado en amplísimas extensiones de tierra, introduciéndose paulatinamente diversas innovaciones
    empresariales (“marcaje” de las reses, vigilancia continua por “cow-boys” a caballo armados y, finalmente, el descubrimiento e introducción del alambre de espino que, por primera vez, permitió la separación efectiva de grandes extensiones de tierra a un precio muy asequible) que solucionaron los problemas conforme se iban planteando. Todo este flujo creativo de innovaciones empresariales se habría bloqueado por completo si losrecursos hubieran sido declarados “públicos”, excluidos de la propiedad privada y gestionados burocráticamente por una agencia estatal.

  3. “De privatización nada, a lo sumo una adjudicación a los amiguetes de turno”. Llámelo como prefiera. Al fin y al cabo es un bien que pasa de manos públicas a manos privadas para que hagan con él lo que les plazca. Pero no ha entendido bien mi comentario anterior. Una venta de un puerto le convierte al dueño de ese puerto en el dueño de una parte muy importante de la economía de la zona. ¿Irá el Estado ahora a regular las tarifas de las mercancías que lleguen? ¡Vaya contradicción! Privatizo pero después intervengo ya que es un monopolio natural ¿¿¿??? Además, imagino que el dueño del puerto querrá obtener un beneficio. Ese beneficio vendrá o bien mediante un pago por parte del Estado ( el Estado se convierte en rehén de una persona o de una empresa) o bien tendrá que imponer una a las mercancías que lleguen o salgan. Claro, dado que el puerto es un monopolio natural, las mercancías o usan mi puerto o no salen, luego podré ponerle el canon que quiera. Eso es tomar como rehén a la economía de toda una zona. No en vano, ¿dónde se cobraban antes los impuestos? Puertas de murallas y puertos marítimos y terrestres. La razón es evidente. ¿Libre empresa? Creo que esta es la manera más sencilla de perjudicar a la libre empresa.

    Con respecto al ejemplo que ha puesto usted de los faros, ¿podría decirme de qué época estamos hablando y de dónde ha sacado la información? Por mera curiosidad, vaya. Porque además dese usted cuenta de que los ejemplos que ha puesto usted nada tienen que ver con el tema de puertos o aeropuertos. Ninguna de esas cosas han sido monopolio natural ni vitales por diversos motivos para una nación. Pero yo sí que le voy a poner un ejemplo de un monopolio natural en el sentido contrario. Los ferrocarriles ingleses. Estoy seguro de que puede leer bastante sobre ese caso en Internet.

    Por último, me resulta de lo más curioso que ustedes se nieguen constantemente a reconocer la naturaleza humana. “Esto no tiene que ver ni con el capitalismo ni con el libre mercado”. Cierto, con el libre mercado nada tiene que ver, pero con el capitalismo tiene todo que ver. No entienden que es la avaricia sin control, que el libre mercado les importa tres narices porque en realidad el fin último de toda compañía es ganar dinero. ¿Qué se enseña en las escuelas de negocios? Justo lo contrario a lo que se enseña en economía. Los gobiernos debieran tener como fin el garantizar el libre mercado, mientras que el fin último de las empresas es justo el contrario, el monopolio. ¿Por qué? Por el dinero, por el poder. Siguen sin entender que justo lo que tenemos ahora es la deriva del capitalismo, el ganar dinero sin invertir en nada, el robo supremo. Por eso mismo necesitan deshacerse del Estado para que no les moleste. Y quien dice deshacerse dice apoderarse de él. Cuando uno trata con tipos como Bárcenas, como Díaz Ferrán, como Esperanza Aguirre, como Urdangarín o como tantos otros, que casualmente copan las cúpulas de las grandes empresas ( de Steve Jobs se puede decir de todo menos santo, por poner un ejemplo), ¿qué piensan que es el capitalismo? No es otra cosa que la avaricia sin control y sin ética. El libre mercado es una pobre excusa.

  4. No estoy de acuerdo con los que califican a los políticos como casta parasitaria, o casta dirigente. No, los políticos son parte de esa casta dirigente, el brazo político de todo un colectivo, que aglutina a las grandes corporaciones empresariales, a las grandes corporaciones financieras y por último, a los políticos. Lo de Rato en Telefónica solamente viene a rataficar este hecho. Saludos.

  5. “¿qué piensan que es el capitalismo? No es otra cosa que la avaricia sin control y sin ética. El libre mercado es una pobre excusa”. Olé!, y luego me fumo un puro. Partiendo de esa premisa, sobraba cualquier razonamiento previo.
    Sin embargo las cosas se llaman por lo que son apriorísticamente. De la misma forma que este sistema político no es una democracia, lo que practican Urdangarín, Bárcenas y compañía no es capitalismo. Es precisamente todo lo contrario, la utilización de lo público para el beneficio privado, la mezcolanza de la política con la economía que es lo más anticapitalista. Capitalismo viene del latín caput que significa cabeza y que, por cierto, sirve para pensar. Y tiene tal raíz porque lo que define al capitalismo es la capacidad de los hombres para actuar libremente eligiendo entre fines y medios que no están dados, sino que también en libertad descubren constantemente interactuando unos con otros. El cálculo sobre aquello a que se renuncia para obtener lo que se prefiere es lo que determina su valor y su traducción cataláctica en unidades monetarias determina su precio. Eso es el capitalismo, lo opuesto a la determinación del valor objetivo por un tercero prevaleciendo la posibilidad de cambiar ese valor por el pacto voluntario.
    No es de extrañar que precisamente quienes abogan por la fijación objetiva del valor, en la misma percepción estática de la realidad, la riqueza y la producción crean en ese absurdo de los “monopolios naturales”. Porque si no les salen las cuentas. Todo lo que no cuadra en su economía de invernadero en sus modelos de equilibrio y competencia perfecta o se llama externalidad, fallo de mercado o monopolio natural con tal de justificar la arbitrariedad de un ordenador centralizador cuya actividad crea nuevas descoordinaciones sociales, y así hasta el totalitarismo.
    El monopolio también es una situación eminentemente dinámica mientras no responda a la normación estatal prohibiendo la competencia. Mientras la coacción institucional prohíba la acción humana en un sector, las soluciones a la correcta definición de los derechos de la propiedad y su trasmisión quedan bloqueadas ya que solo el interactuar social obtiene la información y soluciones precisas para ello movidos por el motor del incentivo. El espacio radioeléctrico y la telefonía, entre otros, fueron tradicionalmente monopolios naturales que justificaron su monopolio legal haciéndose inimaginable el establecimiento de competencia y modo de definir ésta hasta que fueron abiertos demostrando después una superioridad técnica y económica infinitamente superior a la previa de monopolio legal.
    En definitiva se trata de la libertad para actuar políticamente, ya que esta es contraria a la arbnitrariedad . Y es que para el capitalismo la libertad política es imprescindible ya que presupone que ningún hombre se sitúe por encima de las instituciones, ejerciendo la fuerza sobre el resto de los hombres. La principal amenaza de la libertad es el poder de usar la fuerza al margen de las instituciones, ya sea por un monarca, un dictador, una oligarquía o una mayoría momentánea. La defensa de la libertad requiere la eliminación, en la medida de lo posible, de esas concentraciones de poder, y la dispersión y distribución del poder que sea imposible eliminar en un sistema de contención y equilibrio que en el ámbito político se transpone en una auténtica separación de poderes, más que en una mera división de los mismos.

    Así las cosas, si el poder económico se une al poder político en manos del estado, la concentración parece inevitable. Un aspecto de una sociedad libre es ciertamente la libertad del individuo a defender y hacer abierta propaganda por un cambio radical en la estructura de la sociedad, siempre que su campaña se limite a la persuasión y no incluya la violencia u otras formas coercitivas. Una de las señales de la libertad política de una sociedad capitalista es que un individuo pueda abogar abiertamente por ideologías que pretendan su abolición. Igualmente la libertad política en una sociedad dirigida económicamente exigiría que los individuos tuvieran libertad de abogar por la introducción del librecambio. ¿Cómo podría preservarse la libertad de defender el librecambismo en una sociedad dirigista?
    Para que los hombres defiendan algo, lo primero es que puedan ganarse la vida. En una sociedad de monopolio económico estatal puede que haya individuos con grandes ingresos, quizá incluso con grandes sumas de capital en forma de obligaciones públicas y similares, pero tendrían a la fuerza que ser altos funcionarios públicos. Se podría concebir a un bajo funcionario de un estado así definido que mantenga su empleo a pesar de defender abiertamente el librecambio, lo que es imposible imaginarse es a uno de estos altos funcionarios financiando tal tipo de actividades subversivas.
    En las sociedades abiertas, los movimientos que repugnan del capitalismo nunca se han financiado de esta manera, Normalmente los han financiado unos cuantos individuos adinerados que han sido persuadidos como fue el caso deFrederick Engels.
    Así en una sociedad de mercado libre, para la labor de propaganda bastaría con tener fondos. A los que suministran el papel lo mismo les da venderlo al Mundo Obrero que al Wall Street Journal. En una sociedad en la que no exista el librecambio, no bastaría con ello. El hipotético subversivo tendría que persuadir a la fábrica de papel del gobierno para que se lo vendiera, a la imprenta del gobierno para que imprimiera los folletos, al correo del gobierno para los distribuyera entre la gente.
    Quizá exista una forma de vencer estas dificultades y preservar la libertad política en una sociedad controlada económicamente. No puedo decir que resulte totalmente imposible. Lo que sí está claro es que hay dificultades auténticas para establecer instituciones que preserven eficazmente la posibilidad de disentir. Que yo sepa, nadie de entre los que están en contra del librecambio y a favor de la libertad política al mismo tiempo se han enfrentado con esta cuestión o han iniciado siquiera el establecimiento de formas institucionales que permitan su desarrollo.

  6. Sepradamente creo necesario también suibrayar la continua identificación del isntrumento con quien lo utililza, del dinero y del mal uso del poder. Para ello prefiero que hable Francisco D´anconia persoanje de “La rebelión de Atlas”:

    «¿Así es que usted piensa que el dinero es el origen de todo mal? » dijo Francisco d’Anconia.

    «¿Alguna vez ha preguntado cuál es la raíz del dinero? El dinero es un instrumento de cambio, que no puede existir a menos que haya bienes producidos y hombres capaces de producirlos. El dinero es la forma material del principio según el cual, los hombres que quieran tratar entre sí deben hacerlo a través del intercambio dando valor por valor. El dinero no es instrumento de mendigos que piden regalado a base de lágrimas ni de los saqueadores que arrebatan a la fuerza. El dinero se hace posible sólo por los hombres que producen. ¿Es esto lo que usted considera maligno? Cuando usted acepta dinero en retribución de su propio esfuerzo, lo hace únicamente bajo la convicción de que lo podrá cambiar por el producto del esfuerzo de los demás. No son los mendigantes o los saqueadores, los que dan valor al dinero. Ni un océano de lágrimas, ni todos los cañones del mundo pueden transformar esos pedazos de papel en su cartera, en el pan que usted necesita para sobrevivir mañana. Esos pedazos de papel que debieran ser oro, constituyen una prenda de honor su título que le da derecho a la energía de la gente que produce. Su cartera es la declaración de su esperanza de que en algún lugar del mundo a su alrededor, existen hombres incapaces de quebrantar ese principio moral que es la raíz del dinero. ¿Es eso lo que considera malvado?

    ¿Se ha preocupado usted por investigar las raíces de la producción? Observe un generador eléctrico y atrévase a decirse así mismo que fue creado por el esfuerzo muscular de bestias irreflexivas. Intente hacer crecer una semilla de trigo sin los conocimientos transmitidos a usted por quienes tuvieron que descubrirlo por vez primera. Trate de obtener su alimento tan sólo a base de movimientos físicos y aprenderá que la mente humana es la raíz de todos los bienes producidos y de toda la riqueza que haya existido jamás sobre la tierra.

    Más usted asegura que el dinero lo hacen los fuertes a expensas de los débiles. ¿A que fuerza se refiere? No es la fuerza de las armas o de los músculos. La riqueza es el producto de la capacidad del hombre para pensar. ¿Es por lo tanto el dinero hecho por el hombre quien inventa un motor a expensas de quienes no lo inventaron? ¿Es el dinero hecho por el inteligente a expensas de los tontos? ¿Por el capacitado a expensas del incompetente? ¿Por el ambicioso a expensas del holgazán? El dinero se hace antes de que pueda ser robado o mendigado hecho por el esfuerzo de cada hombre honesto; cada uno hasta el límite de su capacidad. El hombre honrado es el que sabe que no puede consumir más de lo que él mismo ha producido.

    Intercambiar por medio del dinero es el código de los hombres de buena voluntad. El dinero se basa en el axioma de que cada cual es dueño de su mente y de su esfuerzo.

    El dinero no concede poder para prescribir el valor de su esfuerzo, excepto el juicio voluntario del hombre que está dispuesto a cambiar su esfuerzo con usted en retribución.

    El dinero le permite a usted obtener por sus bienes y su trabajo, lo que para los que lo compran vale, pero no más. El dinero no permite otros tratos excepto aquellos que se llevan a cabo en beneficio mutuo por el juicio espontáneo de los que intercambian. El dinero exige de usted el reconocimiento de que los hombres han de trabajar en beneficio propio y no en su propio daño; para ganar y no para perder el reconocimiento de que no son bestias de carga nacidos para transportar el peso de su miseria que usted debe ofrecer valores y no agravios, que el lazo común entre los hombres no es un intercambio de sufrimientos, sino un intercambio de mercancías. El dinero exige que usted venda: no su debilidad a la estupidez de los hombres, sino su talento a cambio de razón; exige que usted compre, no lo peor que ofrecen, sino lo mejor que su dinero pueda encontrar. Y cuando los hombres viven a base del comercio y con la razón y no la fuerza como árbitro decisivo, el mejor producto es el que triunfa; la mejor actuación; el hombre de mejor juicio y más alta maestría. Y el grado de productividad del hombre será también el de su recompensa. Tal es el código de la existencia, cuyo instrumento y símbolo es dinero. ¿Es esto lo que usted considera reprobable?

    Pero el dinero es sólo un instrumento. Lo llevará a usted donde usted quiera, pero no lo reemplazará como conductor. Le dará los medios para satisfacer sus deseos, pero no proveerá dichos deseos. El dinero es el azote de quienes intentan revertir la ley de causalidad; de quienes buscan reemplazar la mente, adueñándose de los productos de la mente.

    El dinero no comprará la felicidad para quien no tenga un concepto de lo que desea; el dinero no le dará un código de valores si él ha evadido el conocimiento de qué valorizar y no le proveerá con un propósito si él ha eludido la elección de lo que busca. El dinero no comprará inteligencia para el tonto, ni admiración para el cobarde, ni respeto para el incompetente. El hombre que intenta comprar los cerebros de sus superiores para que le sirvan, reemplazando con dinero su capacidad de juicio, termina por convertirse en víctima de sus inferiores. Los hombres de inteligencia lo abandonan, pero los embaucadores y farsantes acuden a él en masa, atraídos por una ley que él desconoce: la de que ningún hombre puede ser inferior a su dinero.

    ¿Es ésta la razón por la que usted lo designa maligno?

    Sólo el hombre que no lo necesita, está capacitado para heredar riqueza: el hombre que labraría su propia fortuna, sin importar donde comience. Si un heredero está a la altura de su dinero, éste le sirve, de lo contrario, lo destruye. Pero ustedes observan esto y claman que el dinero lo ha corrompido. ¿Es eso así? ¿No habrá sido él quien ha corrompido al dinero? No envidiéis a un heredero indigno; su riqueza no es la vuestra y no habríais podido emplearla en mejor forma. No consideréis que debió ser distribuida entre vosotros. El agobiar al mundo con cincuenta parásitos en vez de uno, no habría hecho revivir esa muerta virtud que constituía la fortuna. El dinero es un poder viviente que muere sin su raíz. El dinero no servirá a una mente que no esté a su altura. ¿Es éste el motivo por el que le llamáis perverso?

    El dinero es vuestro medio de supervivencia. El veredicto que pronunciéis acerca de la fuente de vuestro sustento, es el mismo que pronunciáis acerca de vuestra vida misma. Si la fuente es corrupta, habréis condenado vuestra propia existencia. ¿Adquiristeis el dinero por fraude?

    ¿Halagando los vicios o estupideces humanas? ¿Sirviendo a imbéciles con la esperanza de adquirir más de lo que vuestra habilidad merece? ¿Rebajando vuestros principios? ¿Realizando tareas que despreciáis para clientes hacia quienes sentís desdén? En tal caso vuestro dinero no os proporcionará ni un momento, ni el equivalente del valor de un solo centavo de auténtica alegría. Todo cuanto compréis se convertirá, no en un tributo a vuestro favor, sino en un reproche; no en un triunfo, sino en un constante evocador de vergüenza. Entonces gritaréis que el dinero es malo. ¿Malo porque no substituye al respeto que os debéis a vos mismo? ¿Malo porque no os deja disfrutar de vuestra depravación? ¿Es ésta la causa de vuestro odio al dinero?

    El dinero siempre seguirá siendo un efecto y rehusará reemplazaros como causa. El dinero es producto de la virtud, pero no os conferirá virtud ni os redimirá de vuestros vicios. El dinero no os dará lo que no hayáis merecido, ni material, ni espiritualmente. ¿Es esa la raíz de vuestro odio hacia él?

    ¿Acaso habéis dicho que el amor al dinero es el origen de todo mal? Amar una cosa es conocerla y amar su naturaleza. Amar el dinero es conocer y amar el hecho de que el dinero es la creación de lo mejor de vuestros poderes internos y vuestro pasaporte para poder comerciar vuestros esfuerzos por el de los más capaces de nuestros semejantes. La persona que vendería su alma por unos pocos centavos, suele ser la que proclama en voz más alta su odio hacia el dinero; y tiene justa razón en odiarlo. Los amantes del dinero están deseosos de trabajar por él. Saben que son aptos para merecerlo.

    Permitidme una indicación acerca de la clave que conduce al conocimiento del carácter humano. El que maldice el dinero, lo ha obtenido de manera deshonrosa. Quien lo respeta, lo ha ganado honradamente. Huid como por vuestra vida de quien os diga que el dinero encarna el mal. Dicha frase es la campanilla que anuncia la proximidad de un saqueador igual que en otros tiempos anunciaba la de un leproso. Mientras los hombres viven en comunidad sobre la tierra y necesitan medios para tratar unos con otros, el único sustituto en caso de abandonar el dinero, sería el cañón de un arma de fuego.

    Pero el dinero exige de vosotros las más altas virtudes, si es que queréis hacerlo o conservarlo. Quienes carecen de valor, orgullo, o estimación propia, los que carecen del sentido moral de su derecho a su dinero y no están prestos a defenderlo como si defendieran sus propias vidas, los que se excusan por el hecho de ser ricos, no lo serán por mucho tiempo. Constituyen un cebo natural para las bandadas de saqueadores que desde hace siglos se agazapan bajo rocas, pero que salen al exterior en cuanto huelen a un hombre que ruega ser perdonado por la culpabilidad de poseer riqueza. Se apresurarán a aliviarle de su culpa y de su vida como se merece.

    Entonces presenciaréis el alza de los hombres que militan bajo dos banderas; de quienes viven por la fuerza y sin embargo, cuentan con quienes viven del comercio para crearles el valor del dinero robado; hombres que son los polizones de la virtud. En una sociedad moral, ellos son los criminales y los estatutos se establecen para protegerlos contra sus actividades.

    Pero cuando una sociedad establece la existencia de criminales por derecho y de saqueadores legales, es decir, de hombres que utilizan la fuerza para apoderarse de la riqueza de víctimas desarmadas, entonces el dinero se convierte en vengador de quien lo creó. Tales maleantes se creen seguros al robar a seres indefensos en cuanto han aprobado una ley que los desarme. Pero su botín se convierte en imán para otros saqueadores que se los arrebatarán en igual forma a la que ellas lo obtuvieron. Entonces el triunfo irá, no al más competente en producción, sino al más despiadado en brutalidad. Cuando la fuerza se convierte en norma, el asesino triunfa sobre el ratero, y entonces la sociedad desaparece entre un despliegue de ruinas y carnicerías.

    ¿Queréis saber si ese día va a llegar? Observad el dinero. El dinero es barómetro de las virtudes de una sociedad. Cuando veáis que el comercio se efectúa, no por consentimiento de las partes, sino por compulsión, cuando veáis que para poder producir, necesitáis obtener autorización de quienes no producen, cuando observéis que el dinero afluye hacia quienes trafican no en bienes sino en favores, cuando percibáis que los hombres se hacen ricos más por el soborno o por influencia que por el trabajo, y que las leyes no os protegen contra ellos, sino que, al contrario, los protegen a ellos contra vosotros; cuando observéis la corrupción recompensada y la honradez convertida en auto sacrificio, podéis estar seguros, sin temor a equivocaros, que vuestra sociedad está condenada. El dinero es un medio tan noble que no compite con las armas, ni pacta con la brutalidad. Nunca permitirá a un país sobrevivir como propiedad a medias, o como botín compartido. Siempre que aparezcan elementos destructores entre los hombres, empezarán por destruir el dinero, porque éste es la protección del hombre y la base de una existencia moral. Tales elementos se apoderarán del oro, entregando a los dueños en cambio un montón de papel falsificado. Esto destruye las normas objetivas y deja a los hombres a merced caprichosa de un arbitrario promulgador de valores. El oro es un valor objetivo, un equivalente a riqueza producida. El papel es una hipoteca sobre riqueza que no existe, reforzada por un arma apuntada al pecho de quienes se espera han de producirla. El papel es un cheque cursado por saqueadores legales sobre una cuenta ajena: «La virtud de las víctimas». Vigilad el día en que dicho cheque rebote llevando la anotación: «Cuenta sobregirada».

    Cuando hayáis convertido al mal en medio de sobrevivencia, no confiéis en que los hombres sigan siendo buenos. No esperéis que conserven la moralidad y pierdan la vida con el fin de convertirse en pasto de los inmorales. No esperéis que produzcan cuando la producción se ve castigada y el robo recompensado. No preguntéis entonces: «¿Quiénes están destruyendo al mundo?» Porque seréis vosotros mismos.

    Os encontráis en medio de los mayores logros de la civilización más grandemente productiva y os preguntáis por qué se derrumba a vuestro alrededor, cuando vosotros mismos bloqueáis la fuente sanguínea que la alimenta, que es el dinero. Contempláis el dinero a la manera de los salvajes antes de vosotros, y os preguntáis por qué la selva vuelve a vuestras ciudades. A través de toda la historia de la humanidad, el dinero fue siempre botín de los saqueadores de un tipo u otro, cuyos nombres cambiaron, pero cuyos métodos continuaron siendo los mismos; apoderarse del dinero por la fuerza y mantener a los productores atados, degradados, difamados y despojados de honor. Esa frase acerca de lo pecaminoso del dinero que repetís con ese irresponsable aire de virtuosidad, data de la época en que la riqueza era producida por la labor de esclavos, esclavas repetían los movimientos descubiertos con anterioridad por la mente de alguien y que dejaron sin mejora por siglos. Mientras la producción fue gobernada por la fuerza y la riqueza se obtuvo a través de la conquista, hubo poco que conquistar. Sin embargo, a través de siglos de estancamiento y hambre, los hombres exaltaron a los saqueadores como aristócratas de la espada, aristócratas de la cuna, y más tarde como aristócratas del despecho, despreciando a los productores, primero como esclavos, y luego como comerciantes, tenderos e industriales.

    Para gloria de la humanidad, existió por primera y única vez en la historia del mundo un país de dinero y no me es posible rendir más alto y reverente tributo a Estados Unidos de Norte América, porque esto significa: un país donde reinan la razón, la justicia, la libertad, la producción y el logro. Por vez primera la mente y el dinero de los hombres quedaron libres, dejó de existir la fortuna como botín de conquista, siendo suplantada por la fortuna, consecuencia del trabajo, y en vez de guerreros y esclavos, surgió allí el verdadero forjador de fortuna; el más grande trabajador, el tipo más elevado de ser humano: el forjador de sí mismo, el industrial norteamericano. Si me pedís que nombre la distinción más honrosa que caracteriza a los norteamericanos, escogería ya que incluye a todas las demás el hecho de haber sido el pueblo que acuñó la frase: «hacer dinero». Jamás en ninguna otra lengua o nación, había sido usada semejante frase; los hombres pensaron siempre en la riqueza como cantidad estática que podía ser arrebatada, mendigada, heredada, distribuida, saqueada u obtenida como favor. Los norteamericanos fueron los primeros en comprender que la riqueza había de crearse. La frase: «hacer dinero» contiene la esencia de la moralidad humana.

    Sin embargo, debido a esas palabras, los norteamericanos se vieron denunciados por las decadentes culturas de los continentes de ladrones. Ahora el credo de los saqueadores os ha llevado a considerar vuestros más dignos logros como motivo de vergüenza, vuestra prosperidad como motivo de culpabilidad, vuestros más eminentes personajes industriales como unos granujas, vuestras magníficas fábricas como producto de la labor muscular, trabajo de esclavos, movidos a fuerza de látigo, como lo fueron las pirámides de Egipto. El malvado que pretende no apreciar la diferencia entre el poder del dólar y el poder del látigo, debería aprender la lección sobre su propio pellejo que pienso le sucederá algún día.

    A menos y hasta el momento en que descubráis que el dinero es la raíz de todo lo bueno, estaréis buscando vuestra propia destrucción. Cuando el dinero deje de ser el instrumento utilizado por los hombres para efectuar los tratos entre sí, los hombres mismos se convertirán en herramientas unos de otros. Sangre, látigos, cañones… o dólares. Elegid… No existe otra opción y el tiempo apremia».