Roberto Centeno

ROBERTO CENTENO.

Hace unas semanas les prometí que a la vuelta de vacaciones les hablaría del sector exterior, ya que este Gobierno de tramposos y su corte de palmeros no paran de hablar de la mejora de las exportaciones como si se tratase del milagro que nos sacará de la crisis. La realidad es justo lo contrario: es un mero efecto colateral de nuestro hundimiento económico, que está produciendo el mayor nivel de paro y deflación salarial en 70 años. No es resultado de la inversión productiva, de la innovación o de la mejora de la calidad, por lo que, si la economía se reactivara, el déficit comercial volvería a dispararse de nuevo. Pero antes de entrar en ello, parece conveniente explicar los grandes conceptos del comercio internacional para que aquellas personas no familiarizadas con la economía entiendan de qué estamos hablando.

Todos los flujos económicos, consecuencia de los intercambios con el exterior, constituyen la denominada balanza de pagos, que es el registro contable de todas las transacciones -materiales, inmateriales y financieras- de un país con el resto del mundo. Según su naturaleza se clasifican en tres grandes grupos o cuentas. La balanza por cuenta corriente, que engloba a su vez cuatro  balanzas (la comercial o de bienes físicos; la de servicios, que incluye turismo, viajes y otros servicios; la de rentas y la de transferencias corrientes). Luego está la balanza por cuenta de capital, que registra entre otros conceptos las transferencias de capital procedentes de la UE. Y, finalmente, la balanza o cuenta financiera, que recoge las inversiones financieras, préstamos y similares. Es decir, tres balanzas distintas donde las exportaciones son solo una parte de una de ellas.

“Todo está en la balanza de pagos”

Como resume certeramente el director de Coyuntura de FUNCAS, Ángel Laborda, “todo está en la balanza de pagos”, ya que “todas las fortalezas, debilidades, desequilibrios cíclicos económicos y financieros de la economía siempre acaban reflejándose en ella”. Hasta octubre de 2012, el déficit de la balanza comercial se situó en 23.000 millones de euros, lo que supone una mejora de 11.000 millones respecto al mismo periodo de 2011. Esto es lo que ha hecho dar saltos de alegría al Gobierno y sus palmeros. La balanza de servicios, fuertemente positiva desde los años 60, tuvo un superávit de 34.000 millones (una mejora de 4.000), pero no por el turismo, que apenas varió, sino por “otros servicios”. Las otras dos balanzas, rentas y transferencias, tuvieron un saldo negativo de 26.000 millones, 2.000 menos que en el mismo periodo de 2011. En conjunto, un déficit por cuenta corriente de 15.000 millones, lo que representa una caída de casi 16.000 millones. Pero, ¿es esto todo? Ni de lejos. Quedan otras dos balanzas sobre las que estos tramposos no dicen ni pío.

¿Y qué ocurre con ellas? La primera es la balanza por cuenta de capital, que se mantuvo básicamente igual, y la segunda la balanza o cuenta financiera, que se ha convertido en un desastre sin precedentes. ¡Hasta octubre había acumulado salidas netas por valor de 211.000 millones, frente a 27.000 millones en el mismo periodo del año anterior! Y eso es lisa y llanamente insostenible para cualquier país. El agujero, en su mayoría préstamos y salida de capitales, ha sido rellenado, as usual, por el Eurosistema. A pagar por nuestros hijos y nietos, que heredarán una deuda gigantesca que lastrará gravemente su futuro. Un descuadre de este calibre es simplemente insostenible; y en 2013 va a ser mucho mayor aún.

¿Cómo se pueden repicar las campanas por una mejora de 16.000 millones de la balanza corriente mientras se oculta un desplome de 187.000 en la balanza financiera? La mendacidad de este Gobierno de insensatos parece carecer de límites.El déficit total con el exterior ascendió al 16% del PIB  en solo diez meses. Cuando en 2007 el déficit de la balanza corriente era del 10% del PIB, el Partido Popular se desgañitaba, y con toda razón, diciendo que era insostenible y, sin embargo, la cuenta financiera era entonces favorable. Y ahora que el déficit es del 16%, la esconden debajo de la alfombra y todos son aplausos y parabienes. ¿Pero en manos de qué clase de farsantes hemos caído?

Y todo ello como consecuencia de los grandes problemas estructurales que Rajoy no tiene ni la menor intención de abordar. Todo lo contrario: ya tiene dispuestos 23.000 millones extra para que las comunidades sigan despilfarrando en 2013 y para seguir costeando el caos del sistema financiero, que a su vez le financia a él. Lo que haga falta, y va ser muchísimo, porque la morosidad está subiendo como la espuma. Y es precisamente para ello, como me ilustra mi buen amigo Antonio García Trevijano, que este Gobierno, dilapidador del patrimonio de España, ha puesto en marcha un Estado policial de exacción, que no tiene en cuenta la capacidad de los españoles para soportar la inmensa carga de deuda, impuestos, tasas y multas que han hecho recaer sobre ellos. Es algo sin precedentes en la historia fiscal española, a lo que dedicaré mi próximo análisis.

En concreto, en 2013, el Tesoro prevé aumentar el endeudamiento en 71.000 millones y, aparte de eso, refinanciar deuda por 160.000. Una cifra brutal imposible de conseguir sin un rescate en toda regla. Pero es que, además, cuando uno se toma la molestia de revisar lo que el Gobierno preveía a principios de 2012 y lo que sucedió en realidad, la desviación es simplemente alucinante. En 2012, la financiación total ascendió a 249.636 millones frente a una previsión de 186.100 millones de los Presupuestos Generales del Estado (¡publicados en abril!). Lo nunca visto. Ni siquiera en tiempos del indigente mental. Pero es que además de esa cantidad total, 35.800 millones eran la financiación neta, que ha resultado ser de ¡109.000 millones, tres veces más!

Y, ahora, explíqueme alguien, en particular aquellos que opinan que la situación mejora y están engañando a la gente e incitándola de nuevo a tomar decisiones disparatadas de inversión: ¿cómo concilian la mejora con que las necesidades netas de financiación previstas en 2013 para financiar gasto corriente sean el doble de las previstas en 2012? Y eso es la previsión de estos tramposos. ¿Cuánto serán en 2013 “las necesidades financieras no previstas”? Los que de nuevo piensen que ya no hay riesgo y metan su dinero en bonos del Tesoro, de bancos o similares, van a acabar como los de las preferentes. Aunque se lo habrán ganado a pulso. Están financiando como unos pardillos el gasto corriente y la corrupción de las oligarquías política y bancaria. Y con una rentabilidad que no compensa ni de lejos el riesgo que están asumiendo.

Las exportaciones: escaso valor añadido y menos empleo

Y ahora las exportaciones. Para empezar, lo primero que hay que dejar claro es que el incremento de las mismas nada tiene que ver con una acción de gobierno en sentido positivo (como ayudas a la innovación, a la inversión o a la financiación), sino con el más negativo de los posibles: el fuerte retroceso de la demanda interna por la desastrosa política económica, que ha obligado a numerosas empresas a tratar de vender en el exterior lo que ya no pueden vender en España. Esto, unido a una brutal reducción de los costes laborales y al paro, es lo que ha hecho más competitivos nuestros productos. En otras palabras: el empobrecimiento y el paro son el único motor de nuestras exportaciones. El Gobierno no solo no haya hecho nada, sino que su política de expolio fiscal a la economía productiva, lejos de impulsar la inversión y la modernización de la capacidad productiva, la está destruyendo.

La industria manufacturera, incluida la alimentaria, apenas representaba en 2011 ya el 13% del PIB, a lo hay que restar el desplome de 2012 (un -7,2 % hasta noviembre). El porcentaje contrasta con el 37% del PIB registrado en 1975. Y la mayoría es obsoleta o subvencionada, no incorpora innovación ni diferenciación alguna y apenas valor añadido, ya que la mayoría de las exportaciones tienen una gran cantidad de productos importados. Solo la energía supone de media más del 20%. Respecto al empleo, la industria representa el 14% del total y la parte exportadora es solo una fracción del mismo. Lo malo es que el sector en su conjunto está destruyendo empleo, no creándolo, porque solo la reducción de los costes salariales les permite exportar unos bienes que o son commodities sin diferenciación alguna o tienen un contenido de importaciones casi doble que el de otros países.

En concreto, el valor añadido de nuestros principales sectores exportadores -como maquinaria y bienes de equipo, automóviles, productos químicos y petrolíferos- es apenas un tercio de su valor total. En la industria del automóvil, esencial en nuestras exportaciones, el contenido importador es el 63%, frente al 37% de Alemania o el 35% de Italia. Pero incluso en la industria de alimentación, el contenido importador de España es el 27% frente al 14% de Alemania o el 22% de Italia. La participación en las exportaciones de los consumos intermedios de productos importados es en Españacasi un 30% superior a la media de los países centrales europeos. “En las principales ramas industriales, el peso relativo del valor añadido es claramente menor en España (que en el resto de Europa), mientras que el de los consumos intermedios importados es sustancialmente superior” (1).

En otras palabras: para que las exportaciones españolas puedan mantener un crecimiento estable se necesita mucho más que la política de reducción salarial de Rajoy. Se necesita tener una energía competitiva y el presidente está en todo lo contrario. A favor de los monopolios y con una política de innovación, de desarrollo de nuevos productos diferenciales, inexistente. Y, por supuesto, la financiación ni está ni se la espera. Exportando commodities o similares que fabrica cualquiera (y teniendo que importar para ello energía, tecnología y productos intermedios de alto valor) apenas se genera valor añadido. Un iPad es casi todo valor añadido. Un producto químico o petrolífero, casi nada. Y solo a base de reducir salarios a niveles tercermundistas, el tema no tiene recorrido.

Los flujos de comercio exterior, en contra de lo que dice este Gobierno de tramposos, no están contribuyendo en absoluto a dinamizar la economía, ni mucho menos el empleo. Dicho de otra manera: aunque el déficit comercial mejore, eso no significa ni que vaya a crearse empleo ni que vaya a servir para salir de la crisis. El turismo, por su parte (y aunque siempre importante), sigue siendo lo que era: 38.600 millones de ingresos de enero a octubre, frente a 38.300 del mismo periodo del año anterior. Japón lleva en una profunda crisis más de veinte años. Una crisis financiera mal resuelta y un gasto público incontrolado son el problema. Sin embargo, en este largo periodo el superávit corriente ha sido enorme, constante y de productos de alto valor añadido, no de commodities.

Así que, señores del Gobierno y palmeros a juego, ¡déjense de engañar a la gente con unas exportaciones que jamás sacaran a España de una crisis como consecuencia de un gasto público inasumible, de una corrupción generalizada y de un sistema financiero inviable! Pero ahí tienen a este Gobierno de depredadores cuya incompetencia solo es superada por su prepotencia, festejando el endeudarnos el jueves en 5.800 millones. Así que, mientras el BCE les siga prestando sin condición alguna, ¿para qué van a dejar de despilfarrar y de saquear si están por encima de la ley (y cuando los pillan no pasa nada) si los que pretenden detenerlos y procesarlos tienen que dimitir o son expulsados? O España acaba con esta oligarquía corrupta y antidemocrática o estos totalitarios indignos acabarán con España.

(1) El contenido importador de las ramas de actividad en España, Carera y Tiana del Servicio de Estudios del Banco de España.

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