23F, EL GOBIERNO PACTADO: PRESIDENTE, ARMADA. VICEPRESIDENTE, FELIPE GONZÁLEZ

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PATRICIA SVERLO.

A las 23:30 la unidad móvil de RTVE llegó al palacio, con los periodistas Pedro Erquizia y Jesús Picatoste. Y un cuarto de hora más tarde Armada salió del despacho de Gabeiras, que le despidió con un abrazo y un “¡A tus órdenes, presidente!“, cuadrándose delante de él. Varios generales todavía insistieron en acompañarlo, pero acabaron acordando que fuera solo para no dar la sensación de coacción. No hay una explicación oficial sobre cómo Armada llegó a conocer la contraseña para entrar en el edificio, “Duque de Ahumada“.

A media noche, el rey se vistió de militar para el vídeo, con uniforme de media gala: camisa blanca, corbata negra, faja con grandes borlas de oro. En la grabación estaban presentes las dos infantas, el príncipe Felipe y la reina, sentados en el suelo delante de él; mientras Sabino, varios ayudantes y Manuel Prado iban y venían. Al parecer este último introdujo una palabra en el mensaje real como recuerdo de su presencia en aquellos momentos trascendentales, pero no se sabe cuál fue. Se hicieron dos copias del vídeo, que media hora después, a las 00:30, salían en coches y recorridos diferentes hacia Prado del Rey.

Prácticamente a la misma hora, a las 00:35, Armada llegaba al Congreso. Había tardado 50 minutos, casi una hora, en llegar desde el palacio de Buenavista, sede de la JUJEM, a Vitrubio 1, que está a 5 minutos escasos. El fiscal Claver Torrente no pareció nada interesado en conocer como se invirtió este lapso de tiempo. Se hacen cábalas sobre la posibilidad de que hubiera pasado por La Zarzuela, para hablar con el rey y con Sabino de lo que diría a Tejero y a los diputados. O incluso para estar presente en la grabación del mensaje real… Pero respecto a este hecho, no se sabe nada. Lo que sí está probado es que antes de entrar en el Parlamento hizo una breve escala en el Palace, convertido en puesto de mando de los generales que mandaban los cuerpos militarizados que rodeaban el Congreso. Armada les volvió a largar el discurso que hacía horas que repetía: que algunas capitanías podrían estar a favor de Milans, que el Ejército estaba dividido… Y expuso su oferta de un gobierno de transición. Le dieron vía libre. El general Aramburu Topete, director general de la Guardia Civil, y el general Sáenz de Santamaría, jefe de la Policía Nacional, le acompañaron hasta la puerta del Congreso. Armada entró en el Congreso tras dar la contraseña convenida por los golpistas para recibir la “autoridad militar” que esperaban, el “elefante blanco“: “Duque de Ahumada”. Habló con Tejero en un despacho acristalado, desde donde los guardias armados no podían oírlos, pero sí que los veían discutir acaloradamente, mientras Armada agitaba en el aire un ejemplar de la Constitución de 1978 que había traído para explicar algo a Tejero. Su propuesta fundamentalmente consistía en el hecho de que se retiraran los guardias, le dejaran pasar al hemiciclo y permitieran que el mismo Congreso deliberara y acordara una fórmula para constituir un gobierno de solución a la situación creada, para que todo volviera a la normalidad. Después el Congreso presentaría su propuesta al rey, a fin de que todo fuera constitucional.

En la versión de Tejero, que Armada no confirmó, los diputados ya estaban preparados, y el futuro gobierno pactado: la presidencia para él; la vice-presidencia para Felipe González; y dos o tres carteras para cada partido, con socialistas y comunistas moderados como Enrique Múgica y Solé Tura, éste como ministro de Trabajo. Armada, además, le habló del tema del avión para que él y sus hombres salieran de España. El enfado de Tejero fue monumental. Aquello no era lo que él esperaba, no era lo que le habían dicho… Insistió en que el rey tenía que promulgar unos decretos que disolvieran las Cortes, que Milans tenía que estar en el Gobierno, que nada de comunistas. Y, naturalmente, no se pusieron de acuerdo. A la 1:20 de la madrugada Tejero daba por finalizada la conversación con Armada, y ordenaba a dos guardias que lo condujeran a la salida e impidieran que volviera a entrar sin su permiso. Y Armada salió del Congreso desolado. ¡Quién sabe qué le debía pasar por la cabeza en aquel momento…! Adentro, Tejero se quedó comentando la conversación con sus oficiales, lleno de ira. Manifestó que estaba dispuesto a no darse por vencido e improvisaron un manifiesto. Intentarían que se difundiera por radio, pero los militares del exterior consiguieron evitarlo. A la 1:23 se emitió el mensaje del rey por televisión. En La Zarzuela todavía no sabían que el plan de Armada había fracasado en aquel momento. Armada ni siquiera había podido seguirlo. Según sus declaraciones, le es imposible concretar dónde estaba en aquel instante preciso: “Yo debía de estar hablando con Tejero en el Congreso”, “creo que estaba en el Hotel Palace, cuando se emitió“, “me parece que debió darse el mensaje por televisión cuando yo iba en el coche del gobernador civil”. En efecto, éste fue el recorrido que hizo al salir. Del Congreso fue directamente a rendir cuentas al Palace de lo que había pasado, y de allí fue conducido al Ministerio del Interior (donde se había constituido una comisión de secretarios de Estado y subsecretarios, el siguiente grado por debajo de los ministros, un organismo civil que tuvo un valor más simbólico que otra cosa, puesto que en toda la noche no tomaron ninguna decisión sin consultarla con La Zarzuela). Fue desde Interior que Armada habló con la Casa Real por primera vez. Pero el mensaje sí que lo habían visto millones de ciudadanos, que esperaban despiertos y expectantes. Entendieron lo único que podían entender: que el golpe había sido abortado por el monarca.

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¿A quién se le podía ocurrir pensar en un desenlace “constitucional” tan rocambolesco como el que habían previsto en realidad? La mayor parte de la población se sintió aliviada y se fue a dormir. Pero en La Zarzuela se echaban las manos a la cabeza pensando “y ahora… ¿qué hacemos?” Con los insurrectos no se había pactado nada para que depusieran su actitud por las buenas, ni se habían tomado medidas militares para reducirlos. El comandante Pardo Zancada, que no quería ni podía aceptar que todo se quedara así, salió de la División Acorazada Brunete con una columna de hombres hacia las Cortes para apoyar a Tejero, como primera reacción al fracaso de Armada. Nadie interceptó la marcha y entró en el Congreso sin dificultad. Un poco más tarde, todavía llegó el capitán de navío Menéndez Tolosa, con la misma intención. Y tampoco tuvo problemas para entrar.

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