23F: LAS CONSTANTES LLAMADAS TELEFÓNICAS DEL REY

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PATRICIA SVERLO.
Otra cosa rara, difícil de casar con la versión oficial que niega la participación del rey en el golpe, fue que, sorprendentemente, las líneas telefónicas de La Zarzuela no se cortaron. La centralita se saturó de llamadas. El mismo rey le comentó a Villalonga años después para su biografía autorizada, cuando ya estaba tan metido en el papel de salvador de la patria que no controlaba lo que decía: “Si yo fuera a llevar a cabo una operación en nombre del rey, pero sin el consentimiento de éste, la primera cosa en la que habría pensado sería en aislarle del resto del mundo impidiéndole que se comunicara con el exterior. Y bien, esa noche yo hubiera podido entrar y salir de La Zarzuela a mi voluntad y, en cuanto al teléfono, ¡tuve más llamadas en unas pocas horas que las que había tenido en un mes! De mi padre, que se encontraba en Estoril –y que se sorprendió también mucho de poder comunicarse conmigo–, de mis hermanas que estaban las dos en Madrid e, igualmente, de los jefes de Estado amigos que me llamaban para alentarme a resistir“. Sabino, que era más listo, se encargó de que este párrafo fuera suprimido de la edición española del libro, en el momento en que se dio cuenta de que el rey había desvelado importantes detalles. Que se sepa, además de la familia, también telefonearon primeros ministros y reyes para preocuparse por la situación; y los presidentes de los gobiernos autónomos del País Vasco y de Cataluña, Carlos Garaikoetxea y Jordi Pujol. Juan Carlos los tranquilizó a todos, en concreto a Pujol con la frase que después recogió la prensa: “Tranquilo, Jordi, tranquilo“. La gente de Comisiones Obreras también telefoneó varias veces y preguntó al monarca: “¿Quemamos nuestros archivos y nos tiramos al monte?” El rey les respondió: “¡Sobre todo, no hagáis eso! ¡Tengo el asunto controlado!” En cambio, Alexander High, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, cuando conoció las noticias en Washington se limitó a declarar: “Es un asunto interno de los españoles… Yo no tengo nada que decir“.

Armada fue al Cuartel General de Tierra en las horas siguientes, también dedicado a cambiar impresiones con unos y con otros, por teléfono o personalmente. A las ocho y media, de nuevo expuso los planes del Gobierno presidido por él a los generales que estaban reunidos allí, para lo cual pidió un ejemplar de la Constitución, con objeto de poder señalarles con toda precisión cómo era aquéllo de que se podía dar un golpe de Estado dentro de la legalidad, basándose en el artículo 8. Al fin y al cabo, según él, “no había situación más anticonstitucional que la existente en aquel momento“. También habló con Milans por teléfono. Y, aproximadamente a las 9, otra vez con el rey. El rey le pasó el teléfono a Sabino y éste tuvo una larga conversación con Armada. Después de esta última charla, Armada habló con el general Gabeiras, su superior, momento en que le propuso abiertamente el plan de ir al Congreso. Le explicó, como a los otros generales, que el Ejército estaba dividido, que la situación era peligrosa, que contaba con el apoyo de los socialistas y… en fin, que consentía en sacrificarse ofreciéndose para presidir el Gobierno. Hablaron también de la posibilidad de ofrecer un avión para que Tejero y sus oficiales salieran de España. Y Gabeiras, aunque no había estado en la conjura en el primer envite, quedó convencido de que lo que tenía que hacer era aquéllo. Pero antes de tomar ninguna resolución definitiva, tenía que volver a hablar con La Zarzuela. Así lo hizo, y a las diez menos cuarto Sabino confirmó que entre los partidarios de la “solución Armada” ya se hallaba también Gabeiras, que le aseguró, además, que estaba dispuesto a acompañar a Armada en su misión. El secretario de la Casa Real le recomendó que no lo hiciera, porque aquello significaría implicar a la JUJEM (Junta de Jefes del Estado Mayor del Ejército).

Pero transmitió el consentimiento real para que Armada fuera al Congreso, aunque precisando que cualquier propuesta tendría que hacerla a título personal, sin hablar del apoyo del rey, y de acuerdo con su conciencia. Aquello era, según lo que preveían, el final de la aventura. No dudaban que todo quedaría resuelto con la visita de Armada a las Cortes, y en La Zarzuela empezaron a trabajar en la redacción del mensaje del rey a los españoles, que seria transmitido por televisión.
Sabino Fernández Campo pidió a RTVE que enviaran un equipo de grabación y otro de filmación, pero se encontró con el problema de que las tropas de la DC Brunete que habían tomado las instalaciones de Prado del Rey no dejaban salir al equipo. Sólo aceptaban órdenes de Armada.

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Afortunadamente, éste todavía no se había ido, y no tuvo ningún problema en telefonear al coronel del Regimiento Villaviciosa para decirle que obedeciera a Sabino. De acuerdo con la iniciativa que acababan de decidir llevar a término, diseñaron un discurso que ponía énfasis en la “fórmula constitucional” como salida al problema militar. Éste es un buen momento para repasar aquellas palabras: “Al dirigirme a todos los españoles, con brevedad y concisión, en las circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo, pido a todos la mayor serenidad y confianza y les hago saber que he cursado a los capitanes generales de las regiones militares, zonas marítimas y regiones aéreas la orden siguiente: Ante la situación creada por los sucesos desarrollados en el Palacio del Congreso y para evitar cualquier posible confusión, confirmo que he ordenado a las autoridades civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomen las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Cualquier medida de carácter militar que en su caso hubiera de tomarse, deberá contar con la aprobación de la Junta de Jefes de Estado Mayor. La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la Patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum“. También entonces se redactó el que sería el primer comunicado público de la JUJEM, también perfectamente de acuerdo con la “solución Armada”, y mientras éste todavía estaba en el Cuartel General del Ejército: “La JUJEM manifiesta que, ante los sucesos desarrollados en el Palacio del Congreso, se han tomado las medidas necesarias para reprimir todo atentado a la Constitución y restablecer el orden que la misma determina“. Se transmitió a las capitanías generales hacia las 11 de la noche. Aproximadamente a la misma hora, Televisión Española empezaba a anunciar la alocución del rey a la nación, sin fijar la hora. Y acto seguido, el rey volvió a telefonear al teniente general Jaime Milans del Bosch. Le pidió que hablara con Tejero para convencerle de que siguiera las instrucciones de Armada.

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El 23-F, Juan Carlos tranquilizó a Jordi Pujol con la frase que después recogió la prensa: “Tranquilo, Jordi, tranquilo“.
A lo que éste contestó: “No me llamo Jordi. Jorge, me llamo Jorge“.
(chiste de la época)