Los amores de Júpiter y Calisto (II)

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JAHEL SANZSALAZAR.

La fuente literaria del asunto está en las Metamorfosis de Ovidio, en cuyo Libro Segundo narra el promiscuo amorío de Júpiter con la hermosa Calisto, ninfa cazadora de Arcadia, hija del rey Licaón, que formaba parte del séquito de Diana. Como Calisto huía de todos los hombres, Júpiter decidió adoptar la forma de Diana para poseerla. De esta unión engendraría un hijo. Más adelante, al descubrir Diana el embarazo de la ninfa, la expulsaría de su séquito, y Juno, iracunda, la trasformaría en osa.

Quellinus siguió con fidelidad el relato del poeta: “Ocupaba el sol, bien alto, un lugar más allá de la mitad de su carrera, cuando penetra Calisto en un bosque que jamás época alguna había talado. Quitó de sus hombros la aljaba, destensó el flexible arco y se tendió en el suelo, cubierto de hierba, con el cuello descansando sobre la adornada aljaba. Cuando Júpiter la vio, cansada y sin que nadie la custodiase, dijo: “Al menos de esta aventura no se enterará mi esposa; y si se entera, sus reproches ¡merecen tanto, tanto , la pena en este caso!”. En el acto toma la figura y el atavío de Diana y dice: “Oh doncella, que formas parte de mi cortejo, ¿en qué colinas has estado cazando?. La doncella se levanta del césped y dice: “Salud, divinidad superior, en mi opinión, a Júpiter, aunque él mismo lo oiga”. Se ríe él y oye y se alegra de que se le prefiera a sí mismo y le da en la boca besos desenfrenados e impropios de que los dé así una virgen. Cuando ella se disponía a contarle en qué selva había estado cazando, se lo impide él con sus abrazos y se delata no sin oprobio (….) Ella desde luego luchó; pero ¿a qué hombre podía vencer una muchacha, y quien podía vencer al supremo Júpiter?[1].

Así, Quellinus coloca el cuerpo de la ninfa extendido junto a un árbol en el bosque, apoyado sobre el carcaj. Viste túnica azul de finos pliegues, piel de león y manto castaño. Júpiter, enmascarado en Diana, ostenta los atributos de la diosa cazadora: el creciente de luna en la frente, la lanza y el cuerno. Lleva túnica rosa espliego, manto escarlata y sandalias en los pies. El único rastro que delata su verdadera identidad es el águila que vuela a la izquierda, el más conocido atributo del dios. El amorcillo que lo acompaña es partícipe de la treta. De hecho, para no levantar sospechas, también ha adoptado la apariencia de una fémina cazadora, con el cabello trenzado, túnica azul y un cuerno atado al costado. Este cupidillo es el alentador de sus engaños: con una mano lo empuja hacia la ninfa, y con la otra se lleva el índice a la boca indicando silencio, mientras dirige al espectador una mirada pícara de complicidad.

Rubens trató el tema en 1613, en un lienzo que conserva la Galería de Kassel[2]. El maestro eligió el instante más íntimo y procaz, con la ninfa desnuda y acariciada por el dios. Quellinus, en cambio, opta por el momento previo en el que Júpiter, metamorfoseado en Diana, se aproxima pronunciando las primeras palabras de acercamiento. La nota cómplice y traviesa del amorcillo es invención de Quellinus.

2.Cleopatra,fig2

Para la figura de Calisto debió inspirarse en la estatua de Cleopatra de los Museos Vaticanos [Fig. 2][3], célebre escultura antigua descubierta a principios del siglo XVI, desde muy pronto admirada y reproducida, e inspiradora de versos como los de Baltassare Castilglione, Bernardino Baldi y Agostino Favoriti. Aunque Quellinus no pudo haber visto el original, pues nunca viajó a Italia, pudo tener al alcance reproducciones de alguna colección de Amberes, o conocerla por grabados o por textos en los que se evocaba por su parecido con las figuras de ninfas dormidas o de heroínas reclinadas[4].


[1] Ovidio, Metamorfosis,  417-437.

[2] 126,5 x 187 cm. Firmado y fechado: P. RVBENS.F.1613. Kassel, Staatliche Kunstsammlungen-Gemäldegalerie Alte Meister, Inv. nº.  GK 86. [Jaffé, M., Rubens, Catalogo completo, Milan, 1989, p. 185, nº196; Schnackenburg, B., Gesamtkatalog Gemäldegalerie Alte Meister Kassel, Mainz, 1996, I, p. 260, 2 ab 37].

[3] Mármol, 162 x 195 cm. Roma, Museos Vaticanos, Galería de las Estatuas. Esta estatua se registra por primera vez en la colección de Julio II en 1512. [Véase Haskell, F. & Penny, N., Taste and the Antique. The lure of Classical Sculpture 1500-1900, Yale University Press, 1981, p. 184, nº 24].

[4] Cf. Haskell & Penny, op. cit. 1981, p. 186.

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Estupendo relato que me sirve para indagar en la mitología y en la pintura. Esperamos que sigas deleitándonos con otros de ahora en adelante. Gracias, JAHEL SANZSALAZAR