CRÍTICAS DE LA IGLESIA SOBRE LOS DIVORCIOS DE ÁLVAREZ CASCOS

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ILLY NES.

Al día siguiente de que Jorge Fernández Díaz soltara aquello de que lo que hacíamos los gays era “zoofilia” llegué Becerril de la Sierra y lo primero que hacen es contármelo. ¿Qué hago yo?  Automáticamente irme a poner una querella criminal. Me llamó pidiéndome por favor que retirara la denuncia, que rectificara, que se habían malinterpretado sus palabras… y se la quité. Pero el ejemplo ya había cundido: su hermano Alberto Fernández Díaz ha dicho que no casará a ningún gay y debe conocer muy mal el Código Penal porque el artículo 511 dice que el cargo público que por razón de orientación sexual denegase un derecho de un ciudadano español, incurrirá en prisión y en penas de inhabilitación. Y es concejal en el Ayuntamiento de Barcelona, según tengo entendido…

Y es que algunas persolasnas sienten un deseo irreprimible de regular la vida sexual y conyugal de los ciudadanos. Cuando Álvarez Cascos se separa de su mujer para casarse con Gema Ruiz, intervino Monseñor Pululu, que no es otro que el obispo Francisco Javier Martínez. En esos momentos, Monseñor alegó que el permiso debía darlo el Papa porque la iglesia tenía prebenda. Como cuando un diputado, que es aforado, no puede ser juzgado sin un suplicatorio.

Cascos

Me parece demencial, ya vale de privilegios de la iglesia. Pululu críticó muchísimo a Álvarez Cascos, y tiene mucho que callar. ¡Que no hable yo! Pululu estaba en el exilio enviado por Francisco Pérez Fernández-Golfín, que era entonces párroco de San Jorge. Después fue obispo de Getafe y murió de un infarto. Él tenía a todos los golfines en la diócesis para que no se contaminasen de la doctrina de Don Vicente Enrique y Tarancón y que no se enriquecieran con el Concilio Vaticano II. Porque Paco Golfín era prácticamente de Trento, igual que Braulio Rodríguez, obispo de Valladolid, que fue mi formador en el seminario. Todo esto venía porque Álvarez Cascos había estado casado tres veces aunque sólo se le conocen dos esposas, porque la primera mujer era muy prudente y discreta.

Rodrigo Rato, que para mí es una gran persona, sacó a la Seguridad Social de la quiebra técnica y la dejó con superávit. Garantizó de por vida las pensiones, que ya no dependen de la Seguridad Social, sino de los Presupuestos Generales del Estado. Hizo reformas muy importantes. Él también se separó de su mujer y nadie trató de impedir su divorcio. No me interesa nada si tiene o no pareja, que sí la tiene, es periodista y se llama Alicia González. Eso lo ha entendido Rodrigo. Cuando Javier Gómez, que había sido vicepresidente de la PPG, y el abogado Manuel Ródenas se casaron, Rodrigo Rato, les llamó por teléfono desde la presidencia del Fondo Monetario Internacional para felicitarles e invitarles a EE.UU como viaje de novios. Es evidente: si un cirujano me está operando a mí, no me preocupa su orientación sexual, sólo que sea un buen cirujano. A mí no me interesa si un político es homosexual o heterosexual, sino que gestione bien esos impuestos que los ciudadanos hemos puesto en sus manos. Quién ocupa el otro lado de la cama no me importa. Y es que las cosas que dice Torquemada Ratzinguer sobre la sexualidad humana… perdón es la dislexia, quise decir Benedicto XVI, son inauditas. Es más fácil que se rompa la fidelidad que el preservativo, mal que le pese.


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