¿QUÉ HAGO YO EN EL PP? COMO LEÓN TROTSKY, LA REVOLUCIÓN DESDE DENTRO

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ILLY NES.

Lo trajeron con haloperidol, valium y no sé cuantas cosas más, completamente drogado. Evidentemente yo había hecho mis gestiones con el consejero de Sanidad, el viceconsejero y el director del hospital, hasta incluso el secretario de Estado de Justicia. Era un paciente Vip. En el hospital le estaban esperando y se quedaron asustados cuando llegó a Urgencias. Diez horas más y muere a causa de la neumonía. Y para colmo, me entero que en el hospital de León le daban de comer en platos de cartón porque era un puto apestado. Era tal la ignorancia entre el personal sanitario y la dejadez del jefe de servicio que pensó que podía existir riesgo de infección si los enfermos se peleaban y se agredían con los cubiertos. Se podían hacer sangre y con el plástico esto no ocurre, pensaban. Tiene infección por VIH.

Le conté lo ocurrido al nuevo gerente del hospital, Mario González González, y me dijo:

–– Esto no es de los años 80, es de la época medieval. De cuando León era reino con caballo, espadas y lanzas.

Cortó muchas cabezas, pero no era sólo en la planta de Psiquiatría, era en Oncología, Neumología… A los enfermos de Sida los tenían como leprosos. Pero ahora ya no se les da de comer en platos de cartón y el gerente me lo reconoció: “te agradezco saber que pasa en la planta de Psiquiatría, porque hay mucha gente que se queja por quejarse. Pero tú estas dando una información no como crítica sin más, si no porque quieres que mejore la situación”.

Además no es una cuestión de dinero. Servir en un plato de cartón sale más caro que cuando tienes vajilla de cristal. Es más caro comprar un plato desechable. Es un problema de ignorancia. ¿Quién hace eso?… Los auxiliares, porque los ATS no. Pero claro, la que da de comer es la auxiliar, que es la que se encarga de la limpieza del paciente.

En el Carlos III, durante el año 2000, cuando yo estuve ingresado con una leucoencefalopatía multifocal progresiva, yo veía que la señora de la limpieza llenaba un cubo de fregar en una habitación y con ese mismo cubo hacía todas las habitaciones. Y claro, lo vi durante dos días seguidos y llamé al director, que era amigo mío, un caballero de Córdoba:

–– Tenéis muchas enfermedades nosocomiales (hospitalarias). Pues las están trasmitiendo las mujeres de la limpieza. Porque mira lo que hacen… Friegan todas las habitaciones con el mismo agua, y claro, las infecciones de una habitación las pasan a otra habitación, y a otra, y otra… ¡No me jodas! Tuvieron que llamar al jefe de Medicina Preventiva para que diese unas clases y coger a la empresa de contratas de limpieza y decirles: “esto se hace así”.

Es un problema de formación, y eso que tenemos la mejor Seguridad Social del mundo. En Sida somos uno de los países mejor preparados. Más que EE.UU. Pero yo quiero más y mejor. ¿Por qué soy un incordio en mi partido? Porque yo le digo a Esperanza Aguirre: “yo no quiero el 112” (teléfono público de asistencia médica urgente en la Comunidad de Madrid).

––¿Cómo que no quieres el 112?, me responde un día.
––No, yo quiero una ambulancia psiquiátrica. Yo quiero centros de media estancia. O sea, una persona con trastornos por esquizofrenia, que puede tener una esquizofrenia paranoide o un brote violento, está tres años en lista de espera para tener una plaza. Mientras tanto, llevas a los empresarios españoles, osea de Madrid, les pagas el viaje para que hagan sus negocios y haces marketing de las empresas de comercio en China. Claro, por eso soy el malo. Y te preguntas ¿Qué hago en el PP? Como León Trotsky, la revolución desde dentro*.


*A este respecto, es interesante la carta publica que desde Zaragoza entonces firmó como “Carlos Alberto Biendicho López “ en El Mundo (25-4-97) y que éste diario tituló como “Las desventuras de un gay en el PP”: “Sr. Director: Leo con estupor (El Mundo, 15-4-97) la noticia de que la Oficina de Turismo de España en Los Angeles promociona el turismo gay hacia nuestro país, con una guía titulada “España Gay. Siente la Pasión”. Siento estupor, cuando pienso que mi partido -soy militante del Partido Popular y homosexual-, y en esos momentos que he decidido “salir del armario” y luchar por nuestros derechos, ha rechazado, por disciplina de voto y no por convencimiento “la toma en consideración” de dos proyectos de Ley de Uniones/Parejas (de hecho) y se permita, despreciando los derechos de más de dos millones y medio de españoles homosexuales (si aplicamos el estudio Kinsey), buscar los dólares de los homosexuales (gays y lesbianas de Estados Unidos). ¿Cabe más falacia que este planteamiento? ¿Cabe más falacia, en la actuación de mi partido, con respeto a los derechos de los homosexuales (gays y lesbianas) y transexuales que argumentan análisis desde distintos puntos de vista, olvidando el fundamental, que es el derecho a la libertad y a la igualdad? ¿No es de todos sabido, la pertenencia de muchos de mis compañeros de partido, al sector del más “puro, radical y genocida integrismo católico” denominado Opus Dei? ¿Olvidan mis compañeros, que se sientan en el Consejo de Ministros, que también pueden estar mediatizados por ese radical confesionalismo de alguno de sus miembros? Tengo que pedir públicamente al PP que sea ecuánime y denuncie la homofobia y la persiga dentro del partido y en sus acciones de Gobierno. ¿Qué ha sucedido con el concejal de Sitges, Ignasi Deo, que mandó abrir fichas policiales homosexuales? ¿Qué pasó con el concejal Joan Fonanet Mateu de Palamós quien dijo en un pleno que la homosexualidad “es un mal en extensión”? ¿Qué ha sucedido con el jefe del Batallón de Instrucción Paracaidista El Jabalí, que realizó una encuesta pidiendo la delación de los homosexuales? ¿Por qué se permite que una publicación médica, cercana al Opus Dei y que reciben diariamente todos los médicos, reproduzca un artículo titulado “Los homosexuales deben ser informados de sus posibles tratamientos?” Y en otra revista mensual, que se lee fundamentalmente en todas las peluquerías de señoras, también cercana al Opus Dei, otro artículo titulado “¡Doctor mi hijo es homosexual! ¿Qué puedo hacer?”, recogiendo una serie de “recomendaciones”, cuando la homosexualidad no es tratable, y por tanto sesgando la libertad del menor e induciendo a recortarla, por parte de los padres y recomendando terapias aversivas. Es evidente, que mis compañeros, o están mediatizados o no son imparciales en reconocer y tutelar derechos, pero dejan que el turismo homosexual traiga divisas e incluso algo de cultura, de democracia y de libertad”.

EL LIBRO “GAVIOTAS QUE ENSUCIAN SU PROPIO NIDO” (LA HOMOSEXUALIDAD EN EL PP) PUEDE ADQUIRIRSE EN BUBOK.

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