A S. M. el Rey de España (II)

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 MAX TURIEL / SUSANA HEILMANN.

Los datos objetivos todos los conocen pero todos los omiten y todos son gente honrada sin duda. No acusamos a la policía de Ibiza de hacer mal su trabajo y no personarse siquiera en el lugar de los hechos. Hicieron lo que se debe de hacer ahora en su Reino.

No acusamos a los jueces del Juzgado de Ibiza de no molestarse en investigar ni tampoco a la Fiscalía. No había necesidad de molestar y molestarse. No había ninguna necesidad de comprobar los testimonios de las tres personas que podía haber inducido todo el asunto. Era indiferente que hubieran mentido en sede policial. Como debe de ser.

No acusamos a ningún Juez de mandar una Comisión Rogatoria sin posiblidad alguna de que alguien la entendiera. No acusamos a ninguna Juez, que sustituye a otro, y decide, sin más, junto a la Fiscalía, archivar el procedimiento con argumentos tan elegantes como:

Mi hija no presentaba signos de violencia. Efectivamente, tiene razón, toda agresión sexual la necesita. Los presentaba además pero el forense dijo que solo eran unos arañazos.

No hay violación con penetración sin violencia. No hay violación si dos testigos sospechosísimos de dar fármacos y que mienten a la policía se convierten en fundamentos de un archivo.

No acusamos a ningún forense que dictamina, sin saber lo que dice, que la cantidad de pócima era insuficiente, aunque quedaran restos en su sangre 48 horas después de suministrársela.

No acusamos a la Fiscalía de exigir que declarara la víctima tres años después de los hechos. No acusamos a la Fiscalía de, palabras textuales, “querer ir a por ella en Ibiza”. No acusamos al fiscal de olvidarse de lo objetivo y centrarse en lo importante que, para la verdad, era contradecirse al no precisar si llevaba puesto el top o no lo llevaba. Y en si señaló a un guardaespaldas con una flecha que volaba y no volaba. Una flecha no sustituye a una palabra jamás. En reprocharle que ahora recuerda más detalles de algo que es inicuo y perfectamente olvidable: una violación.

No acusamos a la Audiencia de Mallorca de ir contra sus propios actos. No la acuso de usar argumentos indignantes y de no mencionar el semen mas que al referirse a su propio Auto anterior y por que no les quedaba otro remedio. Que iban a hacer los pobres, si son gente de honor.

No acusamos, a esos honrados magistrados de “suponer que algo pasó, pero no poder determinar que “ni se investigó nada ni había necesidad de investigar”, la justicia española es así. No investigamos, las cosas tienen que venirnos dadas. El trabajo tiene que venir hecho puesto que si no, no podemos determinar que pasó, ni podemos decir que no se investigó. Y si no nos viene, no vamos a recriminar a los de abajo o pedirles que busquen pruebas. Eso no sería correcto. Sería peligroso porque a lo mejor las hallaban. Ni la policía ni la Fiscalía ni los jueces ni los magistrados tienen que buscar pruebas, ni personarse en el lugar de los hechos, ni pinchar teléfonos, ni buscar testigos de referencia. Buscar siempre es arriesgado y encontrar es tirarse al abismo. Menos mal que solo había semen y droga en su cuerpo y solo con eso… Que identifique ella si quiere. Nosotros ni podemos, ni queremos, ni es factible en una España democrática.
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No acusamos a abogados que sin personarse en ninguna causa, consiguen documentos, los interpretan a su gusto, sin que nadie más los vea, y se los dan a los fiscales.

No acusamos a nadie de que las preguntas que hace el fiscal sean las mismas que hacen dos periodistas muy conocidos mucho antes de que la víctima declare. Que importa eso. Lo importante es que en España impera la ley y los jueces y fiscales son libres e independientes. Sirven al pueblo soberano.

No acusamos al abogado recomendado, de torcer la ley y de presuntamente sobornar voluntades. No acusamos de nada.

Ni hablamos, paseamos por un sendero que un día se abrió limpio y nos cuesta seguirlo, la hierba lo invade y en algunos tramos ya lo oculta. Recorremos cada vez más a menudo ese camino y cuando volvemos la vista atrás apenas vemos nuestras huellas sobre la hierba limpia. Solo los recuerdos del aroma perfecto exhalado de la hierba.Y ahora…. Ahora, la más repleta cloaca despide un perfume mejor.

Será el tiempo quizás. El tiempo pasado, el tiempo que nos hace escépticos, que confunde los aromas. Con el tiempo todo huele a podrido, el cielo tiene color de mentira y el mal se hace con buena conciencia.

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