ILLY NES.

Se acaba mi relación con Paco y empiezo a colaborar con una asociación que se llama OM, donde había una gente muy maja. Venían todos de Proyecto Hombre con una sensación de culpabilidad enorme, que no te puedes llegar a imaginar. El promedio de vida de los enfermos de Sida era patético, estamos hablando del año 1995 y moría la gente como chinches. Preguntábamos como estaba la cuenta del carnicero para saber quien había muerto esa semana. Había unas carencias brutales y teníamos una comparecencia en la Comisión de Peticiones de Derechos Humanos de las Cortes de Aragón. El tema era preocupante, estamos hablando de los años duros en los que la gente se moría muchísimo. Entre 1993 y 1995 fueron los de mayor mortalidad en Sida de España, aunque en el 95 empezó a bajar (1).

Puesto que yo era el secretario y me expresaba bien, se decidió que yo compareciera en las Cortes. Piensen que entre los usuarios de droga vía parental no todos son de un nivel cultural bajo, hay de todo. Entre ellos estaba el hermano de Ruiz Gallardón, una persona muy formada que se murió de Sida. La hija de Jaime Peñafiel era arquitecta y también se murió de Sida, eran usuarios de droga vía parenteral. Un día antes de la comparecencia, me vienen varios periodistas, Pachica García Inda de El Heraldo de Aragón y Carmina Puyod, de El Periódico de Aragón, junto a Miguel Pérez, director de Antena 3 en Aragón. También acudió Francisco Portillo, de Televisión Española, que quería hacerme un reportaje.

Yo era un ingenuo porque a menudo no eres consciente de lo que haces y muchas cosas que he realizado han sido por pura inconsciencia, aunque el precio ha sido muy caro. Igual que cuando tomas el tratamiento de antiretroviral ya no hay vuelta atrás y no puedes dejar de tomarlo. Controlas el virus y ganas muchos años de vida, pero ya no puedes dejarlo porque se generan resistencias.

Cuando das la cara ya no hay marcha atrás. Aquellos reportajes se iban a pasar por televisión el día de la comparecencia. Era tal la afluencia de diputados y diputadas que no se cabía en la sala y decidieron llevarlo a la de plenos. Había tanto público que estaba a rebosar. Teóricamente era la única comparecencia. Yo hacía una exposición y entonces cada diputado me podía formular una o dos preguntas. Si quería, podía contestarlas todas al final, pero dije que no. Y no se me ocurre otra cosa que no llevar preparado un discurso, únicamente los datos oficiales, las denuncias. Que salga el sol por donde quiera, pensé… Y por si eso fuera poco, se me ocurre la brillante idea de empezar el discurso diciendo:

— Señor presidente, señorías… soy gay y tengo Sida.

Ya no había marcha atrás porque Antena 3 empieza los informativos diciendo “Hoy ha sido un día histórico para Aragón y para España. Por primera vez, un enfermo de Sida se planta delante de sus señorías diciendo…”. Estábamos comiendo en casa, no sé si eran judías, lentejas… recuerdo que era comida de cuchara y mi padre se quedó boquiabierto con la cuchara a escasos centímetros de la boca, perplejo al ver como su hijo se reafirmaba como gay y enfermo de Sida. Justo después de mi intervención emiten la entrevista y el reportaje que me habían hecho, con una duración de unos 20 minutos (2).

Me dije… ¿Carlos, que acabas de hacer? Los informativos regionales los ve todo el mundo y eso hace que salgas a la calle, subas a un autobús y todos empiecen a mirarte. Que te bajes en el Paseo de la Independencia y todos te paren para solidarizarse o para ofrecerse. Llego al “Mick Habana”, un café gay y todo el mundo felicitándome, “¡Que huevos tienes! No sabía nada, si puedo hacer algo por ti…” Y a partir de ese momento ya no hay marcha atrás. Sin darte cuenta adquieres un compromiso por los derechos de los homosexuales, con los enfermos de Sida, por los derechos de las personas que tienen infección por VIH.

No son los de Zaragoza, no son los de Aragón, no son los de España, ni los de Europa, son los del mundo porque todos somos humanos. Empiezas a sensibilizarte con la declaración de los derechos humanos, con los derechos fundamentales de las personas, con las injusticias sociales. Te das cuenta de que allí donde los derechos humanos no son respetados, las poblaciones se convierten en más vulnerables. La prueba la tienen en el incremento del Sida en la mujer, porque nadie la respeta como tal y es fruto de violaciones.

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(1) Biendicho nunca abandonó su trabajo como activista antisida, según recoge Rafael J. Álvarez en El Mundo, 29-4-03: “Denuncian que la lista de portadores del VIH atenta contra la intimidad”: “El registro de portadores del VIH vulnera los derechos a la intimidad, la libertad informática y la protección de datos personales, asuntos guarecidos en la mismísima Constitución. Lo dice la Asociación de Ayuda a Presos/as (PreSOS), que ayer presentó en la Audiencia Nacional una demanda contra el Ministerio de Sanidad en materia tan sensible. El 18 de diciembre de 2000 Sanidad creó el Sistema de Información sobre Nuevas Infecciones por VIH (SINIVIH), un fichero gigantesco con los datos de las personas que han adquirido el virus aunque no hayan desarrollado la enfermedad. En ese banco informativo aparecen las iniciales del individuo, la fecha de nacimiento, el sexo, la provincia donde reside, la forma en que se infectó y datos clínicos y de laboratorio. Alumbrado por la protesta de PreSOS, el presidente de la Plataforma Popular Gay, Carlos Alberto Biendicho, exigió ayer a José María Aznar que retire la orden de Sanidad y que “se siente personalmente a pactar un registro encriptado y codificado que preserve el anonimato de las personas infectadas, con la totalidad de ONG que trabajan en VIH/sida”. También le pidió que “personalmente ratifique” la campaña contra la discriminación de las personas con infección por VIH/sida, “prometida por la ministra, Ana Pastor”.

(2) “Biendicho, una pincelada rosa en el PP”, escribió más tarde la periodista Virginia Miranda en El Siglo (11-02-02, nº 495), haciendo un resumen de su biografía: “La historia de su vida podría haber salido de una novela, pero en realidad surgió hace 48 años en la ciudad brasileña de Sao Paulo, donde recalaron sus padres zaragozanos tras escapar de la dura posguerra española. Diez años después llegó por primera vez a su país (su partida de nacimiento fue inscrita en el consulado español), donde cursó estudios en el colegio La Salle y en un instituto antes de comenzar a estudiar la carrera de Veterinaria. Sin embargo, los abandonó nada más comenzar el servicio militar, donde a través de los procesos de formación del ejército llegó a ser oficial en activo. Diez años después su vocación sacerdotal le llevó al seminario de Madrid de la mano de la Prelatura del Opus Dei, donde estudió Filosofía y Teología. Cuando entró en vigor el actual código de derecho canónico y se constituye la Prelatura personal de la Santa Cruz y del Opus Dei, pidió la admisión a la sociedad sacerdotal de la Santa Cruz, donde fue el primer aspirante a agregado. Poco después, su nueva responsabilidad le hizo sentirse obligado a confesar su homosexualidad al director espiritual de la Prelatura. Lo que más lamenta Biendicho son las presiones del sacerdote para que confesara el nombre de las otras personas con los que había mantenido relaciones sexuales. En aquel momento no delató a nadie y tras permanecer recluido en una parroquia del Parque de las Avenidas (Madrid) en 1987, decidió comenzar de cero en la vida civil. Poco después, en 1990, le diagnostican el virus del VIH y decidió acudir a la asociación antisida OMSIDA, donde entró a formar parte de la misma como secretario de la junta. Fue allí donde se dio cuenta de que la Administración tenía que implicarse en la problemática del Sida y propuso solicitar una comparecencia ante la Comisión de Petición de Derechos Humanos de las Cortes de Aragón. Antes de esta primera comparecencia pública ya se había afiliado al Partido Popular porque considera que “las personas no pueden permanecer asépticas” y deben implicarse “ya sea en un partido, una asociación o un sindicato”, para alcanzar sus metas. La suya, en este caso, hacer uso de la visibilidad para trabajar por la plena igualdad de las personas”.

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