LOS INFILTRADOS DEL OPUS DEI

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ILLY NES.

 

Cuando llegué a Hoyo de Manzanares, ya me había “seleccionado” un sacerdote en el centro cultural ANADE, que es el lugar donde yo fui siendo muy joven, y que como ya dije antes fundó Miguel Ángel Albás, sobrino de José María Escribá i Albás y hermano del controvertido Carlos Albás, quién me habló mucho de su tío. El sacerdote de allí era Arcadio Valero y él me hizo pensar que tenía vocación sacerdotal. Por ello me preparó una entrevista con Rafael Magan Terreros, sacerdote que se ocupaba de todos los demás en España. Me citaron varias veces en la oficina de prensa del Opus Dei, calle Vitrubio número 3, cerca de la Junta de Jefes de Estado Mayor, y me hicieron creer que poseía la llamada de Cristo.

 

Programa de televisión “La clave” (1992)

Y me pusieron “manos a la Obra” para ellos. Todos los días por San José se hace una lista de personas a las que vas a trabajar durante todo un año haciéndoles proselitismo. Y ese día se abre esa caja para ver cuantos han pitado (ya he dicho que pitar es pedir la admisión ala Obra). O cuantos están yendo a círculos, convivencias, etc… Está todo muy organizado y de cada persona, aunque en España hay una Ley de Protección de Datos, cuando tu hablas con tu director o tu directora, se hace un pequeño informe que a su vez es enviado a la delegación de esa provincia. En Madrid hay dos: Madrid este y Madrid oeste, separadas porla Castellana como eje.

 

Esos informes van todos al Consiliario que está en el Colegio Mayor Montalbán, calle Diego de León, muy cerca de donde se produjo el atentado contra Carrero Blanco. A mí me hicieron pensar que tenía vocación sacerdotal y me manipularon para que entrara de infiltrado en el seminario de Madrid, en la época de Vicente Enrique y Tarancón. Cosa que hice, con la idea de pasar información de todos los profesores y de su rector, Juan Martín Blasco, de su vicerrector Andrés García dela Cuerda, de los formadores Braulio Rodríguez Plaza, hoy arzobispo de Valladolid y de alguien que vino del exilio, de la diáspora, que lo habían sacado de Madrid para que no se contaminase de la doctrina de Tarancón, Francisco Javier Martínez, arzobispo de Granada y en estos momentos procesado por mobbing. Algo de lo que hoy me arrepiento enormemente y por lo que pido perdón públicamente.

 

Como existían una serie de formadores que te trataban como persona, vestían vaqueros y se iban contigo a jugar al fútbol o montar en bicicleta, me hicieron pensar y comenzar una labor con seminaristas, y me dediqué a la captación de quienes en Madrid no estaban de acuerdo con la doctrina de Vicente Enrique y Tarancon con objeto de enviarlos a seminarios más tradicionales como el de Toledo, Burgos o Sigüenza. O con estudiantes de teología en la Universidad de Navarra.

 

A mí me tocó la labor de captación, allí conocí a sacerdotes como los hermanos Escartín, Carlos y José María; a los hermanos Cremades Sanz Pastor, Carlos y Javier, hijos de un supernumerario, Procurador en Cortes en la época franquista… Conocí la intemerata, como a Agustín García Gasco, que lo estaban captando, Salvador Canals, Álvaro del Portillo… hablo de las cumbres de la jerarquía episcopal. He nombrado a tres que hoy son obispos y arzobispos, uno de Valencia, otro de Granada y otro de Valladolid. Había un fanatismo que se llamaba “apostolado” o “proselitismo” para captar adeptos a la Obra. El objetivo era que esos seminaristas, el día que se ordenaran sacerdotes, fueran fieles ala Prelatura.

 

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