¡Viva la República!

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JAVIER PÉREZ DE ALBÉNIZ.

Dicen que TVE, la televisión pública española, no admite publicidad. Pero es mentira: el sábado (13 de octubre) estrenaron “Audiencia abierta”, el primero de una serie de publirreportajes sobre las actividades de la monarquía financiados, como la propia monarquía, por todos los españoles. Un espacio promocional que consiste en mostrar, durante media hora y de diferentes maneras, lo listos, trabajadores, útiles, campechanos y profesionales que son Juan Carlos y familia. Y por tanto, lo imprescindible que es la monarquía, lo barata que resulta y lo huérfanos que estaríamos sin jefe del Estado. El puñetero NODO, pero en color.

El director de semejante bodrio propagandístico es Miguel Ángel Sacaluga, socialista, miembro del Consejo de Administración de RTVE y famoso por haber intentado controlar junto al PP los guiones de los servicios informativos. Quienes dejaron la promoción televisiva de la Casa real en sus manos sabían lo que hacían. “No está coordinado por Zarzuela”, dice sin ruborizarse Sacaluga, “es un programa periodístico elaborado con criterios de rigor y objetividad”.

Tronchante. ¿Un programa periodístico sobre la Casa Real en TVE elaborado con criterios de rigor y objetividad? Ese especial debería arrancar con las novedades del caso Urdangarín… No, no, cuidado, que solo se trata de explicar a los telespectadores “el papel de la jefatura del Estado”. Bueno, pues entonces dejemos las cacerías de elefantes, las relaciones extramatrimoniales o los paraísos fiscales para futuros programas, y comencemos por el principio. En el programa ya lo hacen: han creado una sección maravillosa titulada “Todo empezó así”…

Todo empezó así (en la foto, la familia real). Pero en “Audiencia abierta” evitan las imágenes del entonces valedor y padrino de Juan Carlos. Quieren convencer al telespectador de que este hombre llegó a España el día en que fue proclamado rey. No se ve nunca la figura del dictador pero, lástima, sí se escucha el inevitable “desde la emoción en el recuerdo a Franco… ¡Viva el Rey!”.

Todo es propaganda y obviedad en “Audiencia abierta”, un programa donde se repite como en un mantra que el rey “es símbolo de integración”, “es jefe del estado y símbolo de unidad y permanencia”, “es el cierre de la cadena, la figura en la que empieza y acaba el engranaje constitucional”. Para tan noble fin no podían dejar de colaborar políticos cómplices: “Los gobiernos lo hacen mejor o peor, pero el rey sigue. Los políticos aciertan o se confunden, pero el rey sigue. Es una garantía del gobierno democrático”, dice Pío García Escudero, del Partido Popular. De Santiago Carrillo eligen su frase menos inspirada: “(En la Transición) aceptamos la monarquía a condición de que fuese como es”. Y por si a alguien no se le habían revuelto aún las tripas aparece José Bono. Y habla de sí mismo.

“Es grave, triste y preocupante el incremento de jóvenes que no estudian pero tampoco se han insertado en la vida laboral”, dice el príncipe Felipe poniendo cara compungida. “El heredero ha tomado la responsabilidad… y son constantes sus viajes… para apoyar a las empresas españolas”, afirma una voz en off que ya prepara el relevo.

Y no se pierdan “Otras monarquías”, sección dedicada a parásitos allende nuestras fronteras. La corresponsal de TVE en Londres no se sale del guión y advierte: “Isabel II lleva 60 años reinando y goza de popularidad y respeto”. ¿Sugiere que tenemos monarquía para rato?

Ver “Audiencia abierta” es un atraso. Nos hace retroceder en el tiempo, tanto intelectual como moral, culturalmente y anímicamente. Mata las neuronas del telespectador, adormece su sentido crítico e insulta su inteligencia. Viendo “Audiencia abierta” te entran unas ganas terribles de apagar la televisión (arrancando el enchufe), colgar en la ventana una bandera republicana y dejar de pagar los impuestos que financian semejante bazofia. Esa televisión pública casposa y miserable que, como la monarquía, sufrimos y pagamos todos los españoles.

 

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Thulio Moreno

Pretender que una familia represente a una Nación es, no sólo absurdo, sino inútil.
La Borbón es una familia sin apoyo democrático, quizá populista, pero sí populachera. Hace muchos años un ascendiente renunció a permanecer en España, a hacer frente a la crisis política y a dar soluciones al País; algo, que como Jefe del Estado estaba comprometido. Esa renuncia no obligaba, y condenaba, sólo a Alfonso Borbón, sino a sus descendientes, que no pueden, desde entonces, alegar derechos sucesorios a nada; pues su ascendiente -titular inicial de ese derecho- eludió respetarlo y conservarlo.
La IMPOSICIÓN franquista de Juan Carlos, además de ser desleal con su padre y por tanto destrozar un principio familiar monárquico, cual es el hereditario, supuso la aceptación de los Principios Fundamentales del Movimiento y la JURA de lealtad a sus orígenes (el golpismo de Franco). NO hay en su génesis nada más antodemocrático, que jurar los Principios Fundamentales instauradores de la Democracia Orgánica; es decir, de la dictadura.
Pero a un País sin tradición democrática, no se le puede pedir análisis exhaustivo, ni somero, de su limbo político. Por eso quedan 450.000 personas, que ven y disfrutan de programas de adoctrinamiento burdo y ruín, como el que llaman “Audiencia abierta”.
Cuándo el rey audita algo. Y sobre todo, cuándo admite crítica o corrección.
De su hijo, Felipe o de los nuevos que han aparecido, incluso primogénito extramatrimonial, no voy a añadir nada. A estos no nos los ha impuesto Franco, ni han jurado los Principios Fundamentales del Movimiento, por lo que “carecen de autoridad y legitimidad” como la de su padre, para sustituirle en la Jefatura de Estado.