El triunfo de los mediocres

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DAVID JIMÉNEZ.

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.

Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

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cruzyManuel Ramoscarlos Comentaristas mas recientes
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carlos
carlos

A la mayoría encima de apalearla, la tratan de convertir en culpable principal de un sistema heredado e impuesto por la fuerza (y la sangre de tantos), invadido en todas las capas sociales por el caciquismo, la difusión constante de mentiras desde todos los medios pagados por ese clan, etc. etc. La porquería cae de arriba a abajo y no en el sentido inverso. Un discurso basado en asegurar que ha llovido a todos por igual está alejado por completo de la verdad. Creer que en un modelo puramente capitalista, sin moral ni ética, que la lista de universidades es por puro mérito… de chiste, vamos. Averigüe lo que opina el economista Steve Queen al respecto.

El sistema como tal acabó hace años y esta es su verdadera cara. Son los políticos quienes han aplicado el rodillo en la enseñanza, dejando las aulas hasta sin papel higiénico a cambio de seguir aumentando los ceros en sus cuentas en paraísos fiscales (esos que aseguran sin sonrojarse que hay un gasto por estudiante mayor a otros sitios y tienen cargos políticos en las direcciones educativas). El beneficio de esta minoría tiene unas consecuencias muy claras, porque todo bombardeo de deuda en un sitio determinado lleva asociada su correspondiente bomba física en una región concreta del mundo real.

Juntar a los emisores de crédito y la mano armada con los asalariados que solo disponen de su fuerza de trabajo en un mismo saco resulta un insulto a la inteligencia. Generalizar está muy feo, señor mío. Permítame aconsejarle que vea menos la imagen deformada que ofrece la televisión, o mejor: tire a la basura el TDT.

Manuel Ramos

Vivimos dirigidos por ineptos que por falta de humanismo entendieron mal el “aurea mediocritas” de Horacio y ahora glorifican al mediocre cuando el poeta latino quiso alabar el término medio, la ecuanimidad y la belleza. Valores, estos últimos, bastante escasos en este régimen.
Felicitaciones por su artículo.

cruzy
cruzy

Ojalá no fuera verdad todo lo que dices, pero para nuestra desgracia es así.
De todas formas la esperanza nunca se puede perder, y somos muchos los que no nos dejamos engullir de lo mediocre, y trabajamos y vivimos en este país con sentido común y honradez, somos personas anónimas y generalmente autónomas que desarrollamos nuestra actividad sin el yugo de las ideologías porque nos sentimos libres.