El fin de la mal llamada meritocracia

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VICENÇ NAVARRO.

Una de las consecuencias de la enorme crisis financiera y económica que estamos experimentando es la pérdida de confianza en las élites gobernantes, sean éstas financieras, económicas, mediáticas o políticas. La confianza que un sistema político democrático requiere que exista entre el establishment –las instituciones que gobiernan las distintas actividades financieras, económicas, mediáticas y políticas del país- por un lado, y las clases populares por el otro, se está perdiendo rápidamente. La gente normal y corriente, que solía creer que “los que mandan” son mejores y tienen más información sobre la cual toman decisiones, ya no cree en ello. Más y más gente cuestiona que las élites que están arriba mandando estén allí debido a su mérito. Según la última encuesta de valores realizada por la Pew Foundation, la mayoría de las poblaciones de los países en recesión incluyendo los países de la Eurozona, no confían en las élites gobernantes. Y ello explica que tales élites estén perdiendo no sólo la confianza sino su legitimidad para “mandar”, sea en el sector que sea.

Hay muchas consecuencias de este hecho, fácilmente evidenciables. Pero una de las más importantes es que además del esquema político derecha-izquierda hay que incluir otra línea divisoria que separa los que están arriba de todos los demás, que constituyen la gran mayoría de la población. Esta mayoría percibe que la línea ascendente en el gradiente social no la determina el mérito, sino las conexiones y relaciones interpersonales determinadas en gran parte por el origen social del individuo, definido este por clase social y género. En realidad, la evidente incompetencia de los que están arriba (tanto en los sectores financieros como en los políticos), que aparece claramente en su continuo y persistente intento de seguir las políticas de austeridad que han conducido a estos países al desastre, muestra que el mérito tiene poco que ver con que estén donde están. Las conexiones y redes de intereses (que los sociólogos llaman capital social y la gente normal y corriente llama las conexiones y enchufes) que les permiten trepar, explica que estén arriba. Ésta es la percepción hoy generalizada.

Es lógico, pues, que la gran mayoría de la ciudadanía cuestione el sistema que permite a las élites existir, permanecer y reproducirse, sin ninguna justificación o responsabilidad frente a los demás (lo que en inglés se llama accountability). La meritocracia aparece como la ideología que las élites promueven en los medios que controlan para justificar su poder. La pérdida de credibilidad de esta ideología es clara y enorme. La gran mayoría de la población en la citada encuesta Pew, no cree que las élites gobernantes sean “mejores” que la gente normal y corriente. En realidad, comienza a verse lo contrario. Unos porcentajes que están creciendo son los de los que piensan que la gente de arriba es más corrupta que la gente normal y corriente. Se han enriquecido, no a base de sus méritos, sino a base de sus contactos y conexiones (repito, el llamado capital social).

Esta toma de conciencia lleva a una situación que tiene un enorme potencial explosivo, pues el mayor grado de conocimiento y mayor exigencia que ello conlleva, conduce a una situación en que la falta de credibilidad de la ideología meritocrática provoca el deseo de cambiarla o eliminarla. Y de ahí surgen los movimientos contestatarios: de la concienciación de que los que tienen gran poder en el país defienden, no los intereses generales de la población, sino los particulares que representan, careciendo de legitimidad para estar donde están y tener el poder que tienen.

Los movimientos contestatarios.

No es, pues, por casualidad, que tales movimientos hayan surgido en países como España y como EEUU, donde hay mayor concentración del poder financiero, económico, mediático y político, y donde la relación existente entre estos diferentes establishments es más acentuada. La relación y conexión, por ejemplo, entre el establishment financiero, el mediático y el político alcanza dimensiones elevadas en España y en EEUU. De ahí el surgimiento del 15-M y del Occupy Wall Street. Son movimientos de denuncia de la gran concentración del poder y de las enormes limitaciones que ello determina en el sistema democrático de tal país. En ambos países las limitaciones del sistema democrático son enormes y evidentes. El “no nos representan” del movimiento 15M es ampliamente entendido y compartido por la mayoría de la ciudadanía, mayor en las personas de sensibilidad progresista, pero también presente en personas de sensibilidad conservadora.

Ello conlleva una distancia cada vez mayor entre los gobernantes y los gobernados, que incluye a los gobernados de distintas sensibilidades políticas. En ambos países, tales movimientos contestatarios actúan como conciencia colectiva de la mayoría de la población. Su gran poder deriva del gran apoyo popular que reciben. De ahí el enorme temor que tales establishments han mostrado, aumentando la represión, que ha alcanzado en España y en Catalunya un nivel no visto desde tiempos de la dictadura.

Tales movimientos, en contra de una imagen intencionada y sesgada promovida por los medios conservadores, han sido altamente exitosos, pues han puesto en el centro del debate y de la visibilidad mediática las enormes falsedades en las que se apoya el sistema. En España, hay una escasísima representatividad del sistema político (“no nos representan”), una enorme corrupción de las estructuras políticas (“no hay pan para tanto chorizo”), una exigencia del cambio (“si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”), y una larga lista de eslóganes que reflejan gráfica y simbólicamente los enormes déficits del sistema político-económico heredado de la transición inmodélica, hecha en términos muy desiguales con gran dominio de las fuerzas conservadoras en aquel proceso de transición, determinando una democracia muy incompleta, con un bienestar muy insuficiente (todavía hoy España tiene el gasto público social por habitante más bajo de la UE-15).

Estos movimientos, con su estrategia de ridiculizar al establishment (lo cual hacen con gran creatividad y humor) están mostrando que el rey está desnudo. La manera como los “yayo flautas”, un grupo de ciudadanos de edad avanzada, ridiculizan la pomposidad del poder es digna de aplauso y apoyo. Al poder hay que mostrarlo por lo que es: la mera defensa de intereses particulares para el enriquecimiento de élites que han trepado hasta arriba a costa de todos los demás.

No es su objetivo convertirse en un partido político sino denunciar los enormes déficits democráticos, y radicalizar a los instrumentos políticos y sociales que necesitan que se les agite para que sirvan mejor a la ciudadanía. Y lo están consiguiendo.

Una última observación. Este distanciamiento entre gobernantes y gobernados, resultado de las enormes insuficiencias del sistema democrático español, no debe llevar a un sentimiento antipolítico que conduce a un fascismo antidemocrático (Franco era el indicador máximo de la antipolítica) sino a un mayor nivel de exigencia democrática, pidiendo con toda contundencia, que se hagan las transformaciones profundas de lo que se llama democracia en España, para conseguir una democracia real y auténtica en la que sea la ciudadanía el origen de todo poder, expresado este, tanto en forma directa como indirecta, dentro de un sistema auténticamente proporcional el que cada ciudadano tenga la misma capacidad decisoria en el país, expresada a través de referéndums vinculantes (tanto a nivel central como autonómico y municipal) así como a través de instituciones auténticamente representativas. Y exigiendo también una pluralidad en los medios, hoy prácticamente inexistente en España, que represente la existente pluralidad que hay en la ciudadanía española.

* Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL. Según el autor, este artículo señala que la ideología existente en nuestras sociedades, que asume que el gradiente social está basado en el mérito, está siendo cuestionada ampliamente, con la aparición de movimientos tales como el 15M y el Occupy Wall Street que cuestionan el orden establecido.

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Paco Bono

¿Otra vez este partidócrata reaccionario por aquí?

Pedro M. González

La verdad es que el diagnóstico inicial es certero, pero la consecuencia que obtiene no hay por donde cogerla

JesusN

La meritocracia claro, existir existe, aunque es escasa y no se ve como puede llegar a ser más representativa. Esta desilusión es una consecuencia LÓGICA de las instituciones que tenemos. Se habló de modernizar la gestión de la administración, de eliminar la burocracia, el elector sería un CONSUMIDOR al que habría que SEDUCIR. La consecuencia es que según los politólogos británicos los programas electorales se hacen a medida para “Ocho tipos bebiendo vino en Kettering”, una clase media informada en lo superficiial, lo mediático, y por tanto iletrada. La frustración llega cuando el CONSUMIDOR POLÍTICO descubre que los “distintos” productos no son capaces de resolver las situaciones críticas en las que nos encontramos

http://laproadelargo.blogspot.com.es/2012/01/ampliacion-del-campo-de-batalla.html

quizás habría que haber tomado un papel más activo y no el de simple CONSUMIDOR pero ¿quien tiene tiempo y ganas?

Thulio Moreno

No pongo en duda su conocimiento económico, pero su análisis político adolece de precisión y contiene errores y confusiones de bulto.
Destacar el enriquecimiento como señal de traición al compromiso político, es muestra de un enfoque económico, no errado, pero sí insuficiente. La actual traición al compromiso con el elector es mucho más amplia. Porque está causada, no por la ciudadanía conservadora, como cita el autor, sino por toda; izquierda y derecha, activa (voto a opciones corruptas) y pasiva (nulos, blancos y vacíos). Sólo quienes rechazan este sistema, son ajenos a esta farsa.
Por otra parte, no creo que los movimientos 15M, 25S, DRY, o futuras convocatorias por Internet, sean promociones conservadoras, como parece desprenderse del escrito.
Pero la confusión se hace disparate, cuando se afirma, que la imagen deformada y sesgada -contra la que luchan dichos movimientos-, la alienta la derecha. Por lo siguiente:
– Si el rechazo (de los movimientos exitosos) es al enriquecimiento ilícito, a la falta de representación y al nepotismo ¿es esa imagen falsa? NO, pues entonces, da igual quien diga, que el rey va desnudo; porque eso es verdad.
– Si el rechazo (de los movimientos exitosos) es contra la corrupción del compromiso social, no debe excusarse en que lo promuevan los conservadores. Es más, debería ser apoyado por todo el mundo.
– Pero NO es asi. Lo que está ocurriendo es, que se plantea un relevo de jugadores, no un cambio del reglamento de juego.
En fin, decir que el sistema español es democrático, es un oxímoron. Con lo cual el posterior objetivo de corrección, no puede llegar a buen término.

Luis "er Maki"
Luis "er Maki"

Es una gran aportación a las paginas de nuestro Diario los artículos del Sr. VICENÇ NAVARRO, al contrario que lo expresado por nuestro republico Paco Bono estos escritos tienen la utilidad de desmontar la falsa teoría política que han convertido el escenario del desastre económico, institucional y político en una película de “indios de los años 60”, no señor… los buenos no son siempre EL 7º DE CABALLERIA la falsa izquierda disfrazada de progresía son tan culpables como la “derechona”, comparten los mismos consejos de administración (por cuota) en las Cajas de Ahorros, quebradas algunas, saqueadas todas y han puesto en el timón del BdE al personaje necesario para seguir ocultando el desastre… si todo esto no lo entienden los lectores del Sr. NAVARRO les diremos que TODO EL TINGLADO PARTIDOCRATICO se reparten por igual el poder y los fondos del Estado en vergonzante escote a partes iguales, DERECHA, IZQUIERDA, NACIONALISTAS Y PARTIDOS COLATERALES… oño ninguno renuncia a tan suculentas fuentes de rapiña… y cuando digo NINGUNO, es NINGUNO, ni los que presumen de antisistema.