PATRICIA SVERLO.

Completamente lanzado a esta aventura, Don Juan decidió condenar el régimen totalitario de Franco en el Manifiesto de Lausana del 19 de marzo de 1945, en el que dejaba bien clara su postura. Aunque, respecto a esta condena hecha por el presunto demócrata Don Juan, de la que tanto se ha escrito después, tampoco había para tanto.

“Sólo la Monarquía Tradicional puede ser instrumento instrumento de paz y de concordia para reconciliar a los españoles; sólo ella puede tener respeto en el exterior mediante un efectivo estado de derecho y realizar una armoniosa síntesis del orden y de la libertad en que se basa la concepción cristiana del  Estado”, decía el manifiesto.

Eso sí, harto de esperar durante seis años desde el final de la guerra, cada vez más desesperanzado, que Franco cumpliera el plan inicial y le colocara como rey una vez consolidado el poder, no le costó demasiado hablar de “disconformidad e insolidaridad” con el Régimen:

“Por estas razones me revuelvo para descargar mi conciencia del agobio cada día más apremiante de la responsabilidad que me incumbe a levantar mi voz y requerir solemnemente al General Franco para que, reconociendo el fracaso de su concepción totalitaria del Estado abandone el poder y dé libre paso a la restauración  del Régimen tradicional de España, único capaz de garantizar la Religión, el Orden y la Libertad”. Su criterio de progreso para el pueblo pasaba por la monarquía, la religión, pero no la libertad religiosa, y el traspaso de poderes al margen de lo que habían determinado las elecciones generales antes del golpe militar de 1936. Todo un paradigma de los criterios sobre la libertad a que hacía referencia.

 

 

Pero el manifiesto resultó contraproducente para los objetivos que perseguía. Por un lado, el dictador prohibió con graves amenazas que se publicara la declaración. La censura actuó de manera implacable. Ni siquiera el ABC pudo hacer la más mínima alusión a un texto que sí recogieron los diarios del extranjero. Por otro lado, los aliados dejaron colgado a Don Juan. El cambio empezó cuando murió el presidente Roosevelt, el 12 de abril de 1945, dos meses después de la conferencia de Yalta. Su sucesor en el cargo, Truman, no asumió́ los compromisos alcanzados. En aquellos momentos estaba más preocupado por el peligro de la expansión de Stalin en Europa. Así pues, decidió que Franco siguiera en el poder. Después de Potsdam, estaba claro que los aliados no intervendrían y que el Generalísimo se había salvado. Truman decidió congelar las decisiones de Yalta. No quería una monarquía débil en España que pudiera ser tomada por Stalin y que dejaría a Centroeuropa en medio de una tenaza comunista.

 

 

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