Tres ideas-fuerza

3

 

ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO.

La expresión idea-fuerza está muy divulgada en la literatura periodística. Como casi nadie ha estudiado el origen y la esencia de ese concepto filosófico, casi todos creen que se trata de una mera adjetivación que atribuye a una idea específica la cualidad de ser central o importante para el discurso lógico que la sostiene, o para la acción práctica que la supone.

Ese no es su significado. El sentido de idea-fuerza no equivale al que pueden tener las ideas con fuerza, dentro de cualquier proposición teórica o práctica.

La potencia encerrada en la noción de idea-fuerza es una novedad del pensamiento, creada a finales del siglo XIX por A. J. E. Fouillée. Esto no quiere decir que lo así sintetizado no hubiera constituido antes el fundamento de concepciones del mundo, como las de Platón, Descartes, Kant, Adam Smith, Hegel y Marx; de teorías de la acción humana, como la praxiología de Von Mises; o de teorías de la acción política, como la de libertad-igualdad en la Revolución Francesa y la del doble poder en la consigna revolucionaria de Lenin.

Las ideas-fuerza son formas mentales o de conciencia que no solo tienen fuerza externa incorporada, sino que ellas mismas constituyen una fuerza de comunicabilidad social, en virtud de su especial intensidad y la unión de la razonabilidad ideal con la energía de la moralidad. En palabras de Fouillée: “la revelación interior de una energía y de su punto de aplicación, de una potencia y de una resistencia”, capaz de erigir una ética y una acción, donde la idea-fuerza, vinculada al primado de la conciencia de sí, es capaz de crear y jerarquizar valores objetivos.

Las ideas-fuerza dejaron de interesar al pensamiento europeo cuando, agotadas las que nacieron con las revoluciones de la libertad y la igualdad, se crearon los Estados de Partido para impedir que de la sociedad civil pudiera surgir la idea-fuerza de la democracia representativa. No es por azar que, sin muro de Berlin, se difunda la noción de pensamiento débil.

Y tampoco es un azar que ahora, ante el espectacular hundimiento de los Estados de Partidos en la corrupción, como el de la Unión Europea en la inoperancia del mercantilismo, surja la nueva idea de la República Constitucional, que ningún país europeo tiene ni ha tenido, como único modo político de devolver a la sociedad civil la conciencia de sí misma, y la de su potencia para controlar el Estado, a través de la sociedad política que ella cree, y a ella represente en las instituciones estatales.

La teoría pura de esta República, ideal y realizable, ha sido elaborada, y difundida al mismo tiempo, desde esta plataforma reservada a la libertad de pensamiento, mediante la síntesis armónica de tres ideas-fuerza: unidad nacional, sistema electoral representativo de los electores y separación radical, en origen y ejercicio, de los tres poderes clásicos del Estado.

No hay necesidad de volver a describir la particularidad de estas tres ideas-fuerza, puesto que todos mis lectores las conocen. Lo que ahora me importa es señalar donde radica o está la fuerza intrínseca, la potencia lógica y psicológica, de estas tres ideas fundantes de la democracia representativa.

Aparte de por lealtad a nuestra historia común, la unidad de España es una condición requerida para que todos los españoles participen por igual en la libertad política, que es colectiva y, por ello, territorialmente indivisible. De otro lado, ningún sistema proporcional de elecciones puede ser representativo de los electores, de ahí la necesidad de adoptar el sistema de mayoría absoluta, para no caer en la paradoja de Arrow y dar a la sociedad civil el control de la sociedad política. Por fin, la separación de poderes estatales solo la puede garantizar el sistema de gobierno Presidencialista, con una sola Asamblea legislativa.

Son tres ideas-fuerza porque no hay conciencia moral ni capacidad mental que, sin mala fe o sin estar inmersas en la corrupción, puedan negarlas o rechazarlas, una vez que se las descubran desde el exterior, o se revele, en el interior del corazón o la mente, la energía irresistible que comportan.

Creative Commons License

Este trabajo de Antonio García-Trevijano está protegido bajo licencia Atribución Creative Commons-NonCommercial-NoDerivs 4.0 Internacional Los permisos mas allá del ámbito de esta licencia pueden estar disponibles en https://www.diariorc.com/aviso-legal/

3
Dejar una respuesta

Por favor regístrese o Conecta para comentar
3 Hilos de comentarios
0 Respuestas a hilos
0 Seguidores
 
Comentario con mas reacciones
Hilo mas comentado
2 Autores de comentarios
ciudadanoJuan B Comentaristas mas recientes
  Suscripción  
mas nuevo mas antiguo mas votado
Notificar de
Juan B
Juan B

Todos hemos sido adoctrinados en el materialismo mecanicista, que no es sino ciencia-ficción, por eso esta frase puede resultar estraña hasta para un monista materialista pero esta de acduerdo con lo que usted desvela.
“Las fuerzas que obstaculizan el camino de la verdad y la felicidad son las fuerzas de la
naturaleza inferior mental, vital y física. Detrás de ellas se encuentran los
poderes adversos de los mundos mental, vital y físico sutil. Tan sólo a partir
del momento en que la mente y el corazón hayan logrado adoptar una orientación
unidireccional y se hayan concentrado en una aspiración exclusiva hacia el
Divino se podrá luchar con éxito contra estos poderes adversos.”
Gracias por su trabajo

Juan B
Juan B

Mejor no ponga el anterior comentario: es suficiente para mi que lo lea Don Antonio. Gracias

ciudadano
ciudadano

Tenga a bien considerar estas tres ideas-fuerza:
1º En un marco regulatorio, tan complejo, es difícil que un ciudadano sea capaz de encontrar a un representante, que se ajuste a sus necesidades, en una campaña se pueden tocar X número de temas, pero en el resto se le está dando una carta en blanco, que puede salir muy cara.
2º En sociedades tan especializadas como las actuales, no puede existir un representante que conozca la realidad, de los distintos ámbitos de esa sociedad, con lo cual nunca habrá un representante que lo haga bien, pues siempre estará falto de información. La información la manejan los ciudadanos.
3º La única forma en que los ciudadanos pueden defenderse de leyes que van contra sus intereses, por las presiones que reciben los representantes, es pudiéndolas vetar, convirtiendo al representante, en un servidor del ciudadano, fin último de la política, si de democracia estamos hablando.