LA CORONA NECESITA SER ARROPADA POR LOS PARTIDOS

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Hans Cristian Andersen escribió en 1837 un cuento titulado “El traje nuevo del Emperador”. Mucho antes, don Juan Manuel escribió en el siglo XIV “El Conde Lucanor”, cuyo capítulo 32 se titula “De lo que conoció a un rey con los burladores (pícaros) que hicieron el paño”. Escojamos este último por ser menos conocido en el resumen de la Universitat Oberta de Catalunya:

 

Tres pícaros engañaron a un rey diciéndole que sabían tejer una tela maravillosa, que sólo podía verla aquél que verdaderamente fuera hijo de su padre. El rey quiso conocer el linaje de sus cortesanos, codicioso de confiscar la herencia de los ilegítimos, y ofreció oro y todo lo necesario para que los pícaros confeccionaran la “maravillosa” tela, durante la realización de la cual, debía encerrarse en su palacio. Pararon sus telares los pícaros y, al cabo de unos días, uno de ellos salió para informar al rey cómo estaban haciendo el paño. El rey, para comprobarlo, envió a su camarero, el cual, sin ver la tela, informó al rey que la había visto. Y así hicieron otros criados y cortesanos que envió a los falsos tejedores. Al final, acude él mismo y, al no ver nada, piensa que puede perder el reino si se descubre que no es hijo legítimo del anterior rey, de modo que continúa la farsa diciendo a todos que la tela es preciosa. Y nadie se atrevía a decir que no la veía. Un día de una gran celebración, el rey decide vestirse la tela, sus criados hacen como que lo visten y sale a la calle desnudo (menos mal que era verano). Nadie se atreve a decírselo hasta que se cruza con un hombre de color muy pobre que no tiene nada que perder si le dicen que no es hijo de su padre y descubre el engaño al monarca: el Rey está desnudo. Otros dijeron lo mismo y el monarca se percató del engaño. Pero ya es demasiado tarde: los tres pícaros se han marchado con el oro del rey”.

 

La prensa ha titulado que el Príncipe Felipe será “arropado” en la final de la Copa del Rey de fútbol por dos dirigentes del PP, la vicepresidenta Santamaría y el ministro Wert, cuando se produzca la monumental pitada del público al himno nacional que todos esperan. ¿Acaso el Príncipe está desnudo como el Rey del cuento para que sea necesario que lo arropen?

 

Trevijano dijo en los informativos de Radio Libertad Constituyente que los abucheos no iran contra el Príncipe “que aún no ha hecho nada propio” sino contra la Monarquía. En lugar de ser ella la que proporciona autoridad moral al Gobierno, es la que recibe la autoridad de un partido que la protege, cubre y arropa”.

 

 

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Lorenzo Jiménez Guerrero

Creo que este episodio no se está situando en el plano de su realidad, ni de su consistencia interna, ni de la realidad objetiva.
Es más, la mayoría de las opiniones (que no análisis) se ejercen sobre espacios subjetivos que sólo responden a los deseos del opinador de turno, personaje endógeno y narcicista, por otra parte. Que sólo responde a sus pulsiones del subconsciente, en un ejercicio de neurosis evidente.

La opinión queda asilada en el plano de los deseos, y por tanto de las frustraciones, de ahí la emulsión de una neurosis escandalosa.
Muchos desean ver en la pitada un acto de desafección y desprecio a la monarquía, pero no pueden o no quieren ver que no va contra la infecta institución. No, ¡QUE MÁS QUISIERA UN SERVIDOR!