La huelga en el sector de la Educación que tuvo lugar en España fue enjuiciada en los informativos de Radio Libertad Constituyente, donde se dilucidó su resultado, ya que el resto de los medios de comunicación españoles dividieron sus opiniones entre el éxito o el fracaso, según su ideología política. Para esta emisora, la huelga ha tenido un seguimiento muy importante sobre todo en Aragón, Asturias y Murcia, aunque el balance de su repercusión en toda España no ha logrado desestabilizar al Gobierno de Mariano Rajoy. El resultado está a distancia de la demagogia sindical que lo sitúa en el 80%, pero también muy lejos de la manipulación del Ejecutivo que la rebaja al 20%

 

Para Antonio García Trevijano, sin embargo, el debate educativo no debe enmarañarse con las cifras sino centrarse en valores. El recorte de 3000 millones de euros no influirá para nada en la calidad de la enseñanza, pues se va a centrar en los sueldos de los profesores “y es imposible que la calidad empeore aún más de lo que está”. Por ello cambio de óptica para juzgar la reforma educativa, “pues la Educación no necesita una reforma, sino una revolución, ya que estamos a la cola del mundo en una materia en la que Finlandia ocupa un lugar privilegiado por la importancia que allí tiene la preparación y selección de los maestros”.

 

El cambio de nombre indicará el cambio de contenido: instruir en lugar de educar. El Ministerio de Educación debe denominarse de Instrucción Pública, como en los tiempos de Silvela. Eso debe trasladar a la sociedad española la idea de que la Educación comienza en la infancia desde la familia, para después pasar a los maestros. Trevijano recordó las históricas reformas de Jules Ferry en Francia y su célebre carta de 1888 a los maestros franceses dignificando la importancia de su función. “España necesita maestros idealistas, dignos y bien retribuidos. Es la primera figura que hay que rehabilitar y cuidar, dotándola de autoridad y prestigio ante la primera infancia”.

 

Los alumnos de las escuelas pasarían así mejor formados a los institutos y colegios, donde serían preparados para su ingreso en la Universidad. Entonces los maestros se sustituyen por profesores, porque formarán a los estudiantes para ejercer sus respectivas profesiones. Ahí debe primar el estudio especializado y equilibrar la ciencia y la teoría con la experiencia, la gran carencia de la universidad española. La base de la preparación debe ser sólida, con aprendizaje severo del idioma español y de las Humanidades, porque se están formando “analfabetos espirituales que hasta han hecho desaparecer la figura del médico humanista”.

 

En cuanto a los alumnos de Derecho o Ciencias Políticas, recomendó que no asistieran a las clases de los profesores que perpetúan las falsas ideas de que en España existe división de poderes, democracia y representación política, ni adquieran los manuales que así lo enseñan: “tienen que rebelarse y dejar aislados a los profesores cínicos que se limitan a reproducir las mentiras del régimen”.

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