Onda expansiva garzonita

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La condena a Baltasar Garzón por prevaricar violentando el derecho a la defensa ha retratado al mundo de la Justicia. Y esa foto fija coloca a cada uno en su sitio. Algunos suspirarán aliviados porque llega cuando ya han dejado sus responsabilidades. Otros, sin embargo, deben obrar en consonancia con sus propios actos y con la postura adoptada ante los graves hechos ahora sentenciados.

Entre los primeros está el Fiscal General del Estado anterior, Sr. Conde Pumpido quien en uso de su posición de superior jerárquico de un Ministerio Público regido por el principio de subordinación abogó insistente y persistentemente por el sobreseimiento del procedimiento fijando así su posición procesal hasta el final. Las razones de tal actitud fueron tan espurias como la propia intervención ACTIVA de la fiscalía en las escuchas ilícitas, como la pendencia en sede garzonita de asuntos de tan grave repercusión para sus jefes políticos como el chivatazo por cargos político-policiales a miembros del aparato de extorsión de la organización terrorista ETA (Caso Faisán). Las mismas razones justifican la actuación de la Policía Judicial y sus jefes en este asunto, compareciendo como testigos de parte para la defensa de Garzón. Explicar el papel del cuerpo policial que ejecuta las escuchas solamente en el principio de obediencia debida es una simplificación. Sin embargo al Comisario General de la Policía Judicial responsable, D. José Antonio González, también le llega la sentencia a toro pasado. Y es que, desde luego, algunos pueden dar las gracias al relevo político de quienes les nombraron en el cargo y a quienes rendían pleitesía y servicio procesal o policial. De lo contrario su dimisión o subsidiario cese debería ser inmediato.

En el segundo grupo, los que deberían desaparecer del mapa de la Justicia por vergüenza torera, están sin duda el Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid y el Presidente del Consejo General de la Abogacía Española. Su postura durante el proceso y a la vista de los hechos declarados probados en la sentencia que condena a Garzón es absolutamente inaceptable en quienes se erigen como máximos representantes de la profesión encargada de hacer valer procesalmente el sacrosanto derecho a la defensa. El Sr. Hernández-Gil y el Sr. Carnicer, debían haber dimitido nada más conocerse la Sentencia. El primero como obligado a dar amparo al letrado de esa Corporación sujeto de la agresión garzonita en el ejercicio de su función y el segundo como supremo representante de la profesión. La personación de ambas instituciones como acusación es tan incomprensible como inexcusable, y la dimisión de sus máximos responsables debe ser automática. Nada arregla que ahora el Sr. Decano se ponga a favor de viento para mostrar su satisfacción ante la condena cuando no solo pudo, sino que debió personarse en legal forma como parte acusadora.

La explicación de su inhibición dejando a letrados y justiciables a los pies del caballo de mechón blanco es también política. El carácter de administración corporativa de los colegios profesionales y muy particularmente el de abogados, dependiente económicamente de las provisiones de la administración en asuntos tan jugosos como son la Justicia Gratuita y Turno de Oficio, le obligan a ponerse de lado ante el poder político que los sustenta y de espaldas a sus propios colegiados.

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J.Martin (J.Sánchez)
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Hola a todos. Me ha gustado bastante el artículo de hoy, además que me hace gracia la inquina con la que se trata al Sr. Garzón.

Y si me permite el autor de la entrada, el Sr. Pedro M. Gonzalez, le querría hacer unas preguntas, ¿usted cree que el posicionamiento del Colegio de Abogados y el Consejo General de la Abogacía no se debería de haber hecho? ¿que razones son las correctas para mantenerse al margen de este asunto, la independencia por ejemplo? ¿Esta de acuerdo con el actual sistema de sufragación de la Justicia Gratuita y del Turno de Oficio? ¿Cambiaría algo sobre esto?

Gracias y reciban un saludo cordial.

Jose Luis Escobar Arroyo

Duele tener qeu enterarte de los fallos del sistema educativo por organismos internacionales y no por las organizaciones de docentes.

Los sindicatos docentes, han hecho un daño asombroso.

Y eso que hay profesores excelentes y vocacionales, precisamente éstos están apartados, en el ostracismo

Jose Luis Escobar Arroyo

Perdón me confundí de artículo.

Aquí vale lo mismo para los abogados. En vez de sindicatos docentes, leed colegios de abogados. Les veo protestando por el retraso en el pago del Estado, pero nada mas.

No nos hemos enterado por organismos internacionales de la situación de la justicia, porque no nos han evaluado.

Por cierto, me invitaron a dar una conferencia en un congreso de abogados del arco mediterraneo, sobre delitos económicos. Decliné la oferta, porque me daba verguenza tener que exponer con pruebas documentales y la propia experiencia, que la justicia Marroquí, por ejemplo, en asuntos económicos es mucho mas efectiva que la nuestra, enjuiciando el mismo delito con ramificaciones en España y en Marruecos.

A veces te confundes de materia a comentar y cuesta ver la diferencia.

Jose Luis Escobar Arroyo

Querido Pedro: En un programa de televisión, un representante del Colegio de Abogados de Madrid argumentó que el colegio no se inmiscuyó en el proceso contra Garzón, porque se verían COMPROMETIDOS POLITICAMENTE.

Lo pongo en mayusculas porque soy abogado, me siento ofendido y me da verguenza mi oficio. El ejercicio de la abogacía se ha degenerado y nuestros representantes lo certifican.

Osea que el Colegio de Abogados de Madrid (Ilustre se titula el colegio y al Presidente Excelentísimo) no protege el derecho a la defensa, porque eso es meterse en política.

Obedecen la sonsigna de Franco: “haga como yo y no se meta en política”. Imagino que pronunciaría estas palabras Paco, limpiándose los dedos de gotitas de tinta, tras firmar alguna condena a muerte.

Los abogados estamos inmersos en un lodazal y por lo visto somos alérgicos al jabón.

No es el colegio Pedro: somos todos los abogados. De lo contrario estos estarían en su casa con verguenza de salir a la calle. Pero estarán hasta el último día de su mandato, o hasta que quiera Dios, como Paco, que murió en la cama.

¿Que hemos hecho los abogados?

Carlos Prada

Aunque es un tema verdaderamente doloroso para los abogados, reconforta ver que entre ellos existe gente como vosotros con suficiente honestidad para hacer autocrítica y alejamiento del corporativismo facilón.

Gracias por ello