Leía un articulo de un Magistrado de la Asociación “Jueces para la Democracia” en el que mencionaba que los políticos españoles estaban “secuestrados por los mercados financieros”, llegándo a definir el régimen español como “partidocracia” para terminar afirmando “la democracia está en peligro”.

Desde esta Acrópolis política en que estamos organizándonos los Repúblicos para traer la Democracia a España, desde esta ciudad Alta donde el lenguaje se utiliza con propiedad y la Verdad Política circula con fluidez, las reflexiones del citado Magistrado, al que se le considera lo más avanzado de la progresía, tienen un” je ne sais quoi” de pueril, una encantadora candidez que consiste en seguir pensando que la partidocracia es la consecuencia de un mal funcionamiento de la democracia.

En primer lugar, los políticos españoles no están secuestrados por los mercados financieros, no hay secuestro alguno en la connivencia voluntaria y planificada, en la complicidad sistemática, en la colaboración necesaria. En el acuerdo secreto y oculto. No hay secuestro alguno porque la partidocracia es el régimen necesario para los poderes fácticos para impedir los riesgos del ejercício de la Libertad Política para los planes de la oligarquía económica, para que no se vean alterados gane quien gane, gobierne quien gobierne.

De un dictador único a unos pocos dictadores, de un partido único a unos pocos partidos, en realidad estos nuevos dictadores han convertido a los antiguos en simples aprendices del crimen, artesanos, a gran distancia de los productores industriales de muerte. Lo que no se les perdonaba, lo que les hizo inservibles a la oligarquía es la mezcla de códigos, la resistencia a practicar el eufemismo, a bañar los términos en un “principe de delicatessen” que convierte a un acto de afirmación del Tyrannus en una “fiesta de la democracia”.

En esta partidocracia la organización de la servidumbre ha llegado a tal grado de refinamiento que las mismas víctimas acuden voluntariamente a las oficinas de reclutamiento, que reciben el bizarro nombre de “colegio electoral”, en unos casos y “Empresas de Trabajo Temporal” en otros. Cierto que hojas impresas por millones y pantallas omnipresentes les recuerdan de continuo las palabras que deben emplear y las consignas que están obligadas a repetir.

En segundo lugar la Democracia no está en peligro porque no ha llegado, la partidocracia se lo impide. No existe separación de poderes, ni elección de los representantes, ni del Jefe de Gobierno. No hay posibilidad de revocar a los diputados por parte de sus cuerpos electorales, sólo una élite de Jefes de Partido que controla ilegítimamente los Poderes del Estado, aplican las directrices de la Oligarquía económica, impide la libertad política y engañan conscientemente al pueblo haciéndoles creer que estamos en Democracia cuando son simples refrendadores de decisiones de otros.

Quizá los listados de la partidocracia que se atreven a llamarse “representantes” si estén no tanto secuestrados, pero sí descaradamente teledirigidos por sus Jefes. Ellos, unos insuficientes sociales dócilmente resignados a un empleo monótono claramente ineficaz, aferrados a las segregaciones de mil inútiles comisiones como un cangrejo a una concha prestada, ¿cómo van a entender la increíble audacia de unos repúblicos empeñados en desobedecer, productos fallidos de la acariciadora disciplina, que hacen oídos sordos a las ordenes de la partidocracia?

Fotografía de Cesar GP

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