Desde Varsovia

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Cuando observo el mapa físico del este de Europa, a veces recuerdo aquellas clases de geografía en el colegio, donde aprendía y recitaba de carrerilla ríos y cordilleras, países y capitales, sin imaginar que por aquellas llanuras y que en aquellas ciudades sobrevivían personas subyugadas por regímenes totalitarios que apretaban los dientes soñando con una libertad jamás disfrutada .   Algunos de aquellos países hoy se han fragmentado como resultado de guerras, como Yugoslavia, mientras otros se han dividido de manera pacífica como Checoslovaquia, o han pasado de ser una República Popular de corte comunista a ser Repúblicas a secas como es el caso de Polonia, a través de difíciles periodos transitorios no exentos de sobresaltos y convulsiones. De manera paralela, en occidente, otros han realizado transiciones desde regímenes autoritarios hacia anacrónicas monarquías parlamentarias auspiciadoras de oligarquías de partidos (España).   Entre España y Polonia se establecen habitualmente unas similitudes culturales en valores y religión ya descritas en el siglo XIX por hispanistas como Joachim Lelewel, y a lo largo de la historia por otros destacados autores, y hoy en día las ciencias sociales establecen paralelismos por el aporte demográfico y la extensión de sus territorios dentro de la Unión Europea.   Pero es desde el punto de vista político desde el que quisiera realizar una comparación más atrevida, y como supongo que los lectores de éste artículo serán en su mayoría españoles, quisiera que sirviese como pequeña introducción histórica la mención del estatuto legal polaco establecido por la nobleza feudal en 1505 y llamado nihil novi , término general que abrevia la frase latina nihil novi nisi commune consensu cuya traducción es ¨no hay nada de nuevo sin el consenso de todos¨ y que también se conoce como ¨nada de nosotros sin nosotros¨ . El nihil novi fue un triunfo importante de la nobleza polaca (szlachta) sobre los reyes. Este acto, que fue llamado de "constitución" en Polonia, prohibió al rey aprobar nuevas leyes sin el consentimiento de los representantes de la szlachta (El Sejm o cámara baja y el Senado), con algunas excepciones.   Es desde este punto desde el que quisiera trazar un símil teatral si se me permite, salvando la distancia cronológica y geográfica, con el actual sistema de oligarquía de partidos imperante en España. En el símil que propongo los partidos políticos subvencionados por el Estado junto a los  sindicatos  estatales  representarían  los roles de aquella nobleza feudal polaca en esta teatral democracia contemporánea española, en la que sin contar con el acuerdo ni la participación de los ciudadanos, consintieron (consensuaron) el paso de una dictadura a una monarquía parlamentaria y el otorgamiento de una constitución redactada por un grupo de personas que pueden contarse con los dedos de una mano, y no por unas Cortes Constituyentes. En el vodevil democrático español, agravado por una profunda crisis económica, se vive hoy el nihil novi, donde nada hay nuevo sin el consenso de toda la casta político-financiera que con un poder omnímodo que permea prácticamente a todas las instituciones, impide la necesaria separación de poderes por su lealtad al jefe de partido, y sin separación de poderes es imposible hablar de una democracia verdadera. Y es gracias a la obra y al incombustible tesón de Don Antonio García-Trevijano Forte que sabemos que donde hay consenso, no hay libertad.   Fuera ya del símil teatral, cabe decir que ambos países han transitado de regímenes totalitarios devenidos en autoritarios, a lo que hoy se entiende en Occidente como democracias en forma de sistemas multipartidistas, y que tanto en Polonia como en España se utiliza la Ley de Hondt como fórmula electoral que busca la proporcionalidad. En estos sistemas se reconocen las libertades civiles, pero la densa sombra oligárquica de los partidos dificulta cuando no impide totalmente la separación de poderes.   En Polonia también hubo una transición, materializada a través de las conversaciones de la Mesa Redonda entre 1988 y 1989 donde fue firmado el acuerdo que establecía las elecciones parcialmente libres a la Cámara de los Diputados, ya que el régimen comunista a traves de su partido estatal PZPR tenía asegurados el 65% de los escaños, y totalmente libres al Senado.   En Polonia, tal como en España es popular la creencia de que Juan Carlos I fue el catalizador o facilitador de una transición pacífica, y es sabido que en Polonia el ¨conductor¨ del paso del comunismo al libre mercado del capitalismo con un papel estabilizador fue el Papa Juan Pablo II, que templaba todas las tendencias extremas, tanto de la derecha como de la izquierda, y cuyo fallecimiento en 2005 desestabilizó de nuevo a la nación, puesto que los hermanos gemelos Kaczynski, establecidos en el poder a través de su partido de derecha radical ¨Ley y Justicia¨, acusaron a las más importantes figuras políticas y sociales incluyendo a Lech Wa??sa de haber sido agentes de las antiguas fuerzas de seguridad comunistas.   Para terminar, quisiera decir que si se profundiza en los sistemas políticos de los demás países europeos que hoy conforman la Unión Europea, quizá haciendo algunas salvedades, se encontrarán similares problemas básicos que impedirán decir de la mayoría de ellos que disfrutan de verdaderas democracias, por lo que pienso que los principios del MCRC pueden hacerse extensivos a las demás naciones de nuestro entorno, y en los que merece la pena que los repúblicos difundamos la Teoría Pura de la República en la medida de lo posible, pero siempre con los principios y valores que nos informan, y con la misma lealtad y afecto que si estuvieramos en España.

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