La rebelión de los Tories

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La pasada cumbre del G20 que tuvo lugar en Cannes será recordada por la frase del presidente Obama en la que admitió que había hecho “un curso acelerado de política basura”. El primer ministro británico David Cameron, que había asegurado que ni un solo penique del contribuyente británico se emplearía en sostener el euro, sin embargo aseguró que aumentaría la contribución británica al FMI de cinco mil a cuarenta mil millones de libras para ayudar al sostener la zona Euro. Ante este cambio de rumbo del Premier británico, el mismo que prometió someter a referéndum la decisión sobre la permanencia del Reino Unido en la UE si era elegido Primer Ministro, 81 de sus compañeros del partido conservador han dicho basta, “enough is enough”: con la mayor normalidad del mundo, en plena sesión en la cámara de los comunes, se acercaron al portavoz de la cámara y presentaron una moción para pedir la realización de ese referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Este hecho que podría parecer ciencia ficción en cualquiera de las partidocracias continentales, aquí en Inglaterra forma parte de la normalidad política. El funcionamiento del sistema electoral mayoritario por distritos uninominales impide la imposición de las disciplinas de partido. Tanto es así que incluso 19 diputados del partido de la oposición votaron a favor de la propuesta. ¿Alguien se imagina que diputados del PP y del PSOE voten a favor de una moción en contra de las órdenes del jefe del gobierno?   En los descansos de la sesión parlamentaria los corrillos en el palacio de Westminster eran un hervidero de rumores. La prensa entrevistaba a algunos de los valientes diputados que osaban enfrentarse a su líder con ácidas preguntas. ¿No sabe usted que esto puede tener serias consecuencias en su carrera? – “¡Con todas las quejas que tengo de mis electores en mi distrito, si no votase a favor del referéndum mi carrera política no duraría más allá de la próxima elección!” respondía sin ningún rubor su señoría. La votación no consiguió la mayoría de la cámara y el referéndum fue denegado. Los promotores de la moción carecían de los apoyos suficientes y el señor Cameron respiraba tranquilo: “cuando vemos que la casa de nuestro vecino arde no podemos huir, ya que nuestro deber es ayudarle, para evitar que el fuego se propague hasta alcanzar la nuestra”.   Pero los ciudadanos británicos pueden estar orgullosos de su sistema electoral, ya que permite a cada elector conocer quién es su representante en el parlamento y participar directamente para expresar su queja, y llegado el caso conseguir la destitución del representante (recall) cuando su opinión en un tema esencial se opone a la opinión mayoritaria de los electores.

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