Tras la celebración del debate presidencial que postula a Rajoy como virtual acreedor del título de Presidente del próximo Gobierno, ayer se celebró el debate a cinco bandas de partidos estatales. Acudieron los señores Gallardón (PP), Jáuregui (PSOE), Macías (CiU), Erkoreka (PNV) y Llamazares (IU), este último por gracia especial de la Junta Electoral Central que hizo valer el criterio del número de votos sobre el número de escaños en detrimento de ERC. La ausencia de solemnidad delataba la intrascendencia del encuentro, estando ya vendido todo el pescado en el debate entre Rajoy y Rubalcaba. El compadreo entre miembros de la clase política quedó patente cada vez que se interpelaban, tuteándose, por sus nombres propios: Ramón, Josu, Gaspar, Pere, señor Gallardón. No estaban presentes en el estudio, aunque sí pudieron participar mediante intervenciones grabadas, los representantes de los partidos del grupo mixto: UPyD, BNG y Nacionalistas Canarios.   El debate tuvo la misma estructura de tres bloques que el de Rajoy y Rubalcaba. En el primer bloque sobre economía, los representantes del PP y del PSOE se limitaron a repetir y ampliar lo ya dicho por los presidenciables del lunes: Ramón (Jáuregui) siguió los pasos de Rubalcaba recordando que la solución para la economía española tendría que venir de Europa, con una política expansiva del BCE y en España debería alcanzarse un triple pacto del Gobierno con Autonomías, sindicatos y la oposición. Alberto (Ruiz Gallardón) expresó, sin titubeos y con mayor claridad que Rajoy, las medidas de austeridad necesarias para reducir el déficit presupuestario del Estado.   El representante del PNV, Josu (Erkoreka), puso el énfasis en el peso del sector industrial respecto del PIB vasco, que era once o doce puntos superior al de la industria española respecto del PIB nacional. Bien argumentado porque en esa dirección de fomentar el desarrollo industrial está uno de los caminos para el cambio de modelo productivo que tanto necesita España tras el agotamiento del motor de la construcción. Sin embargo hay que recordar que esa diferencia era ya muy superior a la actual durante el franquismo, y es debida al impulso industrializador del País Vasco realizado ya desde finales del siglo XIX por capital británico para explotar la minería de hierro (ferrocarril, siderurgia, astilleros, etc). Erkoreka acertó también en señalar la necesidad de mejorar la productividad invirtiendo eficientemente en innovación y en transferencia de tecnología aplicando conocimiento para obtener alto valor añadido.   El representante de CiU centró su discurso económico en  el comercio,  sobre  todo  en  la protección del pequeño comercio tradicional en Cataluña frente a la ola de liberalización indiscriminada del sector, por ejemplo respecto a los horarios de apertura. También se fijó en la falta de seguridad jurídica que había que remediar, por ejemplo en el tema de la energía eólica, en la que muchos propietarios catalanes habían realizado grandes inversiones amortizables a largo plazo, favorecidos por la subvención estatal, que hoy están entrampados por el cambio legislativo en el sector.   Llamazares fue directo a la política: Ni el PP ni el PSOE tienen ya poder de decisión alguno, siendo el BCE y el FMI quienes mandan realmente. Recordó a Gallardón que fue el PP el que liquidó el sector público español, cuando lo regaló a compañeros de pupitre (alusión a la privatización de Telefónica), pero no supo reprochar al PSOE la nefasta negociación de la entrada de España en la UE, que determinó la liquidación de nuestros sectores productivos primario y secundario (agricultura, pesca e industria). Y además acudió a la populista solución de decir que para reemplazar la política de ajustes y recortes había que recurrir al esfuerzo de los que más tienen.   En el segundo bloque de política social: educación, sanidad y pensiones, todos cometieron el error de hablar de políticas sociales, como si hubiera educaciones y sanidades, y todos estuvieron de acuerdo en que era imprescindible conseguir la sostenibilidad del Estado de bienestar, estableciendo la prioridad y la eficiencia del gasto público. Gallardón fue mucho más claro de lo que había sido Rajoy, diciendo que su gobierno garantizaría que no cambiaría el modelo de financiación pública de los servicios, negando expresamente el copago. Erkoreka señaló uno de los principales problemas en la educación, que es el cambio de planes de estudio con cada alternancia en el poder del PP y el PSOE. Gallardón fue el más hábil asegurando que había que llegar a un gran pacto para que la educación nunca dependiera de esa alternancia. Aunque del dicho al hecho va un gran trecho, como ya hemos visto que ha ocurrido con las pensiones y el Pacto de Toledo, que el PSOE no ha respetado.   El tercer bloque se inició con una horrorosa alusión a la paz de ETA, que todos atribuyeron a la victoria del Estado de derecho y la democracia, a la política frente a la violencia. Incluso se llegó a proponer la asignación de medallas a las víctimas, como si éstas hubieran sido luchadoras activas por la libertad, y no víctimas pasivas de la crueldad terrorista. La nota colorida la puso Llamazares cuando hizo referencia a todas las víctimas, las de ETA y las del Estado. Aunque no dejó tiempo para pensar que se refería al terrorismo de Estado de los GAL de Felipe González para aludir al terrorismo … franquista.   También fue novedad respecto al debate presidencial la alusión a la corrupción, que fue dicho que alcanzaba a las más altas instancias del Estado.   De los dos debates, el de ayer fue de una mayor altura intelectual, aunque careció de la emoción que le daba al primero lo que había en juego: el poder ejecutivo.   Por el mayor o menor énfasis natural del habla se imprime personalidad al discurso. Por eso en España es normal que según su acento particular los vascos tengan credibilidad, los andaluces y canarios sean tomados a guasa, los catalanes parece que siempre hablen cuidando su propio interés, los asturianos parece que siempre hablen con suficiencia, con holgura, y los hombres de partido generen en quien los escucha la natural desconfianza de quien habla sin saber lo que dice. De los dos vascos en el debate, Jáuregui da la impresión de mayor credibilidad o autoridad en sus palabras que Erkoreka. No por el contenido de su discurso sino por su posición de partido de Estado frente a la relativa y aparente inferioridad debida a la regionalidad del PNV.   De los dos nacionalistas, CiU y PNV, el catalán dijo que lo que era bueno para Cataluña era bueno para España, y viceversa. Y el vasco fue más radical y se mostró partidario de mejorar Euskadi y de más independencia del Gobierno Vasco; más autogobierno. De los dos socialistas, el vasco Jáuregui demostró el miércoles ser mucho mejor orador que el presidenciable Rubalcaba el lunes en el debate presidencial, sobrevalorado por la opinión publicada respecto a su inteligencia.   De los dos representantes del PP, Gallardón dejó KO con mayor contundencia a Jáuregui que Rajoy a Rubalcaba. Además demostró mayor listeza que todos los demás, reservándose el último turno de palabra. Merece el aprobado.   De todos los participantes el que habló con mayor propiedad fue Llamazares que ya no desconoce como sus antecesores al frente de IU (PCE), Anguita y Carrillo, que vivimos en un Estado de Partidos. Aunque después de mencionarlo quiso disimularlo llamándolo “democracia de partidos”. Suspende pero queda cerca del aprobado.   Y para ocultar la ausencia de democracia, han inventado un nuevo término: “democracia de calidad”, se supone que en contraposición a lo que ya tendríamos que sería una “democracia de cantidad”.  

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