Elegimos no votar

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La agitación electoral ya inunda las sedes partidistas. Con las listas ya rematadas, los mandamases de los partidos (oligarquía) se afanan en dar forma al privilegio de elegir ellos; a los electores solo nos dejan votar. Son las facilidades de la partidocracia. Los que volando, entran en pérdida, y el alabeo y la derrota les desvían de la pista donde les gustaría tomar tierra, no encuentran pasajeros si no les pertrechan de paracaídas, y esos están caros, muy caros, después de perder tantos ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas no hay para todos.   Para los otros, al contrario, el problema son los descartes, aquellos que quieren volar junto a ellos, junto a la partidocracia, aunque sea en la bodega de equipajes. Pues lo que se decide el 20-N no es un cambio sustancial en la política, sino qué partido tendrá a su disposición miles de empleos a cargo del dinero público con los que obsequiar a conmilitones, parientes y amigos. Vamos a salir de esta, claman los altoparlantes partidistas, mientras en los medios públicos cronometran el reparto de espacios y contenidos entre partidos por décimas de segundo. Es la igualdad de oportunidades para los que se la niegan a todos los demás.   La inmersión electoral ya está en marcha para captar, capturar, atrapar, secuestrar la atención de todos los votantes; nadie se puede escapar, todo el mundo tiene que cumplir con “la obligación cívica” de ir a votar. Pero que no descubra el personal que votar no es obligación, sino derecho, pues lo mismo no van a votar y se abstienen. Así que una vela a San Pancracio y otra a Santa Rita, por si acaso los abstencionistas consiguen alcanzar la notoriedad necesaria para que la deslegitimación del régimen sea evidente.   Todos vamos a ser tan felices después de poner el voto en la urna, nos lo aseguran una y mil veces, que no cabremos de gozo en nuestra raída camisa; la crisis no perdona ni a los ropajes. Pero al día siguiente y al otro, y después de ese otro día también, no busquemos al mago de la chistera, pues también él era ilusión, farsa, ficción. Se apuntaron los votos en su haber, que es lo único que querían de nosotros. A ellos les vale con la apariencia de democracia y necesitan los votos, para que se mantenga la apariencia, para sostener el engaño de que esto es democracia.   Sólo la Libertad Política nos permite elegir entre candidatos, y deponer a los truhanes que se corrompan o sean desleales al mandato. Por eso cada día somos más los que elegimos no votar.

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