Miércoles 18-M (foto: Julio Albarrán) Indignación de la ignorancia Si necesariamente hemos de reducir todo para comprender algo, el problema actual de España, el origen de su permanente e insoportable malestar económico, cultural y político, hay que buscarlo en el cambio operado con la transición de la dictadura permanente de un solo partido estatal a la dictadura transitoria de dos partidos estatales. La invariante ha sido la ausencia de toda posibilidad de control del Poder, con Franco o con la Monarquía de Juan Carlos. La variante ha consistido en sustituir la represión de los nacionalismos periféricos por su incorporación al Estado, para tener garantizada siempre, con ellos, la mayoría absoluta gobernante. Si Tocqueville creyó ver en la Revolución Francesa la continuación del proceso de centralización estatal, iniciado por Luis XVI y culminado por Napoleón, mucho más evidente y menos discutible es que la Monarquía de Partidos, mediante la hegemonía de la socialdemocracia compartida por todos los partidos estatales, ha rematado la faena de suprimir cualquier atisbo de sociedad política intermedia entre la Sociedad Civil y el Estado.   Quien no comprenda esto no sabe absolutamente nada de lo que está sucediendo ahora con las manifestaciones y acampadas de numerosos súbditos del Estado que no quieren llegar a ser ciudadanos, por absoluta ignorancia de la cuestión primordial que les concierne: la representación política. No hay en los indignados de imitación una sola voz de la sociedad civil, una sola consigna que expresa la absoluta falsedad de las elecciones por el sistema de listas. Cerradas o abiertas no cambia nada. Ninguna es representativa del elector ni de la sociedad. Todo el que vota a un partido estatal, grande o pequeño, está votando a un órgano del Estado para que se represente a sí mismo en el juego de las facciones estatales. Todo el que vota a listas de facciones del Estado no se ha desprendido de su impregnación franquista, aunque ahora solo tenga 18 años. Fuera de la abstención no hay sitio para el honor, la decencia, el decoro, la dignidad. ¡Indignados que quieren votar la indignidad!   Entre un millón de posibilidades no hay una sola que autorice a creer que el MCRC pueda encaminar a estos inconscientes indignados, ignorantes de la causa de su indignación, hacia la revolución de la libertad política y la puesta en pie de la sociedad civil. A quien no le repugne votar una lista estatal sobre la que no tiene la menor posibilidad de control, a quien no le indigne ser representado legalmente, sin mandato voluntario revocable, como a menores o incapacitados, no se le puede enseñar el camino de la libertad política. Nuestro prestigio y nuestra influencia aumentarán si no somos compañeros de los fracasos de la ignorancia manipulada.

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