El imperativo de la reducción del agujero de las cuentas públicas españolas afecta de lleno a las comunidades autónomas, por lo que el Jefe del Ejecutivo, en su proceso de acatamiento de las órdenes exteriores, no ha tenido más remedio que proclamar su decisión de limitar el déficit de las autonomías. Pero que nadie se llame a engaño: no se trata, dice Zapatero, de “adelgazar el Estado autonómico” recuperando competencias desde el centro del poder, sino de “aumentar su coordinación” corrigiendo duplicidades y armonizando la legislación comercial.   Según Zapatero, no se puede poner en tela de juicio un Estado autonómico que está indisolublemente ligado a la prosperidad que ha alcanzado España durante los últimos decenios, y que además ha permitido asegurar los derechos sociales y la calidad de los servicios públicos. Desde la otra bandería estatal, y a pesar de las admoniciones de Aznar “España no puede competir ni en Europa ni el mundo con unas comunidades aspirando a convertirse en miniestados”, Rajoy considera también que “cuestionar el diseño actual de las autonomías es hoy un disparate” puesto que “han servido para reconocer la pluralidad de España y los hechos diferenciales de algunas comunidades” y han demostrado su eficacia. A las puertas de una victoria electoral con la que la clientela del Partido Popular coparía presidencias y cargos adyacentes, Rajoy no duda en señalar que el Estado de las autonomías es “patrimonio de todos”.   En la revista impulsada por Alfonso Guerra, “Temas para el Debate”, el economista Manuel Muela aboga en su artículo “Una salida política a la crisis española” por la constitución inmediata de un gobierno de emergencia nacional, es decir, una grossekoalition entre los dos grandes partidos estatales, cuya primera medida sea la suspensión de las autonomías para dar paso a una “revisión constitucional” que “permita recuperar para el poder central la mayoría de las competencias transferidas”. El revisionista Muela advierte que las comunidades autónomas se han convertido en “contrapoderes estatales con vicios agudos de clientelismo” pero deja intacta la fuente de la corrupción, la pleonexia (“el hambre de más y todavía más”) partidocrática, la voluntad de poder incontrolado.

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