Poder, dinero, saber y Occidente

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Three heptagonal suns (foto: justmakeit) Poder, dinero, saber y Occidente   Para Aluma; -de paradójico corazón   Pensar; reflexionar sobre las posibilidades de la racionalidad occidental no es novedad. No es novedad, tal vez en su caso sea de interés, volver sobre el Weber de Modernidad y Racionalidad. Obra que se considera aún hoy central en lo relativo a la reflexión sobre la eventual construcción de un discurso racional en el ámbito de las disciplinas científico–intelectuales de vocación social. Los límites de la razón y las posibilidades de una era post-religiosa son algunos de los asuntos centrales en la obra. Y en nuestro país, España, Reyes Mate ha traído –en el marco de la Filosofía académica- a debate esta cuestión fundamental para la problemática del tiempo de nuestras vidas.   Siguiendo la exposición de este imponente investigador, vemos que la racionalidad occidental viene descomponiéndose, por desdibujo de la razón carismática -armonizadora del proyecto ilustrado-dieciochesco y “conforme a fines”- en una suerte de puja entre racionalidades particulares (las propias del poder, del dinero, y del saber). Aquella racionalidad moderna, nos dice Reyes Mate, tenía unas bases ciertamente endebles, y dependía tanto del horizonte común como de la evolución de las lógicas particulares relacionadas con cada uno de los ámbitos de despliegue de lo racional–ilustrado.   El horizonte común dejó de existir, generando entonces un déficit de racionalidad que percibimos en asuntos tales como la política, la economía o el conocimiento. En estos ámbitos se hace evidente el modo en el que una re–definición de los marcos de referencia para esfuerzos de despliegue racional anteriores, ha terminado por dejar en evidente fuera de juego a modelos interpretativos de la realidad cuya premisa en cuanto a marcos tenía que ver con el Estado Nación, con modelos económicos marcadamente nacionales, y con sistemas formativos fuera –en general- de estas mismas consideraciones. Más allá, y junto al proceso hasta aquí descrito, sigue Reyes Mate, se produce un exceso de racionalidad en ámbitos particulares que lleva a la colonización de unas disciplinas –perspectivas– racionalidades parciales, por otras.   Es ante esa quiebra de la Modernidad que, de un modo u otro, se plantean problemas importantes que nos sitúan ya frente a la vuelta de los Dioses, ya frente la no resignación al final del proyecto Moderno, ya nos sitúan ante un abierto y violento irracionalismo. En Economía, por ejemplo y de modo más concreto, las posibilidades de los Dioses son de hecho escasas y la reflexión sobre el proyecto moderno no llega tampoco muy lejos. Consecuentemente, autores de planteamientos irracionalistas han tenido aquí relevancia e impacto en los ámbitos del poder, del dinero y aún del saber. El resultado final, ha impuesto una pérdida de autoridad de los mismos economistas y de las élites político–económicas precisamente por lo descabellado de buena parte de sus propuestas desde un discurso endeble y al margen de la realidad–mundo. Un discurso irracionalista, el apuntado, acogido en lo económico; con entusiasmo por los medios de masas y por su público, en un proceso que desde la década de 1990 a esta parte pone ante nuestros ojos consecuencias bien conocidas.   Una deseable búsqueda en relación con la eventual recuperación de las posibilidades de lo racional en el discurso de buena parte de las disciplinas científico–intelectuales de vocación social, exige la consideración de una serie de elementos básicos y que suponen por otra parte un esfuerzo significativo. Esto es asunto relevante, debido a que de un modo cierto podemos hoy decir que uno de los aspectos centrales de la crisis que afrontamos en Occidente es de carácter científico–intelectual.   Entre los elementos básicos a considerar se encuentran las fuentes éticas o morales de nuestro pensar, la orientación a fines de nuestros esfuerzos, el análisis de los marcos de referencia cara a la elaboración del discurso científico–intelectual; y la asunción de los límites en cuanto a las posibilidades de diseño y evolución de nuestras propuestas e instituciones. Una síntesis de este tipo, desde luego, asume la re–consideración de la forma en la que entendemos la generación de nuestro capital humano y su posición y posibilidades cognitivas en relación con lo histórico.

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