Marx en el haber de Habermas

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Habermas y Marx Marx en el haber de Habermas El establecimiento del fondo de rescate común para salvar al euro, realizado el pasado 8 de mayo en Bruselas, ha sido presentado, varios días después, por Jürgen Habermas (el filósofo actual más importante de Alemania) como un nuevo y gran logro democrático de la Unión al conseguir que la Comisión represente a toda Europa por primera vez en la Historia. Así opina Habermas en su artículo En el euro se decide el destino de la UE y, en un sentido análogo, así opinan los medios de comunicación; pero, en realidad, ¿no ha conseguido Alemania, simplemente, la imposición de sus intereses a toda Europa olvidando los principios de la democracia?   Alemania es, precisamente, el Estado más poderoso económicamente de la Unión e interesa salvar su moneda -aunque sea a costa de la disminución de la calidad de vida en la mayoría de los europeos. Ahora queda claro, por el contrario, que el Estado de partidos teutón gobierna al resto de los partidos europeos que se encuentran en los respectivos gobiernos nacionales, quizás con la única excepción de los partidos ingleses, y, a través de esos partidos estatalizados, a todos los europeos.   La Comisión representará ahora a toda la UE al suscribir los créditos, sí, pero a una Unión dominada por los partidos, y sus jefes, que servilmente obedecen, a su vez, a una oligarquía predominantemente financiera y que no tiene en cuenta las repercusiones sociales colaterales de sus “apuestas en el gran casino financiero global”. El logro del que se felicita Habermas no es tal porque la Comisión sigue sin ser elegida por la mayoría de los ciudadanos europeos en unas elecciones al efecto. El instrumento de comunidad, al que, con entusiasmo, hace referencia Habermas como una creación surgida de la crisis del euro no transforma gran cosa de las bases económicas ni políticas de la Unión Europea. En primer lugar porque el papel del Banco Central se ha reforzado de tal forma que llega incluso hasta vulnerar el Tratado de la Unión y fiscalizar, posiblemente, las Leyes de Presupuesto de los Estados miembros, y, en segundo lugar, porque la participación del electorado y su representación en las instituciones de gobierno europeo es mínima, por no decir nula. Habermas cree que se ha producido un cambio de paradigma en la política de partidos de Europa porque desde la noche a la mañana del 8 de mayo todos los europeos, como contribuyentes que son en la zona euro, avalan en forma solidaria (¿contra quién y contra qué moneda?) los peligros y riesgos presupuestarios del resto de los Estados miembros. Es una ilusión de la acción comunicativa. Los ciudadanos europeos no han tomado conciencia de lo que es una democracia ni de la necesaria separación de poderes en la unión, tan sólo se disminuye la calidad de vida a un número mayor de ciudadanos europeos para salvar los intereses, ligados al euro, de determinados negocios financieros. Sin embargo Habermas piensa que una política económica común es legítima si son medidas normativas que coordinen los presupuestos de los Estados miembros. Ello supone para él un cambio de paradigma porque aprovechando la crisis del euro la UE puede dotarse de una política económica común o gobierno económico común, al igual que en la política exterior. Toda Europa –piensa Habermas- se ha hecho consciente, por encima de las fronteras nacionales, de que comparten un destino europeo común.   Habermas es consciente del déficit democrático de la Unión y, sin embargo, lo cifra, sorprendentemente, tan sólo en aspectos materiales: en la ausencia de elecciones europeas con temas totalmente europeos y en la falta de una labor pedagógica ofensiva de ilustración europeísta a la opinión pública. Ahora bien, el déficit democrático es total por la triple ausencia de la S.E.R, es decir, de la Separación de poderes, Elección directa y por mayoría de un Gobierno Europeo, y la Representatividad del poder legislativo donde estuvieran representados todos los electores europeos. Son aspectos formales de un régimen político en el que existiría la libertad política. Habermas se olvida de ellos cuando es perfectamente consciente de la necesaria coordinación de los miembros de la Unión o la renuncia al euro. Confunde la Unión Europea con el establecimiento de la Democracia Europea.   Habermas se percata, muy marxistamente, de que el capitalismo (el “asilvestrado capitalismo financiero”) ya no puede reproducirse por sus propias fuerzas, pero no de la necesidad de una República Constitucional Europea.

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