Fail safe (foto: austerlitz 7) Las facturas Es un hecho que los treinta y cinco años de Monarquía de partidos han supuesto la ruina de los trabajadores. Durante este tiempo, y según la categoría profesional y la antigüedad, el poder adquisitivo de los salarios reales de los españoles ha disminuido entre una tercera parte y la mitad. En un sistema representativo, hubiera sido previsible la radicalización de las posturas y el aumento de la conflictividad social. Pero, ¡nada de ello!; y, aparentemente, en lo que respecta a la parte pública y visible, los asalariados se han tomado su forzado y forzoso empobrecimiento con un inusitado estoicismo. Más aún, la terrible crisis económica que padecemos ha terminado siendo percibida como algo que nos ha caído del “más allá”; y los sufridos trabajadores españoles debemos comenzar a interiorizar que la solución pasa por disminuir los costes laborales de las empresas.   La ciencia del materialismo histórico quiebra espectacularmente al analizar la situación española. Ello, a menos que se esté dispuesto a admitir que los asalariados no puedan ser los responsables conscientes, ni siquiera indirectos, de su propia ruina; o que vivan en un ambiente tal que estuvieran incapacitados para percibirlo, por resultar imposible encajar las propias condiciones vitales en las públicas representaciones colectivas, monopolio de los partidos estatales; o, más contundentemente, ambas cosas a la vez.   Efectivamente, el sistema proporcional hace que los diputados no representen el interés de los votantes de las listas. Y los partidos políticos que las confeccionan han demostrado una mera fachada ideológica, que termina en huera lucha propagandística, para distraer al personal ocultando el verdadero fondo al que nos remiten sus acciones sustanciales: salvaguardar el lucro de una minoría. Es una pena que en España no haya marxistas de verdad, pues, si así fuera, estarían frente al Estado de partidos, y no en partidos que pretenden colocarse en el Estado para dar así solvencia a las constantes facturas que éste endosa a los de siempre; y que, por cierto nadie parece reparar en ello, son la inmensa mayoría.

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