A esta hora se estima que la participación en las elecciones locales en UK no supera el 30% y para las elecciones europeas es del 20%. Los británicos castigan así, con la abstención ciudadana, a una clase política que les ha metido en la peor crisis económica de los últimos sesenta años, y al mismo tiempo se ha corrompido utilizando el dinero de los contribuyentes para satisfacer deseos pequeño burgueses en medio de una alarmante pérdida de empleo y de riqueza nacional.   World Economic Forum A pesar de todo, es en los dos países anglosajones, EE.UU y UK, donde únicamente se ha abierto la oportunidad dorada de caminar hacia la democracia. Si comparamos la reacción de esos países con la adormidera ibérica nos daremos cuenta de que a falta de unos medios comprometidos con el ciudadano, la sociedad española o deja de participar en las elecciones, o será pasto eterno de la rapiña de los corruptos más aventajados. Al final todos perdemos, porque el que sacrifica la fraternidad ciudadana en el altar de la explotación y el engaño, se mata a sí mismo con el filo invisible de la nada social.   En EE.UU la crisis económica no desencadenó una crisis constitucional, pero la elección de Obama, mérito constitucional de la separación de poderes, permitió apostar por retomar la senda de las libertades civiles y la responsabilidad política, cercenadas durante la era Bush. En UK, se ha cuestionado la forma de organización política del país, desde la “house of lords” de la que fueron expedientados dos lords por prácticas fraudulentas con los lobbies hasta el sistema electoral. En este último apartado, David Cameron, lider de los conservadores, propuso habilitar la deposición de los representantes que habían sido delatados por la prensa leal al ciudadano.   Con la deslegitimación de la clase política británica tras estas elecciones, la tormenta política no tendrá fin sin una reforma que someta a los políticos a un todavía más estrecho marcaje ciudadano. La posibilidad de ejercer la deposición del representante cuando su distrito electoral lo requiera es la oportunidad dorada que los ingleses no deben dejar escapar para caminar hacia la democracia. En España, con un panorama de corrupción institucional y crisis económica todavía más aterrador, seguimos atándonos las cadenas al cuello con el peso de las urnas. Dejémolas desiertas.

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