Charlie Chaplin Política desde dentro -Te equivocas, fue en la Atenas de Clístenes. Los ciudadanos eran nombrados para el Consejo por sorteo, sí, pero se instituyó un examen ético previo a la incorporación al puesto. Y lo que menos importaba descubrir durante el interrogatorio eran las aptitudes políticas y militares, o el saber, del candidato: si había cometido delitos, si se portaba bien con sus hijos y esposa, si tenía deudas… eso era lo esencial. Tarde o temprano la Historia será valorada de la misma forma y entonces -miró hacia el cielo que comenzaba a oscurecer- todos ellos tendrán su merecido.   Se levantó y, lentamente, llegó hasta la ventana mientras su compañero lo veía empinar un poco el gesto para avistar bien la calle y observar. Sí, ahí estaban. Aunque no podía oír bien, pues la ceremonia se celebraba a unos buenos doscientos metros, los gestos forzadamente amables y la escenografía acartonada le recordó el espíritu, el aliento de las naciones, el Volksgeist… todavía debían de utilizarlo. Todavía conseguían engañar al pueblo mediante mitos capaces de trasladar mágicamente el poder desde donde se administra hasta donde se padece.   – Míralos. Ayer bombardearon una ciudad y hoy se felicitan unos a otros por abanderar la decencia mundial. El resto aplaude y se congratula por permanecer torticeramente informado, inculto. Intercambian éxito por aceptación, dignidad por tribu. Entregan en sacrificio la individualidad trascendente. Estúpidos, estúpidos, la revolución no sólo altera el poder social establecido, su principal misión es sacudir el peso del tiempo. Son más férreas las cadenas de la rutina, la tradición y el engranaje de la Historia, con su selección ética y genética, que mil Estados con sus dictadores.   Llamaron a la puerta y anunciaron la cena. Se quedó muy quieto y deseó íntima y fervientemente que, como él, su compañero, que continuaba tumbado, renunciara a comer aquella noche. La conversación que mantenían era demasiado importante, el otro tenía que sentirlo también. Agarró con ambas manos los barrotes y esperó.

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