Me gustaría responder a un artículo de D. Juan Hernández Bravo de Laguna, Catedrático de Ciencia Política de la Universidad de La Laguna, titulado 'Trágicos y tétricos estratos', (Diario de Avisos, domingo 18 de enero de 2009).   Estoy de acuerdo con el Sr. Bravo de Laguna en que ninguno de los dos bandos que condujeron a la guerra civil, era democrático. Voy más allá, la II República era un régimen liberal (representativo de la sociedad civil), pero no era democrático (no había separación de poderes).   Donde pienso que se resquebraja la argumentación del Sr. Bravo, es al tildar de 'ejemplar' a nuestra Transición política. De la misma manera que la democracia fue, como usted bien dice, la gran derrotada antes de comenzar nuestra contienda civil, cuando murió el dictador, el pacto entre herederos y opositores al franquismo dejó, como en la II República, excluidos a los demócratas. Con la 'Santa Transición', se repetía la Historia, se reeditaba el error; porque lo que tenemos en España, Sr. Bravo de Laguna, no es democracia, ni nada que se le parezca. El pueblo sigue sin elegir en unas listas creadas por las cúpulas partidistas. Podría repetirse la frase setenta y pico años después: "¡No es esto!, ¡no es esto!".   Como decía, el pacto del consenso traiciona, por definición, esa palabra tan manida y a la vez desconocida por la mayoría de españoles: Democracia. Esta taumatúrgica palabra, sigue secuestrada lejos de Parlamentos y Diputaciones, esperando -de nuevo-, su oportunidad. Junto a ella estamos los leales, los que sí sabemos y comprendemos a la perfección su significado; nos sentimos herederos de otras generaciones ya traicionadas. Somos los demócratas, Sr. Bravo, los que siempre nos quedábamos fuera, los que aborrecemos la partitocracia y denunciamos la corrupción. Esta vez, estamos aquí para impedir que la impostura apague el potente faro de la libertad política. Guiaremos a nuestros conciudadanos hacia un lugar en el que usted y otros muchos presumen habitar desde hace años, y en realidad, no han pisado en la vida. Es el lugar en el que nosotros siempre hemos estado, nunca lo abandonamos, pase lo que pase. Generación tras generación y… continuamos ahí, enquistados, esperando las condiciones ideales para que brote con fuerza el árbol de la democracia; con sus raíces, que no pueden ser otras que las de la libertad. Huelo a humedad y azahar.   Juan H. Bravo de Laguna

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