Amigos

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Bombay (foto: Óscar) Amigos A Rafael Serrano La libertad que fortalece el pensamiento, que viste el comportamiento, que permite encontrar la verdad en todos los rostros, que prohíbe la soledad espiritual, que trasciende la Filosofía, la Poesía, la Ciencia y la Religión; la libertad que tanto puede, no es grata. En el universo de los hombres, que es ontológicamente libre, la libertad es difícil de soportar. Asusta a los esclavos reaccionarios que la sienten como una halitosis de la voluntad, amedrenta a los esclavos liberales que la creen un valor negativo individual, espanta a los esclavos libertarios que la consideran un arma de la justicia. Todos ellos son crueles, acomodaticios y groseros. La libertad aleja a las beldades sumisas y acerca a los complejos belicosos; la libertad, ahora que los humanos son enanos, es repugnante. Sólo los drogadictos y los viejos chamanes saben cuánto asquea tener que tomar a todas horas el amargo trago del conocimiento. Ni Sócrates habría soportado viajar todos los días a Eleusis.   La libertad que, entregándonos a los demás, nos enfrenta constantemente a nosotros mismos, necesita la compensación de los sentimientos calientes que alegran su estela vulgar. Porque la libertad es vulgar como un domingo en movimiento. Vulgar sin rutina, porque hila todas las piezas de la existencia cotidiana. Vulgar porque gozaría igualmente sin las disquisiciones de los pensadores y sin la guía de los moralistas, vulgar porque entretiene a la propia vida como una representación teatral. No corresponde a nadie, ni puede retenerse, ni conservarse tal como fue; es vulgar como el tiempo.   Por eso necesita iluminarse además de con sus propios frutos (la creación), con la presencia amiga. Y la intimidad de un hombre libre es una creación de fe y belleza; lo he visto en el amigo. Si el tacto de los libres está desnutrido, las almas que se vinculan –y lo saben- en esta situación, se apretarán como pájaros en vuelo de niebla llegada, sintiendo el fin de la otra ala en el viento. Conocerán la amistad como los hombres del campo piensan la tormenta. Y pensando, pensando a mi amigo, vuelvo a ser libre como si remara.

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