Edificio de la SEC (foto: technotheory) Otra vez el miedo a la inseguridad económica ha determinado la decisión del Gobierno Federal de los Estados Unidos de América de intervenir en la economía de un mercado muy desarrollado. En este caso la intervención ha sido llevada a cabo por el Gobierno de George Bush, caracterizado por sus políticas conservadoras, tachado en muchos casos de estar influenciado por “lobbys” neoliberales, el que va a efectuar la mayor intervención económica desde la Depresión de 1929. No quieren que se repitan los acontecimientos de aquel año y el extremismo político que siguió, ni que dure mucho tiempo la incertidumbre de la vuelta al equilibrio del mercado, ni esperar a que éste expulse a las instituciones que han concedido créditos con pocas garantías infringiendo la clásica regla de invertir solamente con el ahorro a largo plazo. Muchas instituciones financieras quisieron que otros intermediarios compartiesen sus inversiones arriesgadas; y éstos, ilusionados por la alta rentabilidad, llenaron sus balances de “bonos-basura”. Así que el Presidente, de acuerdo con el Secretario del Tesoro, el presidente de la Reserva Federal (FED) y el dirigente de la Comisión de Valores (SEC) decide pedir al Congreso una autorización para que el Tesoro pueda comprar hasta 700.000 millones de dólares de estos activos hipotecarios contaminados en manos de los bancos y prohibir la actividad especulativa a más de 800 operadores de bolsa. Pero la Cámara de Representantes, uno de los pilares del Poder Legislativo, se la niega. Volverá a intentarlo con anuncios apocalípticos y es seguro que ambos poderes logren ponerse de acuerdo, pero la retirada de esta “basura” repercutirá en el empleo, en la confianza del dólar y de los bonos USA y dará ideas para que la cola de suspensiones de pagos aumente. Al final los contribuyentes pagarán los platos rotos de este banquete financiero (esta autorización es solamente uno de los platos). "Una vez más el viejo Leviatán se convierte en el monstruo protector de los intereses privados y (…) todos corren, dominados por el pánico de la inseguridad económica, al refugio del Estado…" (Antonio García-Trevijano).

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