Dialogar con Batasuna

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La tarea de preparar la futura conquista de la libertad no permite dejar en suspenso la percepción crítica del presente. El correcto análisis de lo que está sucediendo, con la miope visión del Gobierno y la oposición, es un elemento primordial para la orientación de este movimiento ciudadano. Pues la unidad nacional es condición “sine qua non” de la libertad política.

El debate sobre el Estado de la Nación, o sea, sobre el Estado de España, ha sido sustituido por una infantil refriega de “autobombos” (como si se opositara a una cátedra universitaria), sobre el Estado de los Partidos constituyentes de la partitocracia monárquica. Cualquier tribunal objetivo calificaría a los dos candidatos de tramposos, por eludir el tema de ETA, y los suspendería sin misericordia por su incompetencia, compartida en anteriores consensos, sobre inmigración y seguridad ciudadana.

El tema del diálogo con Batasuna revela cual es la verdadera causa de la angustia existencial de España bajo este Estado de Partidos. Rajoy pone pies contra pared y rompe la baraja del juego con Zapatero. Su pretexto formal, la imposibilidad jurídica de dialogar con una organización ilegal, parece sincero pero no lo es. Pues admite que el Gobierno dialogue con ETA, una organización que, por lo visto, sí le parece legal. La causa real de esta disputa, sin sentido político, es otra cuestión puramente partidista, que los partidos y los medios de comunicación ocultan maliciosamente.

El PNV aceptó no intervenir en la negociación del Gobierno con ETA, por la promesa de Zapatero de excluir como interlocutor a Batasuna, para no dignificar al partido ilegal que le quitaría al nacionalismo burgués los votos de la izquierda abertzale, en un escenario sin violencia. Este pacto contó con la aprobación, comprensible por demás, del partido representativo del nacionalismo español. El asunto Batasuna fue sacrificado a la negociación directa del Estado con el terror separatista, porque era decisivo para que la derecha vasca y la española lograran la hegemonía política en un clima electoral sin terrorismo. El enfoque del final de ETA se subordinó a una pura estrategia electoralista de la derecha y la izquierda convencionales.

El iluso Zapatero tardó en darse cuenta de su error. El interlocutor viable, sin demasiada estridencia, no era la banda armada, sino su representante político, Batasuna. La rectificación del gobierno no solo se lleva por delante la independencia judicial, sino la posibilidad de que el PP, y tal vez el PNV, apoyen su nueva estrategia partidista. El PSV está tan interesado como Batasuna y ETA en acabar con la hegemonía del PNV. Zapatero no cumple lo prometido por inconsciencia: tratar con ETA y no con Batasuna.

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