Holocausto, solo burocracia. Terrorismo, comprensible

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Poco antes de Navidad, saltaron a los medios unas declaraciones del líder de Podemos, que las fiestas han hecho olvidar, pero que no pueden ser pasadas por alto por su gravedad y trascendencia. Para D. Pablo Iglesias, lo expresado en el título del artículo es la consideración moral y política que le merecen estas dos manifestaciones extremas del MAL. Algo tan monstruoso que ningún líder político en Occidente lo compartiría, y sin embargo nada menos que cinco millones de españoles han votado a un político que defiende tesis tan repugnantes —totalitarias, antisemitas, anticristianas y guerracivilistas— que habría sido excluido del juego político en todo el mundo civilizado.

Afirma Antonio García Trevijano, el mas importante pensador político español de todo el siglo XX, que “la historia de la humanidad, desde el punto de vista moral, había ascendido con altibajos desde la Prehistoria hasta Hitler, quien con su decisión de exterminar fría y científicamente a todo un pueblo, demostró que cualquier sociedad, por culta que sea, puede retroceder a la barbarie más absoluta. El Holocausto es la prueba de ello”. Sin embargo, para Iglesias, el Holocausto fue solo “un mero problema burocrático”, y en el colmo de la aberración añade que “no hay tanta diferencia entre los policías que detienen emigrantes en nuestras metrópolis y los guardias de las SS [en los campos de exterminio]”. ¿Hay alguien decente en el mundo capaz de suscribir estas palabras?

Para Trevijano, “un político que banalice el exterminio genocida de todo un pueblo, como ha hecho Pablo Iglesias, sería excluido inmediatamente de todo círculo humano en cualquier rincón de la tierra”. Además, Iglesias sostiene también que “el derecho no es mas que la voluntad racionalizada de los vencedores”, frase que encierra un grado de perversión moral sencillamente inaudito, ya que el derecho es lo que nos separa del desorden moral y de la barbarie social. Y lo ilustra con un ejemplo: “Mi abuelo, que presidió un tribunal militar durante nuestra Guerra Civil, lo vivió en sus carnes cuando fue condenado a muerte por un tribunal franquista”.

Con la mendacidad que le caracteriza, Iglesias oculta que su abuelo no fue condenado por presidir un tribunal militar, sino por participar en sacas de civiles en Madrid y en particular de un paisano suyo de Villafranca de los Barros en Extremadura, el marques de San Fernando, a quien identificó y sacó de su casa y que fue asesinado poco después. Y lo que tampoco dice es que la pena de muerte le fue conmutada por la de 30 años, que salió en libertad a los cinco años, y se colocó en un puesto relevante en la Administración franquista. ¿Cuántas sentencias de muerte no conmutadas pronunció el tribunal de su abuelo?

Y en la misma línea está su reiterada negativa no solo a condenar el terrorismo islámico sino a encontrar razones para el mismo. “No es hora de venganzas”, afirmó después de un sonado atentado, es decir, no se debe perseguir y juzgar a los asesinos. En la misma línea, se negó a suscribir el pacto antiyihadista, o cuando el Congreso en pleno se levantó para aplaudir y homenajear a la víctimas de ETA, toda la bancada de Podemos no solamente permaneció sentada, es que además se mofó de ello. En el último atentado en Berlín, habló de “acontecimientos en Europa”, sin emplear la palabra ‘atentado’ o ‘yihadismo’, algo que haría estallar de indignación a las redes sociales.

Una opción política antidemocrática e intolerante

Antonio García Trevijano, que ha analizado su escrito en profundidad, lo califica de “batiburrillo de presunción y de ignorancia, pues es obvio que no ha leído y menos entendido ni a uno solo de los autores que cita, las referencias que hace de ellos están fuera de contexto para significar lo contrario de la intencionalidad de los mismos”. Ignorancia presuntuosa, totalitarismo y sectarismo sin límite son las grandes señas de identidad de Iglesias, como cuando equipara sin más “la política criminal del Estado de Israel” con el horror de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki.

No es de extrañar que el presidente de la Federación de Comunidades Judías en España, Isaac Querub, haya exigido a Pablo Iglesias a través de una carta abierta que aclare su posición actual sobre el Holocausto. Para la federación, “resulta totalmente desconcertante que Iglesias afirme que la instrumentación legislativa y burocrática pueda convertir a un ser humano en el ejecutor del peor crimen de la historia”, “sus afirmaciones son aberrantes e impropias de un representante de la soberanía popular de los españoles comprometido con la democracia y los derechos humanos”.

Y continúa, “frente al Holocausto, a la incitación al odio y a la lucha contra el antisemitismo no cabe la ambivalencia intelectual ni los razonamientos peregrinos”. Un escrito que al representar el sentir de toda una comunidad, habría sido contestado de inmediato por cualquier político occidental, pero que Iglesias ni se ha molestado en responder, añadiendo así un desprecio inaudito por el pueblo judío y el Holocausto. ¿Habría reaccionado así a un escrito de la comunidad musulmana?, jamás, se hubiera arrodillado, besado el suelo y pedido perdón.

Iglesias, que ha recibido 2,4 millones de euros a través de varias sociedades instrumentales con sede en Dubái para financiar Podemos, del régimen teocrático iraní, que ahorca a los homosexuales, esclaviza a las mujeres y que ha jurado borrar del mapa al Estado de Israel, ha creado un programa para la televisión de este país con el nombre de ‘Fuerte Apache’, violentamente antijudío, radicalmente opuesto a los principios fundamentales de la civilización europea, propugnando la implantación de una dictadura chavista venezolana en España.

Hay que pensar que cinco millones de votantes españoles no pueden tener los mismos sentimientos antihumanos, anticatólicos, antijudíos y guerracivilistas de Pablo Iglesias. Lo votan porque ha tenido la habilidad, propulsado por La Sexta y ‘Público’, de presentarse ante la opinión como la espada flamígera contra la oligarquía de partidos que ha convertido España desde la Transición en un escándalo de despilfarro, nepotismo, ineficiencia y corrupción, y prometiéndoles el paraíso en la tierra, como Chaves y Maduro ( sus referentes políticos) a los venezolanos, a los que solo han llevado a la miseria y al hambre.

Nicolás Maduro, en un acto del Gobierno venezolano. (EFE)

‘Understanding Podemos’

Comprender a Podemos‘ es el título de un extenso artículo de Pablo Iglesias publicado en junio de 2015 en una revista izquierdista británica, donde expone su estrategia para tomar el poder y no abandonarlo. El escrito está dividido en tres partes, en la primera ‘describe’ con una ignorancia pavorosa la ‘historia de Europa’ desde la revolución bolchevique hasta la derrota de la izquierda. “Nuestro punto de partida es el reconocimiento de la derrota de la izquierda en el siglo XX, pero se trata de un realismo intransigente, que rechaza cualquier tipo de complacencia o de acuerdo con el sistema gobernante”.

Sus alternativas son los regímenes de Bolivia, Ecuador y Venezuela. “Nuestro pensamiento se basa en una serie de experiencias políticas de la ‘década ganada’ en Latinoamérica, que nos ha dado las herramientas para interpretar la realidad de la crisis española (sic) en el contexto de la Europa periférica”, “experiencias que en condiciones de severa crisis política y económica, permitieron formaciones populares y progresistas, consiguieron victorias electorales que transformaron en proyectos de recuperación de soberanía”. Una recuperación de soberanía que choca frontalmente con su apoyo al separatismo y la destrucción de la nación mas antigua de Europa, lo que sus referentes políticos bolivarianos no tolerarían jamás.

Y una política económica —que pretende imponer en España— igual a la de estos países, donde se ha pasado una “severa crisis económica”, el hundimiento más absoluto llevando a sus pueblos a la miseria y al hambre, que carecen de los bienes y servicios más básicos. Y todo ello engañando a los ciudadanos con promesas económicas disparatadas, como ha hecho en Grecia su amigo Txipras, que ha bajado pensiones, cobertura del paro y salarios públicos a niveles de miseria, justo lo contrario a lo que prometió.

En la segunda parte, describe su pintoresca visión de la ‘realidad’ político-económica española, y dedica un apartado completo a describir la importancia de la televisión —en lo que tiene razón— en la conquista del poder. “La televisión influye en lo que la gente piensa —en las estructuras mentales y sus valores asociados— en un nivel de intensidad mayor que en los lugares tradicionales de construcción ideológica: familia, escuela y religión”, y detalla cómo la han utilizado con las entrevistas y los debates en su propio beneficio. Los apoyos decididos de La Sexta, ‘Público’ y otros medios, con la bendición de Rajoy y del ‘establishment’ para reducir al PSOE a la irrelevancia, han sido la clave de su éxito electoral, cuando podía haber sido cortado de raíz sin más que devolver la publicidad a TVE y boicotear los anuncios en las cadenas que le ayudan sin recato.

Finalmente, en la tercera parte afirma que el poder se conquista al asalto —el asalto a los cielos, según sus propias palabras—, repitiendo la tesis de la conquista del Estado formulada en Italia por el Duce y en España por Ramiro Ledesma Ramos en ‘La conquista del Estado‘, aunque, eso sí, en versión cutre al estilo Maduro, ya que Iglesias no les llega intelectualmente a ninguno de los dos a la suela de los zapatos. El primer paso es agrupar a todas las organizaciones izquierdistas bajo su mando, IU se ha vendido gratis y con el PSOE “nuestro objetivo es traerlo a nuestras posiciones, y bien o acepta el liderazgo de Podemos o se suicida políticamente aliándose con el PP”.

Pero lo verdaderamente aterrador es lo que se propone hacer si llega al poder. Cuando estuvo a punto de llegar a un acuerdo con Sánchez y tocaba el poder con los dedos, explicó que una de sus primeras medidas sería obligar a los jueces a jurar “fidelidad al Gobierno del cambio”. Prohibir la enseñanza privada y convertir las universidades en centros de adoctrinamiento, como viene haciendo en la Complutense de Madrid y ahora en la universidad del País Vasco de la mano de los proetarras, donde se impide por la fuerza cualquier conferencia o expresión que no sea conforme a su ideario totalitario.

Explica también con el más absoluto de los cinismos que el hecho de no entrar en debates “sobre forma de Estado, memoria histórica [vuelta al odio y al guerracivilisno], política educativa, Fuerzas Armadas, etc., no significa en absoluto que hayamos moderado nuestra posición, sino que asumimos que sin controlar la maquinaria institucional del poder, no tiene sentido focalizar la lucha en estos temas y alejarnos de la mayoría que no estaría conforme con ellos, y sin contar con esta mayoría [es decir, engañando al pueblo español sobre sus verdaderas intenciones] no es posible el acceso a la maquinaria administrativa que nos permitiría librar estas batallas en otras condiciones”, es decir, imponer sus criterios contra la voluntad mayoritaria. ¿A ver si se enteran los votantes de Podemos y sobre todo los jóvenes de como están labrando su propia ruina?

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Doctor Ingeniero de Minas. Doctor en Ciencias Económicas. Catedrático de Economía.

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